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Los otros «vigilantes» del mar

Detectar cambios que se están produciendo en el Mediterráneo casi en tiempo real es la labor de los voluntarios que se zambullen en el mar y gracias a los cuales los científicos obtienen datos relativos a medusas, peces globo, especies invasoras, etc. Son los centinelas del mar.

  • Los otros «vigilantes» del mar
Madrid.

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21 de marzo de 2016. 18:19h

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Madrid. 21/3/2016

La detección de dos especies de peces que, aunque propias del Mediterráneo, no son fáciles de ver en el mar, como el Labrus mixtus, una especie hermafrodita, y el Dentex gibbosus, animaron a Juan Antonio Pujol a participar como voluntario en Observadores del Mar, una plataforma compuesta por científicos y voluntarios que realizan inmersiones para obtener datos sobre la presencia y localización de especies marinas. Él es doctor biólogo, de hecho trabaja para el Ayuntamiento de Torrevieja, pero decidió zambullirse en esta iniciativa como voluntario «un poco por mi convencimiento de la necesidad de compartir públicamente aquellos registros que seultan de mayor interés, como las invasoras que puedan estar estableciéndose poco a poco, para conocimiento tanto de especialistas como del público en general». Su última obtención de datos no conllevó una «zambullida, ya que localizó a un pez globo (Lagocephalus lagcephalus) varado en la playa de La Mata. Aunque se trata de una especie considerada propia del mar Meditarráneo, parece que hay una tendencia a su incremento por ejemplares que entran desde el Atlántico, todo ello ligado a un escenario de elevación de las temperaturas del mar. Lo grave es que en las costas mediterráneas españolas ya se han detectado otras especies de peces globo procedentes del mar Rojo, a través del canal de Suez».

Los requisitos para participar en el monitoreo de especies de esta plataforma, que recibe el soporte de la Fundación Española Para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) y de los proyectos de investigación que buscan la colaboración ciudadana en la recogida de datos, son pocos. Básicamente, tener el título de buceo. Porque la misión de los voluntarios es fotografiar las especies que ven y subir las fotos de los ejemplares. Después los científicos de la iniciativa proceden a determinar la especie y validar la cita.

Pero también se puede ser voluntario terrestre. Es el caso de Pablo, que, junto a su hijo, aprovecha «los paseos por la playa para fotografiar aquellos especímentes que nos parecen poco habituales o nuevos, y en proyectos concretos, como la campaña del cangrejo azul, nos centramos» en la especie que se pide.

Pablo reconoce que él es «muy temeroso del mar y le tengo mucho respeto, pero me apasionan sus secretos». A Pablo le picó la «curiosidad por indentificarlas, y saber si alguna de ellas era invasora nos hizo empezar». Además, tiene muy interiorizado que «el destino de esta iniciativa es algo tan importante como el conocimiento del cambio climático, que en este caso se expresa en la vida marina. Aportar datos a la comunidad científica ayudará a que podamos enfrentarnos al cambio climático con más posibilidades de conocerlo, y en la medida que se pueda, controlarlo para el futuro de este planeta», afirma con el fin de que más ciudadanos se animen a participar.

Gracias a los voluntarios se han obtenido «datos relativos a la presencia de crustáceos, medusas, peces, algas, esponjas y corales, que han ayudado a entender mejor la distribución geográfica de estas especies y detectar poblaciones en mal estado de salud. En general, nos reultan muy interesantes también los datos recogidos fuera de la temporada de verano. En el caso de medusas esto es evidente. La gente no las ve en invierno porque no va a la playa, pero necesitamos conocer mejor su ciclo de vida a lo largo del año y los datos desde caias o barcos por ejemplo, que nos han llegado en invierno, son muy valiosos», explica Elisabetta Broglio, coordinadora de Observadores del Mar. «También mantenemos registro de especies invasoras, como es el caso de algunos peces que vienen del Mar Rojo como la Fistularia commersoni y Pterois miles, o de algas, como Caulerpa cylindracea o Lophocladia lallemandii», añade.

La coordinadora reconoce que no puede cuantificar lo que habría supuesto conseguir toda la información que recopilan gracias a la labor de los voluntarios, «pero seguramente sería inasumible». «Pedir la colaboración de los ciudadanos no es sólo una cuestión de reducción de coste, sino que ofrece a la sociedad la posibilidad de participar en la investigación mientras se van conociendo las preguntas que los científicos están intentando responder».

«Además –prosigue–, nuestra plataforma web está diseñada para fomentar el diálogo entre los ciudadanos y los científicos, a partir de las observaciones obtenidas, ya que un equipo de más de 50 científicos de diferentes centros de investigación del Mediterráneo validan las observaciones y contestan a los ciudadanos. Pretendemos también recoger la experiencia de ciudadanos que pasan mucho tiempo en el mar, como pescadores, navegantes o buceadores, y que tienen un buen conocimiento de los cambios que están ocurriendo. Son nuestros ‘‘centinelas’’, y pueden alertar de variaciones o de fenómenos raros».

Broglio recuerda que «las especies invasoras, o las que están cambiando su distribución o su época de reproducción a causa del aumento de la temperatura del agua, necesitan un seguimiento. Su introducción puede alterar los ecosistemas tal y como los conocemos, o hacer que otras especies desaparezcan».

En cuanto a las medusas, prestan especial atención a las cubomedusas y las carabelas portuguesas, ya que su picadura puede ser muy dolorosa. «Conocer su presencia en las distintas épocas de año y las condiciones de llegada nos ayuda a gestionar mejor los recursos, recomendar acciones a las administraciones y crear sistemas de alerta si fuese necesario».

También «nos preocupa el alto nivel de contaminación del mar. A través del proyecto ‘‘Plástico 0’’ estamos empezando a movilizar también al colectivo de las escuelas, para que nos ayuden a monitorizar la presencia de microplásticos». Acercarles a esta problemática, conocer el problema de primera mano, resulta clave porque la prevención es la mejor de las medidas para evitar que el océano se convierta en un gran pañol.

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