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«Los chimpancés saben que soy la que les cura y vienen a enseñarme sus heridas»

Rebeca Atencia / Veterinaria y directora del Instituto Jane Goodall del Congo

  • Rebeca Atencia / Veterinaria y directora del Instituto Jane Goodall del Congo
    Rebeca Atencia / Veterinaria y directora del Instituto Jane Goodall del Congo

Tiempo de lectura 8 min.

29 de enero de 2018. 17:49h

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Eva Martínez Rull 29/1/2018

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Es gallega, veterinaria y llegó al Congo hace 13 años porque quería dar a los primates la libertad. El Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid le acaba de otorgar un premio por su trabajo.

-¿Cómo se llega de Galicia a la República del Congo?

-Trabajaba en zoos y centros de rescate. Siempre me han llamado la atención los chimpancés porque son como los humanos, pero iba buscando algo más, darles la libertad y el único sitio donde se hacía esto entonces era Congo. Mi idea era estar un año, pero luego conocí a Jane Goodall; vino a la selva y me ofreció trabajo.

-¿Cuál era la situación de los chimpancés cuándo llegó?

-Se vendían primates medio moribundos por la calle como si fueran discos de música. Los chimpancés se cazan por la carne y como animales de compañía. Culturalmente se considera una delicia. Matan a la madre e intentan vender el bebé como animal de compañía. Durante muchos años ocurría de forma natural porque no se aplicaba la ley que existía y que decía que era ilegal cazar un chimpancé porque es una especie protegida y en peligro de extinción.

-¿Ha mejorado la situación?

-Hace 10-12 años llegaban a nuestro centro unos 8-12 chimpancés al año. Es una cantidad muy alta, porque de cada bebé que llega pueden haber muerto unos 10-15. Ahora llega uno. A veces ninguno y la conciencia está cambiando. Ahora si preguntas a alguien qué haría si encontrase a una persona que tiene un chimpancé dice que lo denunciarían y que es ilegal.

-¿Cómo se ha logrado?

-Cuando el instituto llegó al país se trataba de rescatar. Hace 11 años se intentó cortar la raíz del problema a través de educación y de dar alternativas; intentamos buscar el equilibrio entre las comunidades cercanas a las zonas donde viven los chimpancés salvajes y que al mismo tiempo puedan buscar recursos en la selva de manera sostenible. La comida para los chimpancés se compra localmente. Más de 350 familias están dándonos productos, han aprendido a cultivar y producen más porque terminan vendiendo a la ciudad. Con eso luego pueden ir al médico, o pagar los estudios de los niños.

-¿Cómo llegan al centro?

-Con un trauma infantil; han visto matar a su propia madre, descuartizarla y ahumarla. Los cazadores las ahuman delante de sus ojos y les tiran agua ardiendo cuando gritan. Les han maltratado a lo bestia y han perdido su vínculo emocional más fuerte, que es su madre. Como los humanos, en esos años es básico tener a su madre, que les da seguridad y se la arrancan y la matan.

-¿Cómo se les da la libertad?

-Hay que conseguir otra vez esa confianza. Para ello le damos una madre adoptiva humana, está con ellos día y noche, se les abraza y da amor aparte de tratamiento médico. Una vez que ha pasado ese momento crítico y vuelven a recuperar la confianza, los integramos en un grupo de chimpancés. Si hay posibilidad, se les pone con una madre chimpancé y si no con otros bebés. Poco a poco se rehabilitan en la selva, vuelven a subir a los árboles, aprenden a comer las frutas hasta poder llevarlos o a la selva o a una isla, donde ellos quieran. Buscamos su libertad, pero ésta no es la selva y ya está, sino que es la opción dónde quieren estar. Hay chimpancés que les gusta la selva abierta y otros a los que les da miedo por las condiciones en las que se han criado. Ésa es la libertad que les damos, la de elección de su espacio de confort, el que quieren.

-¿Cuánto se puede tardar?

-Cada individuo es diferente y depende de lo que haya sufrido y su edad. Un chimpancé muy pequeño que ha estado mucho tiempo en situación de soledad y de falta de apego, cuesta más recuperarlo. Es importante darle cariño porque, aunque suene raro, son como los niños. Si esa etapa se hace bien, se recuperan mucho mejor. Luego empezamos a comunicarnos con ellos en el idioma de los chimpancés para que aprendan a socializar. Poco a poco la madre adoptiva humana tiene que ir con la madre chimpancé y con otros para integrarlos. Como cuando se lleva a los niños al colegio que tienes que estar allí hasta que el niño coja confianza. Igual a los diez años ya puede ser reintroducido.

-¿Los trabajadores tenéis un rol entre los grupos?

-Yo tengo el rol de veterinaria, la que les cura; los chimpancés lo saben y cuando se ponen enfermos vienen a enseñarme las heridas para que les cure. A algunos les he criado cuando eran bebés; ahora, como adultos, me pueden hacer daño al marcar el territorio, pero cuando se ven en una situación de estrés, miedo o dolor vienen a mí como si fuesen bebés. Se me agarran y lloran, me enseñan las heridas y piden que les ayude... Da ternura que un ser que pesa 80 kg y te puede matar en cinco minutos, de repente se vuelve un bebé porque eres su figura de apego.

-En el centro hay 150 ejemplares. ¿Son todos chimpancés?

-En Congo no hay muchos veterinarios. A veces te llama el Ministerio diciendo que tienen un chimpancé y llegas allí y es un mandril o un mono pequeño... Estos son los más fáciles de reintroducir. Con los chimpancés es difícil porque tienen problemas psicológicos. No basta con que estén sanos, sean fuertes, sino que psicológicamente tienen que estar estables, ser aceptados y tener una inteligencia emocional buena. Al final lo clave es que tenga amigos. Si es un chimpancé que sabe tener amigos será un éxito la reintroducción.

-Entiendo que es fundamental saber comunicarse. ¿Cómo es el idioma chimpancé?

-Los humanos nos comunicamos hablando y hemos perdido el contacto físico, pero los chimpancés lo necesitan, buscan uniones. Su lenguaje es una combinación entre vocalizaciones y lenguaje corporal. Tienen muchas expresiones faciales y gestuales parecidas a las nuestras. Influye quién es cada individuo porque te comunicas diferente con el macho dominante o con las hembras protectoras.

-¿Qué es peor para su conservación, la deforestación o la caza?

-En el Congo se deforesta por la madera tropical que se vende a Europa. Cuando vamos a comprar una mesa hay que ser curioso y preguntar si viene de cultivo o viene de la selva. Somos nosotros mismos los que producimos ese impacto tan negativo. Al destruir las selvas la gente tiene acceso a zonas que antes eran remotas e incrementa el furtivismo.

PERFIL

Llegó a África en 2005 para formar parte durante un año del centro Help Congo. «A África sabes cuando llegas pero no cuándo te vas», dice. En 2006 conoció a Jane Goodall, quien se interesó por saber más de esta gallega que daba la libertad a los chimpancés. Desde entonces dirige el Centro de Rehabilitación de Chimpancés de Tchimpounga, el santuario de esta especie más grande del continente negro. Como ella misma dice tiene dos hijas biológicas y muchos hijos chimpancé adoptivos.

Para saber más o ayudar: www.janegodall.es

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