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Ríos urbanos: ciudades de medio mundo apuestan por devolver sus cauces al estado natural

Seúl, Munich o Madrid son algunas de las capitales que se han sumado a la tendencia de renaturalizar sus ríos. Y ésta es sólo una de las ideas para adaptarse al cambio climático

  • Ríos urbanos: ciudades de medio mundo apuestan por devolver sus cauces al estado natural

Tiempo de lectura 8 min.

18 de junio de 2018. 17:07h

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Eva Martínez Rull Madrid. 18/6/2018

Cualquier madrileño que se asome al Manzanares a su paso por la ciudad habrá podido comprobar que la imagen del río ha cambiado. Donde antes había una lámina uniforme de agua, ahora hay islas, árboles, cañas y especies animales que no se veían desde hace años... una estampa que recuerda ligeramente a las descripciones de los libros o a las postales de las lavanderas, que a principios del siglo XX venían hasta aquí para lavar la ropa de las casas donde servían.

Y es que el Manzanares se ha convertido en uno de los ejemplos de devolución a las ciudades de sus ríos como entes vivos. Atrás ha quedado la tendencia de encerrarlos con presas para conseguir doblegar su cauce, encorsetarlo en una lámina uniforme de agua. Una perspectiva que se extendió por Europa y el mundo tras la Segunda Guerra Mundial y que también copió la dictadura española, inspirada por los grandes caudales de ríos como el Sena. La perspectiva de los años 50 empezó a ser cuestionada hace unos 10-15 años y desde entonces son cada vez más los afluentes de grandes ciudades los que recuperan su imagen más natural.

El proyecto de renaturalización del río madrileño comenzó en 2016 con un simple gesto: abriendo las compuertas que retenían el agua y que conseguían uniformar el torrente. Una vez abiertas las puertas, el caudal se ha mantenido en los 2m3 por segundo más el aporte de 1m3 extra proveniente de una de las depuradoras de la ciudad; lo único que en lugar de crear una canal de agua como antes, ahora el río fluye libre, vivo, por donde lo haría en la naturaleza. En sólo dos años la explosión de vida ha sorprendido incluso a sus responsables, en este caso la organización Ecologistas en Acción –la ONG fue quien presentó su plan de creación de un corredor verde al Ayuntamiento de la ciudad entonces–. Algunos de los árboles alcanzan alturas de vértigo. El más grande, un sauce de ocho metros, ha brotado junto a otros ejemplares de álamo blanco y negro, en una de las numerosas islas que ha formado el cauce a su paso por la zona del puente de Segovia.

Una de estas islas recibe el apodo de la isla de los sauces, debido a la germinación espontánea de innumerables árboles de esta especie. Para hacerse una idea del poder regenerador de la Naturaleza, en este tiempo han crecido 2.000 árboles, desde olmos a sauces autóctonos, álamos, eneas y cañas que sirven para purificar las aguas según va corriendo hacia el sur. También se han creado islas y bosques de ribera, que se mantienen y se podan en ciertos puntos para diversificar el paisaje y originar ecosistemas que faciliten la nidificación de las diferentes aves que ahora recorren estas aguas. Y es que la Naturaleza es sorprendente y caprichosa o así la describe Santiago M. Barajas, coordinador del agua de la organización ecologista: «Las consecuencias de desembalsar el agua ha sido una explosión de peces y árboles autóctonos».

En cuanto a la fauna, los barbos son ahora los peces dominantes y la población de carpas ha disminuido; se ven galápagos leprosos, garzas reales en invierno, ánades reales (hay censadas unas 250), agachadizas comunes, chorlitejos, martinetes, ejemplares de martín pescador, ruiseñores bastardos (prácticamente se oye uno en cada isla), gallinetas o pollas de agua, gaviotas..., y está aumentando la población de murciélagos, mientras decrece la presencia de mosquitos, simplemente porque el agua circula.

