Carlos Egea: "Dormir menos de seis horas es un suicidio biológico"

El neumólogo insiste en que la calidad del sueño también debe imponerse como "moda" al igual que la nutrición y el deporte

  • "Dormimos para reparar el organismo, no para descansar"
    "Dormimos para reparar el organismo, no para descansar" /

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25 de abril de 2019. 16:22h

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Pilar Pérez Madrid. 22/4/2019

El neumólogo Carlos Egea del Hospital Vithas San José en Vitoria-Gasteiz y miembro de la Sociedad Española del Sueño (SES) se muestra contundente ante un problema que ya tilda de salud pública por las consecuencias que puede desencadenar. "Dormir menos de seis horas es un suicidio biológico", sostiene mientras insiste en que la calidad del sueño también debe imponerse como "moda" al igual que la nutrición y el deporte.

Ya es algo conocido: dormimos poco y mal, pero intentamos ponerle remedio. ¿Cómo se enfrenta desde un punto de vista médico la falta de descanso de la sociedad?

Estamos ante un problema de concepto. Hasta ahora concebíamos que el espacio que ocupa el sueño podía emplearse en otras cosas: trabajo, ocio, placer... Se ha despreciado durante mucho tiempo que esas horas que se han ido robando al descanso tuvieran un impacto tan fuerte en el organismo. Dormir menos de seis horas eleva un 30% el riesgo coronario y nadie parece alertarse.

¿Qué otros problemas lastran la ausencia de sueño tanto en calidad como en cantidad?

Muchos. Estamos ante un «suicidio biológico», provocamos la pérdida de supervivencia, la concentración en el trabajo... Todos los órganos pierden la oportunidad de repararse, que se lleva a cabo en el descanso nocturno, y de nada sirve emplear o dedicar otros días para compensarlo. Ya no tiene sentido, el daño que se provoca es acumulativo.

¿Por qué dicen que no vale descansar el fin de semana lo que se «roba» al resto de los días?

Nosotros lo denominamos «jet-lag social». Las consecuencias no se borran, las secuelas que se van desencadenando son irreversibles. Al final, se trata de hacer un cambio de concepto, dormimos para reparar el organismo, no para descansar. Ésto es una consecuencia de este proceso y no al revés.

De la encuesta que han presentado recientemente, «¿cómo duermen los españoles?», ¿cuáles son los datos que más les han llamado la atención?

Sobre todo la gran ausencia que existe sobre la concienciación de este problema. Sabemos que la gente dice que duerme mal, pero le resta importancia, no se fija en el impacto que va a tener esa falta de calidad. Y, además, también la ausencia de la cantidad suficiente de sueño. Una gran mayoría declara en la encuesta que «emplea o dedica» menos de seis horas cada noche al descanso. Al final, esto supone que más de un tercio de la población está desarrollando un riesgo cardiovascular innecesario.

Ante problemas con el sueño, en población sana, ¿cuándo hay que pedir ayuda profesional?

Lo que está claro es que hay que calar el mensaje en la sociedad, en las personas sanas, de cómo hay que dormir. Una vez que esto no se consigue, sí se debe acudir al médico para poner remedio y recibir ayuda ante casos de insomnio, para descubrir por qué ocurre, o somnolencia diurna. De esta forma, se podrá asumir como normal patologías que se infradiagnostican por ausencia de consulta. Tenemos que enviar mensajes positivos a los pacientes para decirles que hay expertos en las unidades de Trastornos del Sueño que pueden abordar sus casos.

Celebran estos días la reunión anual de la sociedad científica. ¿Cuáles son los objetivos que se han marcado?

Buscamos el desarrollo de un congreso «híbrido», que consiga llamar la atención de la comunidad científica y de los ciudadanos. Se trata de algo innovador, pero que perseguimos que mejore el bagaje científico de los expertos, y que, al tiempo, también sirva para incrementar el conocimiento de la población sobre el sueño.

En la cita van a impulsar la iniciativa «Felices Sueños». ¿Cómo la han llevado a cabo en Vitoria?

Queremos saber cómo descansan los españoles y por eso vamos a encender una vela en el centro de la ciudad alavesa para tratar de influir sobre todo en los más jóvenes, en su actitud frente al sueño. No se trata de imponer, porque así no se consigue nada, sino de hacer entender que hay que cubrir esta necesidad biológica y cambiar el devenir de la sociedad. Los tres pilares para una vida sana deben ser nutrición, deporte y sueño. No debemos olvidarnos de este último.

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