La “gota fría” es ya habitual en cualquier época del año

Cada vez son más frecuentes las lluvias torrenciales fuera del otoño. Ahora llueve menos días al año, pero con mucha mayor intensidad. El temporal que ha aguado la Semana Santa en Levante va a pasar a la historia como el más importante en 50 años

  • El turismo de playa será uno de los más afectados por el cambio climático. Hay que recordar que el sector representa más de un 11% del PIB | EFE
    El turismo de playa será uno de los más afectados por el cambio climático. Hay que recordar que el sector representa más de un 11% del PIB | EFE

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26 de abril de 2019. 15:57h

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Eva Martínez Rull 26/4/2019

Solo en Jávea, en 24 horas se registraron hasta 300 litros por m2. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) afirma que estas son las lluvias más abundantes en un mes de abril desde que se tienen registros. «Es un temporal sin precedentes fuera del otoño; ha sido muy intenso en lluvias y muy extenso porque ha alcanzado a toda la Comunidad Valenciana y Murcia. No podemos decir que este episodio sea consecuencia del cambio climático pero, con un Mediterráneo más cálido, es previsible que estos fenómenos sean más habituales. En general, en los últimos cinco años se observan grandes temporales fuera del otoño, encuadrados en inviernos más cálidos y secos (este ha sido el segundo más seco del siglo XXI)», explica Rubén del Campo, técnico de Aemet.

La gota fría caracteriza la región mediterránea, pero el cambio climático está modificando su aparición, además de los patrones de precipitaciones. «Este episodio confirma que en un contexto de calentamiento climático como el que estamos viviendo, las lluvias torrenciales causadas por gota fría pueden ocurrir en cualquier época del año. Lo vemos desde el 2000, los patrones de precipitación han cambiado; no está claro que llueva menos, pero sí que llueve menos días y cuando lo hace es más intenso. Además sabemos que el mar Mediterráneo se ha calentado 1,5 grados en los últimos 20 años», explica Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante y presidente de la Asociación de Geógrafos Españoles.

Un reciente informe de su equipo afirma que el calentamiento global extiende la posibilidad de que se dé gota fría durante nueve meses al año. Al cambio estacional de las lluvias y la intensificación de los chubascos se suma, por contra, un aumento de las noches tropicales con más de 20º y el calentamiento del mar en el litoral mediterráneo.

Poca agua

Estas lluvias han venido fenomenal para recuperar los embalses y mejorar la situación de déficit de precipitaciones que sufrimos este año hidrológico 2018-2019, pero estamos lejos de acabar el año con el nivel medio de precipitaciones: «Desde el inicio del año, que comienza en octubre, hasta el 16 de abril las precipitaciones había sido un 16% menos de lo normal. Sólo en esta semana se ha recuperado hasta el 10%», dice del Campo.

La propia Agencia, en su última predicción estacional, hablaba de que esta primavera (de abril a junio) existen un 40% de posibilidades de que sea más cálida y seca de lo normal. Otro reciente estudio realizado por varias organizaciones como la Universidad Politécnica de Madrid o la Universidad de Barcelona, y publicado en la revista Nature, confirma las tendencias que nos reserva el cambio climático: «Las precipitaciones estivales se verán reducidas entre un 10% y un 30% en algunas regiones. El resultado será la escasez de agua. Además, aumentarán las olas de calor y la contaminación que afecte a la salud humana y el nivel del mar pondrá en riesgo la costa». Desde 1970, el número de noches cálidas en muchas ciudades del Mediterráneo español, como Alicante, se ha triplicado, al pasar de 20 a 60-70 noches de calor intenso al año. «Incluso desde 2000 se observa un aumento de noches en las que el termómetro no baja de 25 grados», según indican los estudios de Olcina.

Sin duda, las inundaciones o el aumento del nivel del mar son dos de las caras más extremas de lo que el cambio climático trae para la costa, principal foco de recepción de turistas. En 2018, España recibió 82,8 millones de turistas extranjeros, lo que representa un 11,8% del PIB. «De entre las 50 ciudades que en 2017 tuvieron un mayor número de pernoctaciones, 45 estaban situadas en la costa y 32 en la zona mediterránea. El turismo de playa es uno de los sectores que más se verá afectado por los efectos del cambio climático», dice el «Informe diagnóstico de riesgos y oportunidades de la adaptación al cambio climático en las ciudades españolas» presentado recientemente por la organización Forética. Un estudio de 2014 del Colegio de Geólogos afirma que «las pérdidas por inundación para el periodo de 2004-2033 se estiman del orden de 25.722 millones de euros». Media anual de 857 millones.

Las medidas de adaptación resultan, por lo tanto, urgentes. Desde el Colegio recuerdan que, como establece la Ley de Suelo de 2015, los Planes Generales de Urbanismo que aprueban las comunidades autónomas y los ayuntamientos deberían tener en cuenta mapas de zonas de riesgo. Existe una cartografía de zonas inundables a nivel nacional y el Ministerio de Transición Ecológica «revisa los mapas de zonas inundables que datan de 2013», afirman desde el Miteco.

Sin embargo, «los mapas estatales sirven como base sobre la que trabajar. Cada municipio debería desarrollar sus propios mapas más detallados, a escala 1:1.000. De cualquier forma, para lo que ya hay construido, que es la mayor parte, hay que estudiar cada caso, sus ramblas, sus arroyos y diseñar infraestructuras teniendo en cuenta el caudal máximo que se haya dado antes. Hay que estudiar soluciones y combinar la acción de geólogos e ingenieros con la protección de los suelos forestales», explica Manuel Regueiro, presidente del Colegio.

Según Olcina, el mensaje para las administraciones es que las ciudades no están preparadas para estos cambios. Los alcantarillados de municipios como Jávea o Torrevieja no son suficientes, hay que redimensionarlos, además de hacer depósitos pluviales y encauzar barrancos». La clave también está en elaborar mapas exhaustivos y cambiar el criterio para la delimitación de zonas inundables, porque se han tenido en cuenta criterios estadísticos que establecen los periodos de frecuencia cada 500 años. Una metodología que vino de EE UU, donde se producían inundaciones raramente, pero que aquí no vale. «Debe complementarse con documentación histórica y análisis geomorfológicos de los cursos fluviales, que permitan delimitar con mayor precisión áreas realmente de inundación y frecuencias reales de ocurrencia». Cada 10 años caen lluvias por encima de los 300 litros en 24 horas.

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