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Una travesía para acabar con los plásticos

El Race for Water está dando la vuelta al mundo gracias a un mix renovable. Busca una solución para el 80% de la basura que termina en el mar

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02 de mayo de 2017. 15:52h

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Eva Martínez Rull 2/5/2017

Acaba de empezar su travesía con el honor de haber sido bautizado como uno de los barcos solares más grandes del mundo, con permiso del Turanor Planet Solar que empezó dando la vuelta al mundo en 2010 y es el que ostenta el récord Guiness como el mayor barco solar del mundo. En defensa del mote, es cierto que las dimensiones son equivalentes a las del Turanor y que en este caso, lo que ha llevado a las aguas al Race for Water no es demostrar la viabilidad de la tecnología solar en el agua, más que probada, sino el problema de la enorme presencia de los plásticos en el mar.

De hecho, Marco Simeone, el empresario suizo que está el frente de esta aventura decidió ponerse manos a la obra y montar este proyecto al darse cuenta del enorme impacto que los plásticos tienen en la vida acuática, y es que actualmente entre el 5 y el 10% de los plásticos que se producen terminan en el mar, lo que significa que a día de hoy hay ya un kilo de plástico por cada cinco de peces. Y las previsiones son aún peores porque de continuar la tendencia de producción de polímeros y sobreexplotación pesquera, se prevé que para 2050 en el mar haya más plásticos que peces.

La cantidad de estudios que habla de la situación del océano es innumerable. Esta misma semana, la revista «Science» publicaba un estudio conducido por Andrés Cózar de la Universidad de Cádiz que afirma que los mares de la región ártica esconden unos 300.000 millones de plásticos y casi todos ellos son de tamaño micro. En términos más generales, la ONU afirma que cada año ocho-diez millones de toneladas de plásticos acaban en el medio marino, lo que supone un coste para la vida marina pero también para la pesca y el turismo valorada en 8.000 millones de dólares anuales. Así que más allá de lo llamativo de esta empresa, el equipo quiere concienciar para que en casa también hagamos parte del trabajo limitando nuestro consumo de plástico, porque todo lo que no se recicla, todo, acaba en más o menos tiempo en el mar. Incluso, a profundidades de más de 10.000 metros, donde también se han encontrado residuos.

Cinco años

El barco que tiene 35 metros de eslora, 23 de manga y seis de alto, puede alcanzar una velocidad máxima de nueve nudos gracias a una combinación de paneles solares (unas 38.000 células están instaladas en la cubierta de 500 m2 del barco), energía eólica e hidrógeno. La energía que producen los paneles puede almacenarse en baterías de litio que liberan por la noche 754 kWh de energía o bien utilizarse para producir hidrógeno por electrólisis del agua. El barco tiene capacidad para almacenar unos 25 tanques que pueden producir 2.800 kWh de electricidad. Además, en condiciones óptimas de viento, la nave cuenta con una vela de 40 m2 que permiten que el barco superar los diez nudos.

El equipo de Race for Water se ha propuesto recorrer las aguas del mundo. En los cinco años de viaje que tiene la nave por delante hay previstas dos grandes paradas, una en las Olimpiadas de Tokio en 2020 y otra en la Exposición Universal de Dubái en 2021. Aprovechando la travesía, a bordo de la nave se van a desarrollar varios proyectos de investigación para ver el impacto real de la presencia de plásticos en las diferentes aguas del mundo. Uno de ellos, Ephemare, liderado por un equipo de investigadores españoles.

Microplásticos

Es el tipo de basura plástica más abundante en el agua, aunque pasa más desapercibida porque no se ve. Sólo por citar un informe, el último estudio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza alertaba hace unas semanas de que estas diminutas partículas podrían representar hasta un 30% de la sopa de plástico que navega por los mares. Una sopa de la que casi dos tercios provienen del lavado de textiles sintéticos y la abrasión de neumáticos durante la conducción. No hay que olvidar que estos residuos terminan en la cadena trófica. También la ONU ha lanzado su campaña «Limpiar los mares» para pedir que se evite el uso de estos microplásticos, «antes de que sea demasiado tarde, no sólo porque el 80% de la basura del mar está hecha de plástico, sino porque además unos 51 billones son micropartículas. Eso es unas 500 veces más estrellas que en nuestra Galaxia», alertan a través de comunicado.

En los últimos 15 años, a los envases tradicionales que terminan en el mar desgarrados por efecto de los agentes del medio como las olas, hay que sumar todos los polímeros de tamaño micro que han inundado nuestra vida, ya que están presentes tanto en las pastas de dientes, como en los cosméticos, detergentes para la casa o ropa. Según datos de los investigadores, sólo el uso de prendas deportivas ha hecho que el contenido de microfibras vertidos al medio ambiente haya crecido un 450%.

