El cambio climático desbarata las rutas de migración de las aves

El calentamiento global hace que cada vez se muevan menos en invierno y se desplacen antes en primavera. La ONU alerta de que un millón de especies está peligro de desaparecer y el 14% son aves

  • Asia oriental y Australia son las áreas donde más especies de aves acuáticas se encuentran en peligro de extinción durante sus migraciones. Las tasas de disminución de las poblaciones alcanzan hasta un 8%
    Asia oriental y Australia son las áreas donde más especies de aves acuáticas se encuentran en peligro de extinción durante sus migraciones. Las tasas de disminución de las poblaciones alcanzan hasta un 8% /

    EFE

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13 de mayo de 2019. 13:25h

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Eva Martínez Rull 13/5/2019

Esta misma semana, la ONU alertaba en su informe sobre el estado de la biodiversidad de que un millón de especies están en peligro de desaparecer por el impacto del hombre en la Naturaleza; una de cada cuatro especies puede extinguirse y, entre ellas, un 14% son aves, migratorias y no, aunque las primeras «tienen problemas adicionales respecto a las residentes», afirma Borja Milá, investigador del departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Mañana se celebra el Día Mundial de las Aves Migratorias y lo hace bajo la sombra de otro estudio publicado recientemente en la revista Ecological Indicators, y coordinado por expertos en Ornitología de Finlandia, que constata que las aves europeas empiezan de media una semana antes sus migraciones primaverales a las zonas de cría respecto a hace medio siglo.

En España, la organización SEO/BirdLife lleva años estudiando la nueva realidad sedentaria de especies icónicas como la cigüeña blanca o el milano real. «Las rutas migratorias están variando; ahora son más cortas, cambian las zonas de invernada y también los tiempos de llegada y de salida. Sobre todo por el cambio climático y los cambios introducidos por el hombre en el hábitat. La agricultura está modificando sus patrones y la disponibilidad de alimentos», dice Ana Bermejo, coordinadora del proyecto Migra de SEO.

Este programa arrancó en 2011 y desde entonces ha permitido conocer los movimientos de dos o tres especies cada año. Se marcan los individuos con GPS y otros sistemas para ver cuándo empiezan y acaban los grandes desplazamientos de las aves, el tiempo que tardan, o si las rutas entre las zonas de cría e invernada son las mismas cada año. Gracias al programa se sabe que las zonas más cálidas de la Península, Levante y Andalucía, concentran gran parte de las poblaciones de aves migratorias, algunas de ellas ya de forma permanente. «Algunas especies se adaptan a ojos vista; son capaces de variar su comportamiento de forma muy rápida. Si hace menos frío, los insectos aparecen antes o están más activos durante más tiempo. Si hay comida para qué van a hacer un viaje de miles de kilómetros y arriesgarse a los peligros que ello representa», exclama Bermejo. Gracias a los vertederos en las ciudades, muchas especies ya no necesitan trasladarse hasta las costas: «Hay muchos datos sobre las gaviotas, que en los años 80 iban hasta el Atlántico a alimentarse y en los últimos 20-30 años ya no lo hacen. Por ejemplo, la gaviota cabecinegra, un ave oportunista, pasa cada vez más el invierno en Madrid», confirma Milá.

El de las gaviotas es uno de las casos más documentados, pero para casi todas las especies de migrantes las tendencias indican variaciones en su comportamiento: «El cambio climático hace que los movimientos se estén trasladando hacia el norte, tanto de las zonas de cría como de las de invernada. Por ejemplo, el chagra o el buitre de Rüpell, especies africanas, se localizan desde hace unos años en el Sur de la Península; es cierto que para ellas son sólo 50-100 km de migración, pero antes no se veían tan al norte; son especies son muy sendentarias pero ya han cruzado el estrecho para instalarse en la Península», continúa la experta de SEO/BirdLife. «Se sabe que llegan menos individuos de estornino pinto, mosquitero común, pero eso no quiere decir que haya menos, sino que no vienen. Otras aves que llegaban tradicionalmente como las grullas, el ganso común o el ánsar campestre lo hacen cada vez en menor número», dice Milá. Incluso, la grulla, está empezando a invernar en el Sur de Francia, algo que hasta hace unos años no había ocurrido nunca. «Es fundamental el estudio científico, porque faltan datos, sobre todo respecto a las consecuencias que tiene el cambio climático para las aves pequeñas», concluye el investigador del CSIC.

Tras el informe de la ONU se hace más evidente que las aves, como el resto de especies, «son parte del patrimonio natural y, por tanto hay que conservarlo», dice Bermejo. Sin embargo, también se puede recurrir a razones puramente utilitaristas para apostar por su conservación, como por ejemplo el hecho de que son grandes insectívoros y juegan un importante papel en la agricultura. Sin embargo, uno de los problemas para su conservación es que «los programas deben estar presentes en todos los lugares por los que pasan. Si en Europa se conserva pero fuera de las fronteras no, no se soluciona nada», afirma Milá. Por eso ha nacido Flyways, un proyecto de SEO/BirdLife que quiere unir los esfuerzos de Europa y África para proteger a las aves de todos los peligros que les surgen durante el camino, desde el envenenamiento al choque contra tendidos eléctricos, mientras se crean nuevas oportunidades de desarrollo económico.

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