Pulpo: Científicos españoles consiguen criar octópodos en cautividad

Un grupo de investigadores ha cultivado varios pulpitos juveniles. Las crías han superado, por primera vez, el estado larvario llenando de esperanza al sector comercial, que buscaba desde hace 60 años su crecimiento en cautividad

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04 de diciembre de 2018. 18:39h

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Eva Martínez Rull Madrid. 4/12/2018

Es una de las especies marinas con más interés comercial y una de las que más ha visto crecer su precio; en una década ha triplicado su valor, y aunque ahora parece que se está conteniendo después de dos años de ascensos repetidos, los últimos meses ha llegado a costar la friolera de 18 euros el kilo. Las dos causas que han motivado esto son el aumento de la demanda con la incorporación del mercado de EE UU o el aumento de demanda de Japón y, por otro lado, la disminución de capturas en los caladeros sobre todo este año. La FAO informa de este ascenso en sus informes sobre el estado de la pesca desde hace varios años: «El pulpo está aumentando en popularidad en el mercado estadounidense. Las importaciones en EE UU alcanzaron un nivel récord en 2015, con poco más de 22.800 toneladas de pulpo. España está tomando un papel importante de este comercio, y ahora representa alrededor del 24% de las importaciones totales de pulpo», decía hace un año. En 2018 «los desembarques de pulpo, tanto de Marruecos como de Mauritania (los principales caladeros de África), fueron bajos. Esta falta de recurso está disparando el precio», indica el organismo de la ONU. Hay que tener en cuenta que hasta el 85% del pulpo que se consume actualmente en España procede del mercado africano. «La producción gallega es muy pequeña en comparación a la de África. Aquí se puede pescar de uno a cinco meses para respetar el ciclo reproductivo», explica José Suárez-Llanos, director gerente de la Cooperativa de Armadores de Pesca del Puerto de Vigo.

Esta importancia comercial explica que se lleve investigando con la posibilidad de criarlo en cautividad desde hace 60 años (otra especie que ha tenido una larga historia de intentos hasta su cría en cautividad ha sido el atún rojo). «Aquí en España se comenzó a estudiar hace 20 años. El Centro Oceanográfico de Vigo consiguió hace en el pasado juveniles pero la supervivencia fue muy baja; sólo se obtuvieron tres ejemplares. Su cultivo se hace cada vez más interesante tanto para bajar el precio como para hacer descender la presión sobre los ejemplares en su medio natural», explica Eduardo Almansa, investigador del Instituto Español de Oceanografía y uno de los portavoces del proyecto de cooperación entre los centros de Vigo y Tenerife que ha logrado este hito científico: reproducir pulpos en cautividad con una ratio de supervivencia «de más de un 5%, que es el mínimo que se exige a nivel comercial», dice Almansa.

Se trata de juveniles de dos gramos cada uno de pulpo común (octopus vulgaris) que simbolizan el éxito de la investigación y es que hasta ahora los pulpos morían en fase larvaria, un periodo en el que están de 30 a 60 días. «El pulpo pone entre 300 y 500 huevos que contienen unas larvas de tres milímetros. El problema residía en qué no se conocía bien la alimentación ni las condiciones que aseguraban su crecimiento», explica Almansa.

Cerebro y camuflaje

Hasta ahora los escasos éxitos que se habían registrado en laboratorio se basaban en una alimentación con larvas de centollo; una dieta cara que también ha frenado durante años su paso a la producción comercial. El cuello de botella de la investigación era precisamente éste: conseguir superar la fase larvaria con un índice suficiente de supervivencia y hacerlo sin que el coste se disparase: «Ahora se ha conseguido una dieta mucho más rentable y unas condiciones de temperatura, luz y salinidad del agua más acordes al hábitat natural y a lo que las larvas y luego los pulpitos necesitan. Cuando se convierten en juveniles, los octópodos se van hacia el fondo pero en estado larvario viven en la columna de agua. Una vez que llega al fondo es cuando sus brazos comienzan a alargarse y a crecer», explica Almansa. Es en este estadio conseguido por el grupo cuando se ha hecho el anuncio del descubrimiento. El éxito es tal que la metodología se ha patentado y se ha firmado un acuerdo con la empresa Nueva Pescanova para los futuros cefalópodos criados en cautividad. Los investigadores creen que, si todo va bien, en cuatro años podremos comer pulpo a feira de piscifactoría.

La esperanza sobre las posibilidades comerciales también se sustentan en el hecho de que estos animales tienen un ciclo corto de vida y mucho potencial de crecimiento, en tan sólo un año los ejemplares alcanzan un peso entre el kilo y los dos. «El pulpo tiene una biología muy compleja. Pasan por diferentes etapas en su desarrollo: huevos, para larvas, juveniles y adultos. Las larvas crecen entre un 10-15% y un adulto puede crecer entre un 1- 3% cada 24 horas», dice Almansa Sin embargo, todavía queda por delante la fase de engorde, es decir, conseguir que estos juveniles lleguen al peso comercial.

Hay que añadir que este animal lleva años siendo objeto de estudio de muchos grupos de científicos en todo el mundo, no sólo como manjar culinario sino entre otras muchas cosas por su complejo cerebro, su comportamiento, carácter y sus aptitudes para el camuflaje. Sin ir muy lejos hace unos meses la revista «Science» se hacía eco del desarrollo por parte de un grupo americano de un material 3D programable capaz de variar su apariencia interesante para su uso con fines militares.

Mediterráneo, el mar con más sobrepesca

La FAO considera que el Mediterráneo como el mar con más sobrepesca. La magnitud de las capturas es tal que se está poniendo en peligro el futuro de la pesca de especies como merluza, salmonete, rape, y el equilibrio del ecosistema. Por eso hace unos meses la Comisión Europea pidió establecer un Plan Plurianual para las poblaciones de peces, que plantea recortes de pesca para Italia, Francia y España, dada la situación de la mayoría de las especies. Las capturas han descendido un 23%. Estos días se votará a favor o en contra de este plan que, entre otras cosas, prevé «retirar la pesca de arrastre de las zonas más someras, lo que favorecería a los artesanales y protegería áreas de puesta y cría y también hábitats sensibles», dicen desde la organización conservacionista Oceana.

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