
Turismo
La cueva de Ibiza que solo los residentes conocen: perfecta para tomar el sol y hacer 'snorkel'
Situada muy cerca de Platjes de Comte, es un rincón clave para estar tranquilo, huir de la masificación y ver la puesta de sol. Desde el enclave se ve además es emblemático islote de es Vedrà

En una isla conocida por sus calas escondidas, aguas turquesas y espectaculares puestas de sol, Sa Figuera Borda se ha consolidado como uno de los rincones más singulares de Ibiza.
Situada en la costa suroeste, cerca de la popular Cala Comte, esta formación natural atrae tanto a curiosos como a amantes de la fotografía, viajeros en busca de paisajes auténticos y, cada vez más, a quienes prefieren los enclaves alejados del bullicio turístico.
A medio camino entre cala salvaje y mirador, Sa Figuera Borda no es una playa al uso. No hay arena blanca ni chiringuitos cercanos, pero ofrece una experiencia que va mucho más allá del baño en el mar.
El lugar debe su nombre a una antigua higuera ('figuera', en catalán) que crecía torpemente entre las rocas, a menudo azotada por el viento y el sol. Hoy, aunque la higuera original ya no existe, el lugar conserva ese halo de naturaleza cruda, de rincón olvidado, en pleno Mediterráneo.

El mejor momento: el atardecer
Lo que hace especial a Sa Figuera Borda es su gran oquedad en la roca, una especie de cueva abierta o túnel natural que conecta el acantilado con el mar. Esta característica geológica forma una especie de balcón o ventana natural al mar que, en las horas del atardecer, se transforma en un espectáculo de luces, sombras y reflejos.
Muchos visitantes acuden al lugar precisamente para contemplar la puesta de sol desde este marco rocoso, con la isla de s’Espartar al fondo y el sol desapareciendo lentamente en el horizonte.
El acceso a Sa Figuera Borda no está señalizado de forma oficial, lo que contribuye a su carácter algo secreto. Se puede llegar a pie desde el aparcamiento de Cala Comte o desde la vecina cala Codolar, siguiendo un sendero no demasiado exigente.
Aunque no es un lugar apto para todo el mundo -el terreno es irregular y no hay servicios-, quienes lo visitan suelen destacar la sensación de aislamiento y libertad que se respira allí.
Varaderos típicos de la isla
A lo largo de los años, el enclave ha sido utilizado por pescadores locales, que construyeron pequeñas casetas (varaderos) de madera y piedra donde guardaban sus barcas y aparejos.
Aunque muchas de estas construcciones están en desuso, forman parte del patrimonio etnográfico ibicenco y confieren al lugar una atmósfera auténtica, casi cinematográfica.
Repercusión en redes sociales
En los últimos veranos, Sa Figuera Borda ha ganado notoriedad en redes sociales, lo que ha despertado cierto debate entre quienes celebran su descubrimiento y quienes temen que el enclave sufra los efectos de una sobreexposición turística.
Las autoridades locales, por el momento, no han impulsado un plan específico de conservación, aunque algunas asociaciones vecinales y grupos ecologistas han advertido sobre el riesgo de masificación y acumulación de residuos en entornos frágiles como este.
Aun así, la magia de Sa Figuera Borda continúa intacta. Supone un equilibrio entre lo salvaje y lo íntimo lo que convierte a Sa Figuera Borda en algo más que un simple mirador.
Ibiza, con todos sus contrastes, sigue albergando lugares donde la naturaleza se impone, y donde la experiencia se mide no por lo que se gasta, sino por lo que se siente. Sa Figuera Borda es uno de esos lugares.
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