Sobremedicados: Siete de cada diez fármacos infantiles se emplean en procesos banales

Los pediatras creen que existe una utilización excesiva de medicamentos para síntomas menores. Cuestionan la utilidad de los jarabes para la tos y confiesan que los pequeños han recibido más antibióticos de los recomendados

Los pediatras creen que existe una utilización excesiva de medicamentos para síntomas menores. Cuestionan la utilidad de los jarabes para la tos y confiesan que los pequeños han recibido más antibióticos de los recomendados

Llega el otoño y con él los virus y las bacterias «campan a sus anchas» en colegios y guarderías, donde los pequeños hacen las veces de diana y de vectores de transmisión. Y, ¿qué hace cualquier padre cuando el niño llega a casa un «poco caliente» y con tos? Pues le da un poco de paracetamol y rebusca en el botiquín casero, que seguro que tiene algún jarabe para la tos, o si no directos a la farmacia a por uno. ¿Esto está bien? ¿No sería mejor consultar con un pediatra o esperar a ver cómo evoluciona el pequeño?

Los médicos tienen clara la respuesta: sobremedicamos a los niños, sobre todo en procesos menores. Juan Bravo, miembro del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), se muestra contundente: «Yo no hablaría de sobremedicar, pero sí de utilización excesiva de medicamentos para síntomas menores». Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap), María Esther Serrano Poveda, pediatra del Centro de Salud «Benicalap-Azucena», asegura que, «en primer lugar, se debe valorar si el medicamento es necesario. Casi el 70% de los fármacos usados en la infancia son para procesos banales y autolimitados en los que no está claro el beneficio. Cuando sí es necesario, debe elegirse un fármaco que haya demostrado ser eficaz y seguro». Quizás el problema resida en que todavía no ha llegado a la sociedad la idea de que no toda la fiebre es mala. «En España todavía impera la cultura de la “fiebrefobia”. Es difícil que cale el mensaje de que el aumento de la temperatura es una respuesta adaptativa y beneficiosa, que tiene como finalidad acortar el tiempo que dura una infección», manifiesta Iván Carabaño, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles.

Así, en España no existen muchos trabajos sobre consumo de medicamentos en población pediátrica, pero Celada asegura que «en los pocos realizados se aprecia un alto consumo de anticatarrales, sobre todo en la población de más corta edad. Los niños están consumiendo muchísimo ibuprofeno, paracetamol y antibióticos, lo que ha generado una resistencia de las bacterias causantes de ciertas enfermedades. En los niños más pequeños (menores de cinco años) se aprecia un mayor consumo de medicamentos (prescritos y no prescritos) que en los niños mayores». En este sentido, la portavoz de Aepap añade que «la exposición temprana a los medicamentos pudiera estar relacionada con un posterior exceso en su consumo o con un patrón de dependencia respecto del efecto placebo de la medicación».

¿Cómo y cuándo?

Entonces, la dificultad ahora estriba en que los padres sepan cómo actuar en cada caso, siempre asesorados por un profesional médico y sobre todo, como recalca el portavoz de AEP, «evitar acumular en el domicilio medicamentos, tanto de indicación pediátrica como los de los adultos». La idea está clara: se usan y se llevan al punto Sigre de reciclaje para evitar un mal empleo en el futuro. «A veces se pierde el ‘‘respeto’’ a los fármacos por el uso rutinario, pero hay que recordarlo», subraya Serrano Poveda.

En el caso de la fiebre, el uso de antitérmicos está recogido en los manuales de pediatría tanto de AEP como de Aepap: cuando la temperatura es mayor de 38-38,5º C en la axila, salvo excepción de sufrirla un pequeño con enfermedades cardiacas, respiratorias, neurológicas o metabólicas importantes o si hay antecedentes de crisis convulsivas febriles. Carabaño añade que «la administración de los antitérmicos tendría que venir guiada por el estado general del niño, más que por la magnitud de la fiebre».

Como apuntan los expertos, no sólo es cuestión de que se intenta acabar con la fiebre antes de que ésta muestre por qué aparece, sino que cualquier alteración patológica en el niño se pretende controlar casi antes de que aparezca, porque, como apunta Bravo, «es cierto que algunos medicamentos de uso común como los antitérmicos (medicamentos frente a la fiebre) o los analgésicos (para el dolor) puede que se usen en exceso». Aquí cabe destacar el abuso o uso excesivos de los antitusivos o jarabes para la tos. «En los meses de invierno y con la llegada de los catarros y procesos febriles, los niños comienzan a tomar medicamentos para aliviar los síntomas. Antitérmicos, analgésicos, antitusivos y mucolíticos son los más utilizados», explica la pediatra de la Aepap.

Sin embargo, no todos los mencionados son seguros o inocuos. Serrano Poveda advierte de que «muchos tratamientos fitoterapéuticos u homeopáticos son populares entre una gran mayoría de padres, cuidadores e incluso entre profesionales sanitarios porque son percibidos como “suaves”, naturales y menos tóxicos. Pero no existen evidencias claras de su eficacia o su inocuidad. Y en algunos casos, sí se han demostrado efectos adversos». No obstante, como comenta Carabaño, «cada vez hay menos jarabes para la tos o los mocos en los botiquines domésticos, pero alguno queda. Y no son más eficaces que un buen vaso de leche templada con miel, o un buen vaso de agua».

