Así se siente una persona con ansiedad

Estos son algunos rasgos en todo aquel que sufre el trastorno: características y pensamientos del ansioso, agrupados por el psicólogo Domènec Luengo

Estos son algunos rasgos en todo aquel que sufre el trastorno: características y pensamientos del ansioso

1. “No voy a ser capaz de hacerlo”. Tener inseguridad es ser vulnerable, un juego perverso en el que el mundo se maximiza y se convierte en opresor, al mismo tiempo que se minimiza uno mismo y se convierte en altamente vulnerable. Vivir es un reto cotidiano en el que la persona ansiosa duda de sí misma en todo. Para sentirse segura, ésta cuenta con lugares, objetos o personas santuario, creadas para rebajar aquello que le altera, desde algún familiar referencial a llevar el móvil encima o vivir cerca de un hospital.

2. “Sé que todo va a ser un desastre”. El ansioso es pesimista, siempre ve las consecuencias aversivas de los hechos, incluso fantaseando con ellos o creyéndose que tales fantasías van a cumplirse con seguridad. Para él, si algo malo puede suceder, sucederá. Los logros o las satisfacciones no las valora como merecen. En un extremo se tienen pensamientos fatalistas y catastrofistas que equivocan, cuando no bloquean, su libertad.

3. “Tengo que hacerlo todo perfecto; si fallo, defraudo”. La alta autoexigencia que contempla la persona ansiosa determina que ésta juzgue permanentemente todas y cada una de sus ejecuciones; en definitiva, qué se hace y cómo se hace. La adquisición infantil de sentimientos como el “tengo que hacerlo bien” va progresando de manera perversa hacia otro como “no puedo fallar” o, incluso, “si fallo defraudo o traiciono”. Los errores, pues, adquieren un sentido sobredimensionado.

4. “Si no me valoran, es que no sirvo”. Tiende a dar una enorme importancia a la presencia o valoración de los demás, llegando al extremo de entender que no hay nada más duro que el ser desconsiderado o ninguneado porque le hace sentirse excluido. Su vergüenza, en términos de trastorno, puede conducir a la fobia social. El disimulo es otra reacción.

5. “Tengo miedo a que me pregunten qué me pasa”. La persona ansiosa quiere mantener el control porque de esta forma evita perderlo y que le pregunten qué le pasa, por ejemplo. Se puede temer a perder el control durmiendo, distrayéndose o comiendo demasiado. El hecho de relajarse es observado como favorecedor de la pérdida de autodefensa y, por tanto, un modo de dar pie a la vulnerabilidad. No se puede bajar la guardia.

6. “Todos los días, todos, me levanto a esta hora” o “siempre que voy allí, tomo este camino”. Lo no programado o lo que se escapa de lo rutinario o lo previsible es percibido como altamente amenazante y, por ello, generador de ansiedad. La rutina ampara, la sorpresa altera y no es positiva, para nada. Por ejemplo, el trabajo es más tranquilizador que el día libre porque puede que no se haga o pase aquello que se espera. La rutina es balsámica, mientras que su ruptura es desestabilizante.

7. “Ese hormigueo en los dedos va a ser grave, fatal”. La personalidad ansiosa dota, con facilidad, de significado aquello que se considera inocuo y no es vitalmente comprometedor. En su universo de amenazas todo es trascendente y cualquier situación, un mal síntoma que tiene resultados fatales. Lleva lo pequeño al todo, dotándole de fatalismo.

8. “He leído que esto es mortal, seguro que es lo que me pasa a mí”. La influenciabilidad en términos negativos y en un trastorno de ansiedad– llega a límites exagerados. Escuchar algo acerca de la salud en general puede llevar a la persona ansiosa a buscar temerosa información por internet acerca de lo que “supuestamente le podría pasar” o incluso le pasará. Que sea tan influenciable, además, hace que sea una persona enormemente susceptible.