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Yoga: Una disciplina milenaria con usos terapéuticos

Para recuperarse de un ictus o mejorar la calidad de vida durante un proceso oncológico. Antes de empezar hay que consultar con un médico y un buen profesor

  • Los beneficios cardiovasculares del yoga pueden deberse a la reducción del estrés, ya que, por ejemplo, entre las mujeres suponen uno de los mayores riesgos de ictus / Foto: Gtres
    Los beneficios cardiovasculares del yoga pueden deberse a la reducción del estrés, ya que, por ejemplo, entre las mujeres suponen uno de los mayores riesgos de ictus / Foto: Gtres

Tiempo de lectura 8 min.

07 de agosto de 2018. 18:57h

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Pilar Pérez Madrid. 20/8/2018

Una de las disciplinas más antiguas supone hoy una de las actividades físicas más de moda. Hasta Occidente ha llegado el yoga para dar respuestas a muchas necesidades y curiosidades que antes se quedaban sólo en los templos de la lejana Asia. En España cuenta con el aval de la Administración, puesto que en 2011 se dio «luz verde» a la cualificación profesional, por lo que, a pesar del intrusismo que pueda darse, quienes acuden a clases pueden (y deben comprobar) la validez de las enseñanzas de su maestro. Cada día, la Medicina encuentra nuevos avales para «prescribir» esta disciplina a determinados tipos de pacientes.

Recientemente, un taller sobre ictus, «Invictus», subrayó los beneficios cardiovasculares y rehabilitadores del yoga. Almudena Castro, coordinadora de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Hospital La Paz (Madrid), ex presidenta de la sección de Cardiología Preventiva y Rehabilitación Cardiaca de la SEC (Sociedad Española de Cardiología) y directora de Mimocardio, manifiesta que «es un tipo de ejercicio que combina práctica física, espiritual y mental; por ello ayuda a controlar el peso, la presión sanguínea y los niveles de colesterol. Los beneficios cardiovasculares del yoga pueden deberse a la reducción del estrés, ya que, por ejemplo, entre las mujeres suponen uno de los mayores riesgos de ictus. Además, constituye un tipo de ejercicio de bajo o nulo impacto aeróbico que las personas mayores o con enfermedades cardiacas previas pueden realizar sin riesgo».

En una investigación presentada la semana pasada en la Conferencia de Medio Oriente del Colegio Americano de Cardiología en Dubái, se demostró que los pacientes con enfermedades cardiacas que practican yoga además del ejercicio aeróbico redujeron hasta dos veces más las cifras de presión arterial, el índice de masa corporal y los niveles de colesterol en comparación con aquellos que practicaban de forma individual estas actividades.

Por ello, en cuanto a la prescripción que puedan hacer los facultativos, Castro establece que «una de las ventajas del yoga es que puede adaptarse a las características de cada paciente. Por tanto, prácticamente cualquier paciente puede aprovechar los beneficios». Xuan Lan, profesora de yoga y fundadora de Yogalan, participante en el taller «Invictus», explica que «favorece la unión de cuerpo, mente y espíritu; la práctica ayuda a las personas que han sufrido un episodio cerebrovascular a ser más conscientes de sus sensaciones físicas, pensamientos y emociones, y, por lo tanto, a sus necesidades de integrar hábitos de vida saludables en su día a día, sustituyendo a los antiguos. Además, propone una alternativa suave para mover el cuerpo. Ser físicamente activo mantiene el bienestar físico y mental, y propone ejercicio de meditación especialmente beneficiosos para combatir el estrés».

¿Reticencias?

Sin embargo, uno de los hándicaps del yoga, es su fama: visto como una práctica de «frikis» que se buscan así mismos y que donde si no se tiene elasticidad suficiente, no se puede realizar. Mario Silva, consultor de Mindfulness y profesor de yoga de City Yoga en Madrid, cuenta «como todo en la vida, lo primero es ir a clases, practicar y tener la experiencia. La única manera para que el yoga pueda enraizarse en tí y que sea una rutina, es que lo descubras sobre la esterilla y te comprometas. No importa qué te motive (más flexibilidad, sentirte mejor, bajar los niveles de estrés, bajar de peso, etc.) Lo principal es la experiencia y sólo a través de ella y con la guía de un profesor cualificado, practicar, practicar... y, después, practicar».

