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Casi 3.000 presas para los últimos ríos vírgenes de Europa

Un documental alerta de que miles de proyectos hidroeléctricos amenazan la biodiversidad entre Albania y Bosnia-Herzegovina

  • El río Vjosa, en Albania, es el último, en todo el continente, que no cuenta con una sola de estas instalaciones ni desvíos de cauces
    El río Vjosa, en Albania, es el último, en todo el continente, que no cuenta con una sola de estas instalaciones ni desvíos de cauces

Tiempo de lectura 4 min.

07 de mayo de 2018. 19:37h

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Eva Martínez Rull 7/5/2018

La región de los Balcanes cuenta con unos 35.000 kilómetros de ríos de los que el 30% se consideran prístinos y el 80% en un estado de muy buena salud. Son los últimos ríos vírgenes del Viejo Continente, hogar del 40% de los moluscos de agua dulce y de culebras en peligro de extinción de Europa y de 69 especies de peces endémicas que sólo viven aquí. «Un regalo de ríos salvajes, cascadas transparentes, bosques fluviales vírgenes, entre otros detalles, del que ya no disfrutamos en el resto del continente y que hay que conservar», explica Ulrich Eichelmann director de la ONG Riverwatch. La ONG es responsable, junto a otras organizaciones, de la producción del documental «Blue Heart» que se acaba de estrenar en media Europa.

La pieza alerta de que el número de presas planificadas en la región de los Balcanes se ha duplicado desde 2015 hasta alcanzar la cifra actual de 3.000 proyectos de centrales hidroeléctricas (ya hay en toda la región 1.003 presas y desvíos de cauces y 188 ya se están construyendo). De hecho uno de ellos, el Vjosa (Albania), es el último río europeo libre de estas infraestructuras. Ahora hasta 38 centrales hidroeléctricas están planificadas a lo largo de sus 270 km. Las organizaciones locales denuncian que si todas estas infraestructuras se construyen pondrán en peligro 69 especies endémicas de peces, entre ellos el salmón del Danubio o al lince de los Balcanes, un tipo de felino protegido por programas de conservación en estas regiones. «El último informe sobre especies de peces destaca que 113 especies en peligro encuentran hábitat en los ríos entre Eslovenia y Grecia, más que en cualquier otra región de Europa. El experto Steven Weiss, de la Universidad de Graz y sus coautores también evaluaron las consecuencias para la fauna si las centrales hidroeléctricas proyectadas en los Balcanes fueran construidas. El resultado es alarmante: 11 tipos de peces se extinguirían globalmente y otras 38 especies estarían más cerca del borde de la extinción», explica Eichelmann.

El documental es parte de la campaña para salvar el «corazón azul de Europa» en la que participa la marca de ropa de montaña Patagonia (conocidos por su activismo en contra de las presas), que se ha querido unir a las ONG locales de Bosnia-Herzegovina, Albania y Macedonia para presionar a los bancos que van a financiar con 700 millones de euros la construcción de estas instalaciones. «En 2014 lanzamos la película ‘‘DamNation’’ que contaba la historia del creciente movimiento social en contra de las centrales hidroeléctricas. Fue en ese contexto cuando entramos en contacto con esta campaña de ‘‘Blue Heart’’», explica Ryan Gellert, director general de la marca

Sin estudio sobre impacto

El informe de la red de ONGs Bankwatch (observadores de las finanzas públicas en Europa del este y central) afirma que una tercera parte de las presas y desvíos de cauces se han planificado dentro de áreas protegidas y sensibles, incluidos 118 parques nacionales. Para las organizaciones ambientales apostar por renovables como la fotovoltaica es menos costoso y más respetuoso con el ambiente y la mejor solución para alcanzar los objetivos europeos de llegar el menos al 27% de producción «verde» en 2030.

La clave de sus protestas están, precisamente, en que al ser presas de pequeña capacidad, sólo de 10 MW de potencia, los proyectos están por ley libres de declaración de impacto ambiental, además de que ponen en peligro la forma de vida de muchas poblaciones. «Aparte de la perdida de biodiversidad, las presas eliminan a menudo la posibilidad de que la población local construya un futuro económico sostenible. Las personas más pobres de estas zonas dependen de su ganado y sus cultivos y estos necesitan agua para sobrevivir. Por ejemplo, la gente de Bence, un pequeño pueblo en Albania, tiene miles de ovejas y cabras. Todos los días, estos animales van a las montañas de los alrededores para alimentarse de la hierba. En su camino hacia las montañas beben en el río y hacen lo mismo cuando vuelven por la tarde. Ahora, con los nuevos proyectos hidroeléctricos, el agua se desviará del río, dejando el lecho seco. Éste podría ser el final de la gente en Bence. En Bosnia-Herzegovina, la gente solía beber el agua del Sana. Ahora, la empresa austriaco-alemana Kelag ha construido una nueva presa aguas arriba de la aldea. Los locales ya no pueden beber el agua. La empresa construyó una nueva tubería con agua para el pueblo, pero no era lo suficientemente profunda. En verano, el agua en la tubería se calienta hasta los 35 grados, por lo que no es potable», continúa Eichelmann.

Por otro lado, el directivo alerta de que «la producción hidroeléctrica está subsidiada de tal manera que si el precio del kWh en el mercado es de tres céntimos, el de estas presas recibe hasta once céntimos. La diferencia la pagan los consumidores que son los mismos lugareños que están protestando por su construcción».

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