Monitorizar el párkinson

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28 de abril de 2015. 11:56h

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28/4/2015

Un uno por ciento de los mayores de 65 años sufre las secuelas del párkinson, una enfermedad neurodegenerativa que obliga a los pacientes a convivir con temblores, rigidez corporal y pérdida de calidad de vida progresiva. Con el fin de encontrar un «arma» con la que mitigar todo esto, ingenieros, médicos y expertos en telecomunicaciones se han unido para diseñar una suerte de «holter» que sirva para monitorizar al paciente y actuar en tiempo real contra la enfermedad.

Rempark es el nombre que recibe el proyecto que aúna estas ideas y que ya ha probado su utilidad en al menos 45 pacientes. Se trata de un dispositivo en el que han trabajado la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), el Centro Médico Teknon y Telefónica, con el objetivo de determinar y cuantificar con precisión los síntomas asociados al sistema motor para monitorizar la progresión de la enfermedad de Parkinson en los pacientes.

El catedrático de la UPC e investigador del Centro de Estudios Tecnológicos para la Atención a la Dependencia y la Vida Autónoma (CETpD), Joan Cabestany, explica que «ahora el dispositivo sirve para recoger toda la información posible sobre la enfermedad y sus síntomas. Con ayuda de los neurólogos, interpretamos cada gráfica y cada dato y le ponemos nombre a lo que ocurre. Todo eso nos ayuda a interpretar los eventos y a facilitarlo a los médicos de la mejor forma posible, para que hagan un mejor seguimiento de la evolución del paciente, sin necesidad de que éste pase por la consulta de forma tan continuada».

Medicina 2.0

Para los médicos es una oportunidad para dar un paso más en la asistencia con ayuda de la tecnología. La directora de la unidad de párkinson del centro médico Teknon de Barcelona, Angels Bayés, apunta que este sistema «ayuda a un mejor manejo de la enfermedad. A los médicos nos resulta fácil la ‘‘interface’’ que muestra los resultados». Bayés explica que en esta enfermedad en los dos o cinco primeros años la medicación es efectiva durante todo el día, pero pasado ese periodo se va acortando la duración de la respuesta al fármaco, por lo que los pacientes comienzan a tener las denominadas fluctuaciones «on-off». «Un sistema que mida cada una de ellas resulta práctico y útil», como manifiesta Bayés.

Asi, la fase «on» consiste en la fase de efecto de la medicación, que tiene una duración de unas horas, y que depende la cada paciente, después empieza la fase «off» donde se empiezan a manifestar los síntomas como temblores o incapacidad al caminar, tal y como comenta Bayés. El dispositivo de Rempark detecta los parámetros sintomatológicos de la enfermedad y determina la fase en la que se encuentra el paciente en cada momento (estados «on-off») y los envía mediante un sistema de gestión remota al médico del paciente, que desde su hospital o centro de referencia puede hacer un mejor seguimiento y ajustar la medicación sin tener que esperar a la siguiente consulta.

De esta forma, se puede sustituir el típico diario de anotaciones que el paciente de párkinson rellena para presentar a su doctor por un sistema automático más preciso. En el mismo, quedan reflejados los bloqueos y las discinesias y los médicos pueden conocer casi al momento si han de citar al paciente de forma inmediata para cambiar o no la medicación. «El sistema permite la personalización de los umbrales de las alarmas en cuanto a los sucesos sintomáticos, ya que cada paciente es diferente y tiene un patrón distinto», explica Cabestany.

Como socio tecnológico, desde Telefónica, Jaume Raventós sostiene que «este avance supone en el campo de la medicina lo mismo que la llegada de una nueva molécula que va a cambiar el rumbo de una enfermedad». En este sentido, Raventós explica que aún queda mucho en el proceso de validación y acreditación a nivel europeo, pero que una vez conseguido se podrá «prescribir a los pacientes» y éstos podrán aprovecharse del potencial que tienen. «Con esta tecnología se contribuirá a mejorar el sistema sanitario europeo, se proporciona una atención de mayor calidad y más personalizada a los pacientes de párkinson, y se lleva a cabo un uso más sostenible de los recursos públicos», manifiesta Raventós.

Si se compara la trayectoria de este sistema con la que realiza un fármaco, nos encontramos ante uno que ya ha demostrado sus beneficios «pero que necesita una prueba masiva, más allá de los 45 pacientes, que sirva para dar más datos objetivos sobre su uso y proceder a su validación para uso médico», explica Cabestany. Bayés afirma que «es la primera vez que los médicos disponemos de una medida objetiva de los síntomas relacionados con la movilidad, lo que servirá para una mejor diagnosis y un mejor tratamiento sintomático». «Es evidente que el papel de la tecnología para el auto-manejo de la enfermedad y los inminentes avances futuros como consecuencia de la inclusión de la tecnología de las TIC en la gestión de la enfermedad es un hecho al que ya no se le puede dar la espalda», concluye finalmente Raventós.

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