Para limpiar los polímeros y envases de mayor tamaño del agua se están llevando a cabo diferentes iniciativas a menor escala como la acción de pescadores que recogen residuos para la industria textil o incluso para la de combustibles. La propia fundación Race for Water quiere instalar réplicas de un prototipo de conversión de plásticos en gas que está preparando para este otoño. «Pensé convertir los plásticos en una fuente de energía hace unos años cuando comencé a hablar con personas que recogen en la calle aluminio, vidrio, botellas PET y cartones a cambio de dinero para su reciclaje o reventa. Me di cuenta de que no recogen las bolsas ni otros plásticos porque no tienen valor en el mercado. Así que junto con nuestro socio industrial hemos desarrollado una tecnología capaz de transformar el plástico usado en energía, ya sea gas o electricidad. La idea en que se basa es que la venta de energía nos permitirá pagar a los recogedores, que se verán alentados a la hora de reunir material de plástico usado», explica el empresario suizo. Junto a estas iniciativas, también hay proyectos a gran escala. Este es el caso de Ocean Cleanup, la idea de un joven de 22 años que quiere empezar este verano a aspirar los plásticos con una suerte de barrera artificial. Un sistema que ya probó en 2016 en el mar del Norte.

Esto es posible para grandes plásticos pero para partículas tan pequeñas no hay filtro ni programa que valga. Estos pequeñísimos plásticos son el objetivo de la investigación Ephemare, liderada por la Universidad de Vigo y en la que participan otras dos instituciones españolas, el Instituto Oceanográfico de San Pedro del Pinatar (Murcia) y la Universidad de Murcia, y organismos de países como Francia, Italia, Irlanda, Noruega, Portugal, Alemania o Bélgica. «Todo el plástico que no se recicla, termina invariablemente en el mar, por los efectos de las escorrentías, las lluvias, el viento, por lo tanto muchos de los plásticos de uso en la vida cotidiana terminan también siendo de tamaño micro. Además, hay que tener en cuenta que en muy pocos lugares existe normativa que regula el uso de estos polímeros. Cuando hablamos de plástico nos referimos a miles de tipos de polímeros con una infinidad de compuestos que no sólo entran en la cadena trófica, sino que como polímeros atraen otras sustancias que ya estaban en el agua en concentraciones bajas, como los colorantes textiles o los hidrocarburos aromáticos. Por tanto, son un problema en sí mismo y por las interacciones que tienen con otras sustancias presentes en el mar», explica María Ángeles Esteban, Catedrática del departamento de Biología celular de la Universidad de Murcia y participante en el proyecto.

Los estudios que está realizando el equipo de Ephemare pretenden entender de qué manera esos microplásticos interactúan con organismos unicelulares y peces. «Vamos a estudiar toda la cadena trófica del mar. Queremos ver a qué órganos internos de cada especie llegan estas partículas y qué efectos producen, por ejemplo si obstruyen el intestino, etc. Y esto tanto el plástico como todas las sustancias que ha atraído en su viaje. En la Universidad de Vigo estudian especialmente los mejillones, nosotros en Murcia las lubinas. Cada uno estudia un animal. Race for Water aporta al proyecto la posibilidad de recoger muestras reales de plásticos en diferentes mares, incluso permitirá saber el tiempo que lleva allí cada polímero», matiza Esteban.

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Devoradores de polímeros

En dos o tres o tres años la ciencia podría poner a disposición del medio ambiente una nueva arma par acabar con los residuos plásticos. Los gusanos de cera. Bueno, exactamente el bicho no, sino «la molécula o la enzima que elimina el plástico. Aún no estamos seguros de cómo se produce, cuando se averigüe se podrá replicar de forma industrial en ese tiempo», explica a este semanario Federica Bertocchini, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones CSIC. Bertocchini acaba de descubrir que estos gusanos son capaces de degradar polietileno, uno de los materiales plásticos más resistentes que existen, los mismo con los que se fabrican las bolsas de la compra y los envases de los alimentos y que tardan en descomponerse hasta 400 años.

La investigadora del CSIC ha trabajado en esta investigación junto a Paolo Bombelli y Chris Howe de la Universidad de Cambridge.

«Cada persona usa de media unas 230 bolsas al año, lo que genera 100.000 toneladas de residuos. Hemos visto que cien gusanos de la cera son capaces de biodegradar 92 miligramos de polietileno en 12 horas», relata Bertocchini.

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