Porque, de lo que no cabe duda, es que lo que se adquiere en la farmacia es seguro y no da problemas, sólo será así, si se hace un mal uso del mismo. Ana Celada, farmacéutica comunitaria del Grupo de Inmunología de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (Sefac), comenta que «la medicación que dispensamos en la farmacia comunitaria cumple todas las garantías de calidad que marcan la legislación europea (EMA) y española (Aemps) y es segura siempre que se utilice de forma correcta siguiendo las indicaciones del médico o cualquier profesional sanitario implicado».

Antibióticos

Un capítulo aparte merecen los antibióticos, cuestión que preocupa ya hasta a la OMS, dadas las últimas alertas emitidas por este organismo. Y no es para menos si los pediatras admiten que «por diversas razones los niños han recibido más antibióticos de los recomendados, al menos en nuestro país», asevera Bravo. O, como apunta Serrano Poveda, «aunque los antibióticos son medicamentos con receta médica, en la práctica, en cerca de un 30% de los casos se consumen sin que lo haya indicado el médico. Incluso muchas veces es el propio padre o familiar el que lo pide al pediatra, sobre todo en los casos de infecciones respiratorias. Por fortuna, la automedicación con antibióticos en niños es mucho más baja que en adultos». Quizás esto llevase al desarrollo de otros problemas, ya que «actualmente se han realizado estudios que relacionan el abuso o uso incorrecto de antibióticos con aparición de alergias alimentarias», expone Celada.

Entre los motivos más frecuentes de prescripción están los catarros, «que son infecciones víricas que no precisan de estos medicamentos para su curación; son procesos autolimitados que curan sin necesidad de antibióticos, pero hay que tener claro y explicar con calma a los padres que pueden durar una semana», explica Bravo. Además, también se prescribe en las otitis, esas infecciones víricas de oído que tan famosas son en guarderías y centros infantiles, y que pese a que su curso natural tienen una remisión espontánea, se propone un «tratamiento sintomático del dolor y el malestar, y reservar el antibiótico para niños con algunos indicadores de que pueden beneficiarse de su administración», añade el portavoz de la AEP.

En la actualidad, ya se empiezan a dar casos en los que con una simple prueba se puede saber si la infección es vírica o bacteriológica para determinar el uso o no del antibiótico. «Existen en este momento algunos test de detección rápida que se pueden utilizar en las consultas pediátricas y que permiten orientar el diagnóstico de enfermedades bacterianas frecuentes para mejorar la indicación de la prescripción de antibióticos y minimizar el uso inadecuado de los mismos. El pediatra valorará la coherencia entre los síntomas del niño y el resultado del test», explica Serrano Poveda. El uso de los antibióticos debe estar ajustado a una necesidad, «y esa necesidad ha de estar documentada por un cultivo, unos ‘‘scores’’ de gravedad o pruebas de detección específica. La mayor parte de las infecciones en la edad pediátrica son respiratorias, y se deben a agentes víricos. Los virus no mueren con antibióticos», subraya Carabaño. Y quizás, la falta de calado de este mensaje es lo que ha llevado a la OMS a alertar de las resistencias, muchas de ellas creadas en la infancia.

Coherencia

Los pediatras no alarman, sólo intentan llevar el sentido común a los hogares, y, junto a los farmacéuticos, convertirse en los aliados de los padres en la consecución del bienestar de los pequeños. «Los padres deben prestar atención al pediatra en consulta. El farmacéutico en la farmacia debe asegurarse de que los padres han entendido lo que el médico les ha dicho y apoyarse en el prospecto en caso de urgencia», concluye Celada.

No a la automedicación en niños

La automedicación es una práctica habitual en los adultos, ya que una Encuesta Nacional de Salud apunta que representa un 15% del consumo de fármacos del SNS y que más de la mitad de las personas consumen fármacos a pesar de «encontrarse bien». Si este hecho se traduce a los pequeños, estamos ante un problema grave. «Los niños son uno de los grupos más susceptibles de sufrir las consecuencias del consumo de medicamentos sin control médico», explica Serrano Poveda. Sobre todo en los casos en los que a priori parece que lo que toman es inocuo o con bajos efectos secundarios. «Los padres también deben conocer que hay unos medicamentos llamados UTB (de baja utilidad terapéutica), que no han probado su utilidad y con una baja relación coste-beneficio. Algunos se venden bajo el epígrafe OTC (over the counter). Significa que no hace falta receta médica para comprarlos. Sin embargo, casi ninguno está exento de efectos secundarios», añade la portavoz de la Aepap. «Convendría realizar programas de educación sanitaria que impliquen a padres y niños y que fomenten el autocuidado y el uso racional de los medicamentos en general. Estudiar el impacto de la publicidad en el abuso o mal uso de los fármacos. Y establecer normativas al respecto», concluye Serrano Poveda.