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Inmunoterapia contra el cáncer de cabeza y cuello más agresivo

España da luz verde a la indicación de nivolumab para los tumores en el rostro y linfomas de Hodgkin más resistentes

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12 de marzo de 2018. 18:53h

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Pilar Pérez 12/3/2018

Pocos fármacos han conseguido en la Medicina tantas indicaciones como beneficios para los pacientes. Lo cierto es que desde la primera aprobación, allá en 2015 para el melanoma metastásico, la molécula inmunoterápica nivolumab –comercializado por BMS como Opdivo– ya ha conseguido otras cuatro a las que se suman ahora el carcinoma de células escamosas de cabeza y cuello y el linfoma de Hodgkin más resistente. Se trata de una buena noticia para los primeros, porque no había ninguna terapia para los enfermos en fase metastásica con cáncer de cabeza y cuello y también para los segundos, «porque el 70% de los casos que reciben nivolumab responden al tratamiento», explica Mariano Provencio, presidente del Grupo Oncológico para el Tratamiento de las Enfermedades Linfoides (Gotel) y jefe de Oncología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid.

En este sentido, Ramón García-Sanz, coordinador del Grupo Español de Linfoma y Trasplante Autólogo de Médula Ósea y hematólogo del Hospital Universitario de Salamanca, apunta las posibilidades de emplear la inmunoterapia en tumores hematológicos. «Supone una gran oportunidad para ese porcentaje de pacientes, un 14%, en los que no funcionan los trasplantes ni el resto de opciones terapéuticas», apunta García-Sanz. Sin embargo, Provencio aclara que de momento sólo se estudia la opción de trasladarlo a fases más tempranas del linfoma de Hodgkin o tumores hematológicos similares «porque en no Hodgkin no hay buenos resultados, de momento».

En cuanto a las posibilidades que ofrece en cáncer de cabeza y cuello, Ricard Mesía, presidente del Grupo Español de Tratamiento de Tumores de cabeza y Cuello (TTCC) y jefe de Servicio del Instituto Catalán de Oncología (ICO Badalona), subraya que «supone una gran oportunidad para la supervivencia de los enfermos porque la mortalidad es altísima y las tasas permiten encontrar un 17% de casos que sobreviven a los dos años». El experto subraya la buena tolerancia de este tipo terapia, «ya que son menos tóxicos que la quimoterapias y los pacientes tienen más calidad de vida». El presidente de Gotel añade que «para ser más claros puedo poner el ejemplo de una mujer, una ejecutiva, que tenía el linfoma muy avanzado y que, tras recibir la terapia, la presencia de focos tumorales han desaparecido. Y no sólo eso, puede llevar una vida normal, ir al trabajo y estar con su familia».

Uno de los desafíos que se han marcado ahora los investigadores es determinar el grupo de pacientes los que mejor «les va la molécula». Por ahora el biomarcador PD-1 (que determina la muerte programada de las células) es la diana del mecanismo inhibidor de nivolumab. «Pero no todos los tumores la expresan en la misma cantidad y por eso no es una cuestión de volumen sino de calidad y de qué otros elementos le acompañan. Por ejemplo, los ensayos nos han permitido observar su eficacia en linfomas de Hodgkin que tienen la expresión de PD-1, y que a la vez tienen la infección con el virus de Epstein Barr», explica Provencio.

Además, también saben que «tenemos pacientes con tumores de cabeza y cuello con grandes volúmenes de neoplasia en los que conocemos que no funciona esta terapia. Esto puede ser porque el cáncer se halle en estadios muy avanzados y al fármaco no le de tiempo a actuar. Aún estamos mirando en los ensayos clínicos porqué se da este hecho. Y así determinar en qué pacientes es más eficaz la inmunoterapia», explica Mesía.

Inmunoterapia contra el cáncer de cabeza y cuello más agresivo

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