Madrid es sólo una de las ciudades que ha decidido transformar su río en un corredor natural; una apuesta que tiene consecuencias positivas tanto medioambientales como sociales. Como dice la FAO en su informe sobre bosques urbanos editado este año con motivo del Día Internacional de los Bosques: «Las zonas forestales, bosques y árboles en una ciudad y a sus alrededores realizan funciones vitales como almacenar carbono, eliminar contaminantes del aire, ayudar a obtener seguridad alimentaria, energía y agua, restaurar los suelos degradados y prevenir la sequía y las inundaciones. En una ciudad de tamaño medio, los árboles urbanos pueden –por ejemplo–, reducir la pérdida de suelo en alrededor de 10.000 toneladas al año». No hay que olvidar que para 2050, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades y que éstas, aunque sólo ocupan el 3% de superficie, consumen el 78% de la energía y producen un 60% de las emisiones.

«Las recuperaciones no son tan recientes. En algunas ciudades llevan décadas intentando reencontrar la historia olvidada de sus ríos; durante muchos años se han simplificado sus usos a uno sólo y ahora lo que se trata es de diversificar sus funciones, destinando espacios al ocio de la ciudadanía, usando la renaturalización para captar CO2, mejorar la depuración aguas abajo y mejorar la gestión de las crecidas y posibles inundaciones. Alemania es un caso icónico; por ejemplo, en la ciudad de Munich se ha trabajado en el río Isar, aunque hay planes para las poblaciones de todo el país. En España, Madrid, Barcelona o Pamplona son los ejemplos más importantes a día de hoy, pero hay más planes interesantes a nivel internacional, para el Sena de París o para la ciudad de los Ángeles», explica Fernando Magdaleno, portavoz de la plataforma Centro Ibérico de Restauración Fluvial.

El caso del Cheong Gye Cheon, en Seúl, es bastante paradigmático. El río de la capital de Corea del Sur fue cubierto a mediados del siglo XX para prevenir epidemias y problemas de salud pública. La causa hay que buscarla en el aumento de la población que experimentó la ciudad tras la división de la península en dos bloques. Entonces se apostó por construir una autopista encima del cauce, pero en 2005 se decidió desenterrarlo y devolverlo a su estado natural. Una de las consecuencias es que ha descendido el efecto isla de calor (la absorción de las radiaciones del sol del hormigón y los asfaltos dispara la temperatura de los centros urbanos en verano) en más de tres grados.

«Hay una nueva forma de entender los espacios verdes, que son fundamentales para la salud humana y para combatir los efectos del cambio climático en las ciudades. Además, dan un aire más amable a los centros urbanísticos y al mismo tiempo sirven para hacer educación ambiental. En esta revisión de qué papel tiene la naturaleza en la ciudad se integran la creación de corredores biológicos, de cubiertas vegetales o jardines verticales, de anillos verdes o de huertas. Es verdad que hay ciudades como Sidney o Vancouver que están siempre a la cabeza, pero se están empezando a hacer cosas interesante en muchos lugares. El proyecto de La Marjal en Alicante ha sido seleccionado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como un ejemplo de buenas prácticas para solucionar las crecidas; cuenta con una zona inundable en el cauce», explica Carlos Martí, director técnico del Foro de las Ciudades que se ha celebrado esta semana en Madrid.

LAS URBES CON MÁS ÁRBOLES

El estudio «Análisis de la Infraestructura Verde Urbana en España 2015», presentado ahora hace un año y elaborado por la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, la Federación Española de Municipios y Provincias y la Asociación Española de Empresas de Parques y Jardines, afirma que Zaragoza es la ciudad española con un mayor número de árboles por habitante, concretamente 19,53 por cada 100 ciudadanos. De las ciudades consideradas menores destaca Getafe, que concentra 37, 24 árboles por cada 100 personas.

Otro de las conclusiones es que los ayuntamientos gastaron de media unos 28,6 euros por habitante en el mantenimiento y conservación de las superficies verdes.

En cuanto a espacios verdes, la ciudad de Vitoria es la que mayor superficie de zona ajardinada contiene, contando también con su anillo verde. No hay que olvidar que esta infraestructura, entre otras apuestas para integrar la naturaleza, le valió a la ciudad de Álava ser declarada en 2012 como la Capital Verde Europea.

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