Quizás, esto no se cumple con los que lo prueban. La cardióloga de la SEC cuenta el «feedback» de los pacientes: «Experimentan una mayor relajación, pero además agradecen la oportunidad de socializar y participar en una actividad en grupo». Así, Castro subraya que lo importante «es mantener una rutina y hacer una práctica regular. Por otra parte, y especialmente cuando se empieza, es imprescindible seguir las recomendaciones del equipo médico y del profesor o profesora de yoga».

José Manuel Vázquez Díez, que lleva más de 25 años dedicado al estudio y ejercicio de esta disciplina, reúne en la obra «Los valores terapéuticos del yoga» (Alianza Editorial) las claves de esta práctica milenaria y su utilidad tanto en Medicina como en la vida occidental. «En mi experiencia, la mayoría de las personas que acuden a un estudio de yoga lo hacen porque les duele algo. Es así de sencillo. –explica en su libro Vázquez Díez–. Un dolor de espalda que nos visita con frecuencia, la angustia de una pérdida, el malestar que nos causa una mala gestión emocional...».

Otra de las bondades que enuncian los expertos es que no hay un único yoga, sino que existen variantes y escuelas que se ajustan a las necesidades de cada uno. Luan explica que «el Hatha yoga es el ideal para iniciarse y aprender los básicos de la respiración correcta y las posturas iniciales. Pero en el caso de las personas con secuelas tras un ictus, pueden realizarse otro tipo de posturas más cómodas, como por ejemplo, posturas sentados en una silla. Para la relajación profunda se puede practicar el yoga Nidra tumbado en el suelo guiado por un profesor, o yoga facial para activar y relajar la musculatura del rostro con la respiración». Por su parte, Silva manifiesta que «todos los estilos son muy completos y saludables. Por lo tanto, un estilo concreto será bueno en una persona dependiendo de lo que necesite. No podría dar un consejo sobre el mejor tipo de yoga ya que todos son únicos y completos».

Hay estudios que manifiestan que contra el cáncer el yoga tibetano mejora la calidad del sueño de quienes reciben quimioterapia. El MD Anderson Cancer Center de Texas (EE UU) realizó un trabajo, publicado en la revista «Cancer», que ponía de relieve que pese a que los resultados eran modestos, valía la pena seguir observando los beneficios. Por eso, también se encuentran evidencias en pacientes con tumores de pulmón y leucemia. Antes de lanzarse a la práctica «lo primero es consultar con su equipo médico previamente a iniciarse en la práctica, tanto del yoga como de cualquier actividad física, para que le indique las posibles limitaciones recomendadas. Por otra parte, contar con una profesora o profesor con experiencia, que sea capaz de guiarle correctamente teniendo en cuenta su estado de salud», concluye Xuan.

CLAVES DE LA PRÁCTICA

Entender el proceso respiratorio: Este acto tan natural se emplea durante la ejecución de las asanas. Tiene tres finalidades principales: relajar, activar y equilibrar.

Paciencia y progresión: Lo apropiado es avanzar poco a poco y dejar que el yoga sirva de «conductor» del conocimiento del propio organismo y sus limitaciones.

Asanas, el secreto de las posturas: Durante la ejecución de las mismas se busca dotar al cuerpo de una mayor libertad de movimiento. Hay tantas diferentes formas de realizarlas como momentos y personas.

Conocimiento del cuerpo: A través del yoga anatómico uno obtiene un mapa con el cual reconocer los lugares por donde pasan el recorrido del viaje de exploración y conocimiento del propio organismo.

La tradición del yoga y la meditación: Los métodos de atención focalizada conducen a mecanismos de atención abierta donde la mente es más receptiva a los estímulos sin reaccionar ante ellos.

*(Extraído de «Los valores terapéuticos del yoga»)

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