Células durmientes

El Estado Islámico (EI) se prepara para una nueva fase de sus planes dirigidos a consolidar un gran “Califato Global”. La estrategia de conquistas territoriales, por más que muestren en sus últimas publicaciones drones con los que supuestamente van bombardear a sus enemigos, lleva camino de fracasar por las derrotas en Siria e Irak.

Tendrán que buscar bases más o menos seguras (¿Afganistán, Sudán, el Sahel...?) para mantener a su dirección en la clandestinidad) ya que el futuro que se han marcado es el de la atomización de la organización criminal.

El EI está dividido en wilayas (provincias), cuyos combatientes dicen disponer de terrenos consolidados, pero serán los atentados de sus células a lo largo de todo el mundo los que marquen el futuro de la banda yihadista.

Informes conocidos recientemente subrayan el crecimiento de las acciones criminales cometidas por los yihadistas en su objetivo de atacar en Europa, Asia, América, como ha sucedido en 2015 y 21016.

A lo largo del año pasado, los terroristas de este grupo criminal cometieron más de 4.000 atentados, con casi 11.000 víctimas. Bruselas, Orlando, Niza, Berlín, y otras localidades están en la mente de todos. Ataques contra los cristianos coptos o de otras naciones, aniquilación de los enemigos locales y así un largo etcétera.

Si los servicios antiterroristas tienen datos concretos, los mantienen, lógicamente, en secreto, pero no sería de extrañar que el Estado Islámico trabajara desde hace algún tiempo en la distribución de “células durmientes”, preparadas para entrar en acción en cuanto se lo ordenen.

Además, como ya ha ocurrido en el pasado, en los territorios en los que son derrotados dejan una extensa red clandestina que golpea a los nuevos administradores, un día sí y el otro también. Por ello, cualquier proclamación victoriosa sobre el EI a lo largo de este año, debería ir precedida de unas grandes dosis de prudencia.

No es casualidad que hace unos días los cabecillas del EI difundieran un vídeo, de unos 30 minutos de duración, en el que aparecen yihadistas chinos uigures que se entrenaban en algún lugar de Iraq. “Plantaremos nuestra bandera en China”, decían.

Desde que en 2015 se produjo el asesinato de un rehén de nacionalidad china, cientos de personas han muerto en la provincia de Xinjiang, donde se concentra la comunidad uigur.

Esta supuesta “demostración de fuerza” de yihadistas uigures en Irak, en pleno retroceso territorial, es una prueba del futuro que han diseñado los cabecillas de la banda terrorista. Los que se presentan como los salvadores de “ Al Turkistani”, (así denominan a la citada provincia china) anuncian que “como venganza por todas las lágrimas que fluyen de los ojos de los oprimidos, vamos a hacer que vuestra sangre corra por los ríos”.

Habrá que estar atentos, seguro que los responsables de la seguridad de occidente ya lo están, a las “células durmientes”. El entrenamiento en Irak de uigures no significa que no se esté realizando también con terroristas de otras razas y nacionalidades con el fin de extender el yihadismo por todo el mundo.