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Halógenos: Europa se despide de las bombillas más populares tras 60 años en el mercado

Los LED se convierten en los grandes protagonistas de la iluminación eficiente; reducen entre un 50-60% la factura

  • Se calcula que los halógenos estarán disponibles todavía unos seis meses hasta que se acaba el stock de los almacenes / Dreamstime
    Se calcula que los halógenos estarán disponibles todavía unos seis meses hasta que se acaba el stock de los almacenes / Dreamstime

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03 de septiembre de 2018. 18:21h

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Eva Martínez Rull Madrid. 3/9/2018

Llevan en el mercado desde hace unos 60 años pero este fin de semana les ha llegado el momento de la despedida. Las bombillas halógenas han dejado ya oficialmente de fabricarse en Europa. Antes lo hicieron las incandescentes, las que dominaron el mercado un siglo desde que Thomas Edison diera el pistoletazo de salida a la expansión de la iluminación eléctrica con su invento. Para los que tengan halógenos en casa todavía podrán encontrarlos en las tiendas hasta que se acaben los stock de los almacenes, algo que se prevé sucederá en unos seis u ocho meses.

La causa por la que Europa ha decidido prescindir de estos tipos de luminarias se remonta a 2009 cuando en el seno de la UE se aprobó una Directiva que guiaba los pasos hacia el abandono progresivo de las lámparas menos eficientes en términos de consumo y su sustitución por modelos con mejores prestaciones, pero un uso menos intensivo de electricidad. Una forma de reducir las emisiones de CO2 a través del fomento del ahorro energético. «Las primeras bombillas en desaparecer fueron las incandescentes de 100 W y después lo hicieron las de 75 W; hace dos años lo hicieron las lámparas halógenas unidireccionales y ahora les ha tocado el turno a las bombillas de esta tecnología», explica Alfredo Bergés, presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Iluminación, Anfalum.

Los LED, o diodos emisores de luz, se convierten con esta desaparición en las protagonistas del alumbrado tanto de ciudad como de particulares. Y eso que la retirada del halógeno del mercado llega con retraso. En principio la UE había previsto su eliminación en 2016, sin embargo, la industria y las autoridades negociaron una salida algo más paulatina ya que los fabricantes alegaron que la tecnología de diodos de luz no estaba aún del todo madura para sustituir completamente a estos. Ese año se eliminaron los focos halógenos y este lo hace el resto de bombillas. Según publica «The Guardian», su desaparición evitará la emisión de más de 15 millones de toneladas de CO2 al año.

«Los LED se utilizaban desde hacía años en el mercado, por ejemplo en el cine, en la iluminación de los escalones o en otras aplicaciones que no necesitaban mucha cantidad de luz», dice Bergés. Su aparición supuso un salto tecnológico importante. En las bombillas incandescentes se hacía pasar una corriente por un filamento consiguiendo que éste emitiera una radiación. En los halógenos la situación era parecida. Las bombillas contaban con una ampolla con un gas, por donde se pasaba una corriente para producir nuevamente la radiación. Con los LED las cosas cambian y es que en ellos no hay gases contaminantes como el mercurio (motivo que empujó a la salida del mercado de las bombillas incandescentes), sino que se pasa una corriente por un cristal que contiene determinados componentes que emiten la radiación al contacto con la electricidad. «Es una radiación puntual que se pasa por una lente y esa misma lente es la encargada de distribuir la radiación por la superficie que se quiera iluminar», detalla Bergés. Fue a partir de 2010 cuando llegó la verdadera revolución de estas luminarias con la aparición de los diodos emisores de luz de potencia (en 2014 los inventores del LED azul, que ha permitido obtener luz blanca de alta intensidad, recibieron el Nobel de Física). A partir de ahí empieza a ganar espacio en el mercado porque tienen la misma capacidad para iluminar que las incandescentes, con una ventaja: «Si con una lámpara halógena se consumía 35 W para una iluminación equivalente a la bombillas de 100 W, con un LED el consumo se reducía hasta los 11 W (aunque hay que tener en cuenta que con los LED se habla de lúmenes, es decir, de la cantidad de luz emitida por la fuente en todas las direcciones.

Sus ventajas medioambientales son principalmente la ausencia de mercurio en su interior; su vida útil (frente a un halógeno que puede durar entre 3.000 y 4.000 horas), un LED tiene entre 20.000 y 30.000 horas de luz, y un menor gasto energético, que compensaría el mayor coste inicial de la bombilla. Aunque en este sentido la Organización de Consumidores y Usuarios prevé que los precios bajen ante el aumento de demanda.

La sustitución de los halógenos por diodos emisores de luz pueden suponer entre un 50-60% de ahorro en la factura de iluminación (no hay que olvidar que en las casas hay muchos aparatos eléctricos que también hacen engordar las facturas). Pero es que, además, esta luminarias permiten regular su intensidad e incorporar sensores o sistemas de control remoto, de manera que, el gasto en un proyecto de alumbrado público, por ejemplo, se podría reducir hasta un 80% con respecto a otras soluciones. «El LED acabarán cubriendo todo el espectro del mercado, con todas las innovaciones que posibilita», afirma Bergés.

Una reciente publicación de «Science Advances» enseñaba la cara menos amable de esta tecnología. La llamada contaminación lumínica a la que se deben alteraciones en los ritmos biológicos del ser humano o germinaciones prematuras de los árboles. La publicación sugiera que cada año el brillo y la superficie de la tierra alumbrada aumentan a razón de un 2,2% cada año y apuntaba como causa la introducción del LED (como sale más barato algunas ciudades las han implantado de forma masiva). Desde Anfalum recuerdan que ya existe una normativa que establece que la emisión de luz hacia el hemisferio superior no puede superar el 5%, una legislación que se respeta normalmente en los proyectos de alumbrado público, aunque «a veces hay obras que se proyectan mal. Se puede llegar a evitar por completo cualquier emisión hacia el cielo, pero si se alumbra sólo hacia el suelo hay que poner más luminarias con lo que aumentaría el consumo. Hay que llegar a un punto intermedio para que sea eficiente y la emisión hacia la atmósfera tolerable».

Hasta que la superconductividad o los estudios realizados con láser estén más maduros, se puede decir que los LED dominaran el mercado europeo. «Ahora es importante que se vigile que la legislación se cumple», dice Bergés.

RECICLADO

Las lámparas y tubos fluorescentes son de reciclaje obligatorio y tiene que ser sometidos a un tratamiento que separe el polvo de mercurio que contienen. Por eso es necesario llevarlos a los puntos de recogida o entregarlos en los puntos de venta al adquirir nuevas bombillas. Del correcto tratamiento se encargan la asociación sin ánimo de lucro Ambilamp y la fundación Ecolum. Cada año se recogen en España 22.000 toneladas de lámparas, una cantidad que serviría para llenar 45 estadios de fútbol según datos de Ambilamp. Los componentes de cada una se separan obteniendo vidrio, metal, plástico y mercurio en el caso de que las luminarias contengan este elemento, para la producción de nuevos objetos y para su aplicación en procesos industriales.

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