Dos mensajes, un peligro común

En las últimas semanas se han conocido extensas proclamas del cabecilla de Al Qaeda Central (AQC), Ayman Al Zawahiri; y del portavoz del Estado Islámico, Abu Al Hassam al Mujahir, que sustituyó a Abu Mohammad al Adnani, que murió en una acción militar de la Coalición Internacional.

Mientras el primero, desde su escondite en las montañas de Afganistán, fija una serie de objetivos para sus células, con los EE.UU como objetivo central, el segundo, fruto de la desesperación de quién tienen que interiorizar derrotas todos los días, opta por recomendar a sus combatientes que asesinen por doquier, como puedan y donde se les presente la ocasión, porque al final la victoria, eso dice, está detrás de la esquina. Cuestión de paciencia, recomienda.

No se debe despreciar el peligro de Al Qaeda porque la brutalidad del Estado Islámico haya copado durante meses las primeras páginas de los periódicos. Zawahiri fija tres prioridades: América, cuyos habitantes caerán bajo el “filo de nuestra espada”; unificar las filas de los muyahidines con el compromiso de un emirato islámico; y apoyo a las revoluciones de los pueblos oprimidos para que abracen la regla del Islam.

Es el mensaje de alguien que mira al futuro con una cierta perspectiva pero siempre con la finalidad de causar el mayor daño posible a los “infieles”.

Por el contrario, Al Mujahir, que demuestra un nerviosismo impropio de un portavoz y de la paciencia que recomienda, no se anda por las ramas. Unas frases a modo de cita:

Alá dijo lucha contra ellos. Alá los castigará con tus manos. Él los deshonrará (...) Aquí están los cruzados América y Europa, la antigua Rusia comunista, Irán, la Turquía secularista, los ateos kurdos... todos en una trinchera armados con un moderno arsenal militar, Teniendo en su compañía un inmundo esplendor de los medios de comunicación, cuyos eslóganes son uno, la erradicación del Islam y su pueblo”.

Propone, sin un orden estratégico definido, “establecer emboscadas, ser implacable en la lucha y severos en el combate (...) Destruye sus vehículos, sus posiciones. Aflígelos con angustia en sus santuarios, que prueben algo de la calamidad que causan” (también cita las embajadas). “Ésta será su última campaña y pronto saquearemos sus tierras”. “¡Por Alá, ha llegado el tiempo para que esos cráneos sean partidos y sus lenguas sean cortadas!”. “ Por lo tanto, atacarlos en sus hogares, mercados, calles, clubes, y dondequiera que menos lo esperan. Encender el suelo debajo de sus pies y ennegrece sus cielos”. Y que “Alá te bendiga”.

Dos mensajes muy distintos pero con el sello común del mal y el fanatismo. Ambos son peligrosos, el que parece tener tiempo para preparar los ataques como el que los perpetra a la desesperada.