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El peligro de los «antivacunas»

En lo que llevamos de año, Europa ha registrado más de 33.000 casos de sarampión, y la cifra no deja de aumentar

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21 de agosto de 2018. 00:04h

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Alfredo Semprún.  21/8/2018

El sarampión ha vuelto a Europa. Hay dos factores que explican este retorno: la complacencia de algunos gobiernos que han relajado las campañas de vacunación y, el peor de todos, la extensión de los movimientos antivacunas que está cobrando fuerza en algunos países como Francia, Alemania, Italia y Reino Unido. Como muestra, un botón: nuestros vecinos galos registraron hasta 518 contagios entre enero y mayo de 2017. En el mismo período de tiempo del año 2018, la cifra había subido a 2.380 casos. Y la situación va a peor. Es preciso recordar que el sarampión es una de las principales causas de muerte entre los niños pequeños, a pesar de que hay una vacuna segura y eficaz para prevenirlo, según datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud.

La propia OMS calcula que más de medio millón de niños nacidos en Europa en 2017 ya no recibieron su primera dosis de la vacuna. Y no por falta de medios. Han sido las redes sociales, sin duda, las que han extendido la estupidez del fenómeno antivacunación. Unos movimientos que se suponen modernos y naturales, pero que nos retrotraen al medioevo. Son ellos los mismos que rechazan los tratamientos de quimioterapia contra el cáncer o que apoyan el consumo de productos sin tratar, como la «leche cruda». Son personas que no poseen la capacidad de preguntase cómo ha podido ser posible que en el mundo desarrollado, en donde los controles de la producción de alimentos, la vacunación y la medicina normalizada son habituales y rutinarios, la esperanza de vida se haya multiplicado por dos. El problema principal es que no les afecta sólo a ellos o, lo que es más terrible, a sus hijos. No. Por cada una de las personas infectadas en medio de una población vulnerable el promedio de contagios es de 18.

Por tanto, es preciso que las autoridades sanitarias –pero, también, los medios de comunicación– se conciencien de una vez por todas de la amplitud que está tomando el problema y que multipliquen las campañas en favor de la necesaria inmunización. La irresponsabilidad de algunos no puede destruir una labor de siglos.

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