Los límites de la medicina curativa

Urge dar una respuesta a los enfermos en el tramo final de sus vidas

  • Paciente siendo atendida por el médico | Luis Díaz
    Paciente siendo atendida por el médico | Luis Díaz

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17 de mayo de 2019. 15:49h

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Elías Díaz-Albo.  17/5/2019

Elías Díaz-Albo, responsable de la Unidad de Cuidados Paliativos de Hospital Beata María Ana

La medicina moderna ha convertido la muerte en un problema complejo, nacido en buena parte por la tensión surgida de los propios éxitos cosechados por esta ciencia en las últimas décadas. En este contexto, en el seno de la sociedad surgen preguntas cuyas respuestas no son fáciles ni unánimes. Por ejemplo, ¿se debe hacer todo lo posible?, y también, ¿hasta dónde debería llegar la medicina a la hora de prolongar una vida que se apaga?

Si hasta los años sesenta del pasado siglo la tónica dominante fue en mayor medida el abandono de los enfermos terminales ante la falta de respuesta de la medicina, a partir de ese momento surgió la alternativa opuesta que fue evolucionando de la mano de una altamente tecnificada y especialmente agresiva con los enfermos no recuperables.

Sin embargo, con el inicio del nuevo milenio, una nueva concepción de la muerte se ha ido extendiendo dentro de la medicina. Se trata de un nuevo enfoque que nos habla de la necesidad de atender de forma específica al paciente en el tramo final de su vida, cuando su dolencia resulta incurable. Es evidente que el fallecimiento supone una realidad inexorable e inevitable, ante el cual lo único que podemos hacer es posponerlo. En este sentido, la muerte no es la enemiga a batir por la medicina; lo es, en cambio, cuando sucede en el momento equivocado. Por tanto, un nuevo método que nos informa de los límites de la medicina curativa.

En la práctica diaria de la medicina, nos encontramos con patologías progresivas, a veces incurables, que limitan de manera radical la calidad de vida del paciente, y ante lo que solo cabe ofrecer respuesta desde la parte paliativa y en una triple vertiente: el control de los síntomas mediante técnicas médicas; la comunicación responsable con el propio paciente y sus familiares y el apoyo emocional y espiritual. El objetivo a lograr no es otro que restituir, en la medida de lo posible, la calidad de vida del paciente en el tramo final de la misma.

La responsabilidad de cuidar la humanidad y dignidad de los pacientes llegada esa fase de la enfermedad recae directamente sobre los médicos y el personal sanitario que atiende las unidades de cuidados paliativos. Y requiere como competencias principales, aparte de las propiamente médicas, una comunicación responsable con el paciente que le devuelva el control sobre sus propias decisiones, además de ofrecerle el necesario soporte emocional y espiritual. Todas ellas, son labores que se pueden aprender.

Mención aparte requieren los cuidadores por tratarse de una tarea difícil y absorbente. La mayor parte de las veces llena de temores y envuelta en el desconocimiento acerca de qué hacer y cómo atender al enfermo. Tanto es así en lo que respecta a sus necesidades físicas como emocionales. Suele suceder que son las olvidadas en este proceso y precisan de apoyo a la hora de tomar decisiones que afectan tanto al paciente como a ellos mismos, pues el riesgo de descuidar su propia salud es considerable. Asimismo, durante este transcurso es previsible que necesiten satisfacer sus necesidades de comunicación y que precisen de soporte emocional.

La prolongación de la vida, gracias a los avances logrados por la medicina y la extensión de usos y costumbres de vida saludable, ha dado lugar a que muchas enfermedades se cronifiquen, lo que implica complicaciones puntuales e ingresos frecuentes en los centros hospitalarios. Son situaciones de escasa respuesta a tratamientos específicos o deterioros severos del nivel funcional.

Esta realidad nos abre la puerta a un nuevo episodio en relación a la respuesta que debemos dar a los enfermos en el tramo final de sus vidas y representa también un desafío para los cuidados paliativos para seguir dando una respuesta eficaz que asegure la calidad de vida del paciente. Resulta ser el gran objetivo de esta nueva forma de atención sanitaria en el final de la existencia, cuyas herramientas son el trabajo en equipo, la comunicación interdisciplinar, el control de los síntomas y el apoyo emocional.

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