Europeístas

España es un buen lugar para empezar a reivindicar Europa. Aprender de la historia para no repetir errores y seguir manteniendo vivo un espíritu de superación continuo. Hablaremos de sostenibilidad, lo importante que son los mercados y la solidaridad, proteger a la familia moderna para que transmita valores y, todo ello, con un nuevo lenguaje más amable, inclusivo y dialogante, porque todos somos Europa y nosotros somos Europeístas.

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Europa también se vota el 28A

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Sobre el autor

José Francisco Sigüenza, Rocío Santos, Miguel Ángel Arranz Molins, Carmen Serrano

José Francisco Sigüenza (@jfsiguenza). Estudié en Salamanca Ciencias Físicas. Oficial del Ejército del Aire, en la actualidad Capitán Reservista Voluntario. Participé en las misiones de paz de la antigua Yugoslavia y Afganistán, soy paracaidista y especialista NBQ (nuclear, biológico y químico). En la actualidad trabajo en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Rocío Santos (@RocioEuropeista) Estudié Ingeniería Superior de Telecomunicación en la Universidad Politécnica de Madrid. Mi proyecto fin de carrera lo hice en Sony International GmbH en Stuttgart (Alemania). He estado también formándome en Inglaterra, Gales, Estados Unidos y Suecia. Desde 2003 trabajo como ingeniera especializada en patentes tecnológicas, primero en Holanda y desde 2009 en Berlín. Miguel Ángel Arranz Molins (@mangelarranz) Bilingüe español-francés. Soy profesor de Seguridad acreditado por la Dirección General de la Policía con Máster en Gestión Integrada en Prevención, autor del libro Guía Práctica de Seguridad Infantil en el Hogar y secretario de organización de la Asociación Nacional de Profesores Acreditados de Seguridad Privada. Tutorizo el trabajo de fin de grado de los alumnos de Criminología de la Universidad Europea de Madrid. Soy Concejal/Portavoz del Grupo Municipal de UPYD en el Ayuntamiento Alcobendas. Colaboro con de Onda Cero Madrid Norte. Carmen Serrano Hospital (@seamos_una_voz). Licenciada en Derecho por la Universidad de Deusto, dedicada a asesorar a empresas. En la actualidad, trabajo en una agencia de desarrollo local. Presidenta de la Asociación iQual. En Europeístas coordino el grupo de trabajo de Familia junto con Arky.

Rocío Santos

Se habla mucho en estos tiempos preelectorales sobre la importancia de las elecciones europeas del 26 de mayo para el futuro de Europa o sobre la manera en que la mayoría de partidos políticos españoles elaboran sus listas europeas sin pensar en lo que puede aportar realmente cada nombre en Bruselas. Se habla, por tanto, de cómo influir en Europa a través de las elecciones europeas. Sin embargo, pocas veces se destaca lo mucho que decidiremos sobre la Europa que queremos cuando votemos en las generales del 28 de abril.

Y es que lo que elegimos directamente a finales de mayo es la composición del Parlamento Europeo, una institución que, si bien ha venido adquiriendo desde Maastricht mayor relevancia política en sus tareas de control y, sobre todo, como colegisladora, no es ni mucho menos la única, ni siquiera la más pesada. Los comicios de mayo son efectivamente importantísimos para el futuro de Europa, pero ahí no se acaba la relación entre los partidos nacionales y lo que se fragua dentro de la Unión.

Acostumbrados como estamos a que nuestros gobernantes presenten las medidas más negativas como procedentes “de Europa”, pero olviden mencionar a esa misma Europa cuando la medida aprobada es positiva, podríamos caer en el error de pensar que son responsabilidades dispares, que nuestro presidente y el mandato europeo poco tienen que ver, o que el equipo de gobierno resultante del 28A y la maquinaria comunitaria son temas aparte.

Sin embargo, el Parlamento Europeo comparte las funciones legislativas y presupuestarias con el Consejo de la UE (también llamado Consejo de Ministros) y éste está principalmente formado por ministros y ministras de los Estados miembros, que elegiremos indirectamente en los comicios del 28A.

También nuestro representante en la institución que define la orientación y las prioridades políticas generales de la Unión Europea saldrá elegido ese día; será el presidente del Gobierno resultante quien pasará a formar parte del Consejo Europeo y marcará, junto a los Jefes del resto de estados, la agenda política de la UE.

No es difícil imaginar un Consejo Europeo lleno de Wilders, Le Pens, Orbanes o Salvinis, cuya prioridad sea el propio fin de la Unión y no el avance a la tan necesaria integración. Cuidado, por tanto, con ese voto castigo que prevemos de corto alcance, porque puede salirnos caro si sirve para revertir los grandes logros de la UE en sus 60 años de historia, empezando por la paz del continente, que no por ser muy nombrada deja de ser menos valiosa.

También caro nos puede salir un Gobierno poco interesado en el funcionamiento comunitario y los plazos establecidos. La transposición tardía de una directiva puede privarnos a los ciudadanos de sus ventajas y puede mermar las arcas del Estado: España lidera el ranking de países que han pagado más multas por incumplir la normativa comunitaria.

Hoy en día el bienestar de nuestro país no puede desligarse del bienestar europeo y, por eso, es importante recordar que Europa también se vota el 28A.

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