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Hablar en positivo mejora la salud

Escoger unas palabras u otras puede modificar nuestros niveles de dolor, reduce la sensación de ansiedad y evita la soledad

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Madrid.

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07 de agosto de 2018. 18:26h

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Silvia Resa.  Madrid. 20/8/2018

Alegría, risa, amistad, compartir, agradecer, ilusión, magia, diversión, buen humor o pasión no son sólo palabras, ya que pueden convertirse también en antídotos contra la tristeza, el sufrimiento y la soledad; ésta es la tesis sostenida por Luis Castellanos, doctor en Filosofía, experto y pionero en el estudio del llamado lenguaje positivo, el cual «determina el rumbo de nuestro pensamiento, actitud ante la vida e incluso nuestra salud y longevidad», afirma el autor de «La ciencia del lenguaje positivo» (Editorial Paidós).

Investigador durante años del lenguaje (oral, gestual y escrito) y su relación con las emociones, Castellanos no suscribe el aforismo de que «una imagen vale más que mil palabras», sino que considera que «una imagen tiene miles de palabras, que forman unidad en nosotros». Para este experto existen dos términos cruciales en la vida emocional de las personas: afortunadamente y creatividad. Con respecto a la primera, Castellanos, autor de «Educar en lenguaje positivo» (Paidós Educación) le atribuye el efecto contrapunto frente a la pregunta ¿por qué me pasa a mí esto? Se trataría de darle una visión positiva a cualquier suceso o experiencia dolorosa que nos toque afrontar. «Según Seligman, las emociones pueden cambiar nuestra vida», dice Castellanos, citando al padre de la denominada Psicología Positiva, que ya ha creado escuela también en España.

Precisamente Castellanos desarrolló su tesis del lenguaje positivo en paralelo a la realización de los trabajos de Seligman con la Psicología. «Se trata de tomar conciencia de las emociones», dice el autor, «también de tomarla con respecto a las palabras, una a una». «Conceptos internos o pensamientos albergan el lenguaje», añade Castellanos, quien recuerda que «la nueva forma de comunicarnos se basa en esto, en la creatividad, en poner en marcha un lenguaje que nos enseñe el mundo de modo distinto, nombrando las cosas de manera diferente, ya que las palabras son movimiento y transforman la realidad».

Aval científico

Buena prueba de ello son los estudios realizados por Castellanos y su equipo en el Colegio Julio Pérez, en la localidad madrileña de Rivas. Durante un curso escolar trabajaron con padres, profesores y alumnos de secundaria con edades comprendidas entre los 13 y los 15 años. El proyecto, denominado «Palabras habitadas», se ha basado en el manejo del lenguaje positivo en las aulas, con apoyo de las familias. El resultado se materializó en la mejora de las calificaciones de los escolares, junto a un mayor vínculo de amistad entre los estudiantes. El ejercicio consiste en crear listas de comprobación, similares a las empleadas en aviación, para asegurar que se cumplan los protocolos de seguridad; «trasladada al lenguaje, la lista de comprobación incluye no más de 15 ítems con preguntas tales como «¿Has dicho buenos días a tu hijo?» o también «¿Cómo es tu lenguaje al levantarte?», asegura Castellanos, «lo cual te lleva a ser consciente de cómo te expresas».

«Las palabras que me digo»

La respuesta física del cerebro al lenguaje positivo ha sido medida en deportistas de la talla de Pablo Laso, entrenador de baloncesto, o del jugador Sergio Rodríguez, tal y como explica el propio Castellanos: «El estudio se basa en el tiempo de reacción del cerebro ante estímulos clasificados como palabras positivas, negativas y neutras; pues bien, ante el estímulo de términos positivos se produce una intensificación de la atención, lo cual a su vez se explica porque se acierta un mayor número de veces en la práctica deportiva en cuestión».

La menor latencia en el tiempo de respuesta se suma a la reducción en el de recuperación entre una y otra pregunta: «El lenguaje positivo intensifica la atención y promueve la concentración, redirige el cerebro», asegura el experto, quien añade que «se trata de una actitud ante la vida, pero no de buenismo, sino de valentía, si bien requiere entrar en contacto con otras personas que estén haciendo lo mismo».

«La solidez con la que construimos nuestras vidas se fundamenta en el lenguaje, que cuando es positivo resulta apreciativo, es decir, se busca el lado favorable», asegura Castellanos, para quien el lenguaje interno es igualmente importante: «Resulta conveniente aprender a controlar las palabras que nos decimos», concluye.

BENEFICIOS PARA EL ORGANISMO

Tal y como argumenta Luis Castellanos en el libro «La ciencia del lenguaje positivo», las emociones pueden cambiar nuestra vida y, con ello, mejorar nuestra salud con efectos en el organismo:

- Mejora el funcionamiento cerebral: nos vuelve mentalmente saludables.

- Favorece la autoestima: incrementando la motivación.

- Reduce la angustia: evita el pensamiento negativo interno.

- Aumenta la atención: facilita la concentración.

- Promueve la creatividad: porque activa el pensamiento y la agilidad mental.

- Alarga la vida: porque el hecho de sentirse mejor aumenta la sensación de la felicidad y, con ello, la calidad de vida.

Las palabras influyen en el comportamiento: son energía y actúan en el cerebro. Dejan huella física, cognitiva y emocional. Cuantas más palabras positivas se pronuncien, mayor propensión del cerebro a construir momentos felices. La buena noticia es que se puede entrenar: sumar poco a poco nuevos términos positivos al vocabulario puede llegar a alargar la vida y la de los demás. El lenguaje determina nuestra forma de recordar el pasado, hasta el punto de que los momentos de alegría y felicidad se van sumando y construyen una vida más larga y saludable, porque también impulsan las decisiones que tomemos sobre el futuro.

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