Medio Ambiente

Una plaga de palomas amenaza los campos de Baleares: los agricultores no pueden más

Las torcaces amenazan año tras año las cosechas vitícolas poniendo en jaque a la producción y los ingresos de todos los trabajadores que siguen dedicándose al sector primario

Palomas en un cable de luz
Palomas en un cable de luzLa RazónLa Razón

Lo que en apariencia podría parecer un simple movimiento de alas para espantar a una paloma, en Baleares se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para agricultores y administraciones.

La paloma torcaz, antaño asociada a entornos forestales y considerada una especie estacional, ha encontrado en las islas un hábitat cómodo, con abundancia de alimento y escasos depredadores naturales.

El resultado es un aumento poblacional que amenaza directamente a los cultivos y que ha obligado a las instituciones a declarar situaciones de emergencia cinegética en diferentes islas.

Campos de cereales, viñedos y olivos afectados

Los campos de cereal, viñedos y olivares se han convertido en el principal objetivo de estas aves, que llegan a formar bandadas de decenas de ejemplares. Allí donde encuentran grano seco, racimos de uva o aceitunas, se instalan con facilidad y arrasan en cuestión de horas lo que al agricultor le ha costado meses de trabajo. La sequía actual ha acentuado el problema, ya que el grano seco es precisamente el alimento preferido de la especie, lo que multiplica el atractivo de las plantaciones baleares.

En el último año, las instituciones insulares se han visto obligadas a aplicar medidas excepcionales para frenar el impacto de estas aves. En diferentes islas se han aprobado periodos extraordinarios de caza, alargando la media veda con el objetivo de reducir una población que se percibe como incontrolada. Se calcula que solo en una temporada pueden capturarse miles de ejemplares, y aun así la población se mantiene estable o incluso crece.

El problema no se limita únicamente al campo. En zonas urbanas y periurbanas, la torcaz se ha adaptado sin dificultad a nuevos ecosistemas, colonizando pueblos y acercándose cada vez más a la costa. En este entorno encuentran agua, restos de comida y refugio para reproducirse, lo que multiplica su capacidad de expansión. A diferencia de lo que ocurría hace algunas décadas, ya no se trata de un ave que aparezca únicamente en determinadas temporadas: ahora se queda todo el año.

La insularidad: otro factor en contra

La insularidad juega en contra de los agricultores. En el archipiélago, a diferencia de la península, apenas existen depredadores naturales que puedan frenar el crecimiento de la especie. Rapaces como el azor o el halcón, que en otros territorios ayudan a mantener cierto equilibrio, son mucho menos frecuentes en Baleares, lo que convierte a la torcaz en una especie sin control biológico real.

Los agricultores llevan tiempo alertando de las pérdidas económicas que esta situación provoca. Una sola bandada puede arruinar la cosecha de un pequeño campo en una sola mañana.

Además, los daños no se limitan al grano: la paloma consume uva antes de la vendimia y aceituna antes de su recolección, reduciendo drásticamente la calidad y cantidad del producto final. En un contexto de sequía y con costes de producción cada vez más altos, estos ataques suponen un golpe difícil de asumir para muchas explotaciones familiares.

La plaga más difícil de erradicar

El reto para el futuro es encontrar un equilibrio entre la protección de la biodiversidad y la necesidad de defender el trabajo agrícola. De momento, las medidas se centran en la caza controlada y en la declaración de emergencias puntuales, pero cada vez son más las voces que reclaman un plan integral de gestión que combine control poblacional, estudio del impacto real y búsqueda de alternativas sostenibles.

La realidad, sin embargo, es que hoy por hoy la paloma torcaz se ha consolidado como una de las plagas más difíciles de erradicar en Baleares. Su capacidad de adaptación, su elevado ritmo reproductivo y la ausencia de depredadores hacen que el problema no tenga una solución inmediata.

Mientras tanto, agricultores y administraciones continúan en busca de estrategias que permitan convivir con esta ave sin que la economía del campo balear pague las consecuencias.