De charco en charco

Espacio dedicado al mundo de los más pequeños de la casa. Moda, decoración, ocio, planes divertidos, cultura... todas esas facetas con las que nos encontramos a diario cuando somos padres. Su reto es simplemente echar una mano, inspirar, dar ideas, algún que otro consejo... porque con niños vamos saltando de un charco a otro.

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El bruxismo en los niños

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Sobre el autor

Tania Villate Consonni

Siempre me ha gustado escribir, comunicar... compartir. Abogada y Agente de Propiedad Industrial de formación y profesión hasta que me convertí en madre de familia numerosa, lápiz y papel siempre me han acompañado. Desde entonces mi atención se ha centrado en el mundo de los niños. Me preocupa la seguridad de los niños y me apasiona la moda, la decoración, descubrir formas formas en las que disfrutar del ocio en familia... es un universo mágico que nunca deja de sorprenderme.

Si tu hijo rechina los dientes es que padece bruxismo. Es incómodo y molesto, pero se puede tratar.

El bruxismo es precisamente eso: el rechinar de los dientes.

Normalmente los dientes se desgastan y las mandíbulas, los oídos e incluso la cabeza duelen. El niño, sin querer, aprieta la mandíbula y frota la arcada inferior y superior entre sí. El dentista colocará una férula de descarga (una especie de funda transparente) para que no rechine diente con diente y proteja los mismos del desgaste.

Se asocia normalmente a los adultos, pero también los niños pueden padecerlo, especialmente por la noche. Pero en los niños no se considera una patología, ya que tiende a desaparecer en la adolescencia. Suele aparecer a partir de los 6 años, cuando los dientes de leche comienzan a caer y los definitivos a salir. Es una forma natural de estimular la dentición y disminuirá con la aparición de los incisivos y muelas permanentes. En caso de que este hábito no desaparezca con el tiempo, deberemos acudir al ortopediatra para que analice cómo tratarlo y si puede deberse entonces a causas psicológicas como momentos de estrés o falta de sueño... o físicos como la maloclusión (mala alineación de los dientes) o parásitos intestinales (lombrices) cuya incomodidad puede ocasionar la tensión y nerviosismo que ocasionan que apriete los dientes.

Además de las ya mencionadas férulas de descarga, el niño también puede acudir a sesiones de fisioterapia para reducir la tensión de la mandíbula. Lo que siempre ayuda es intentar que el niño vaya a la cama un poco más relajado: un vasito de leche, un baño caliente, un pequeño masaje, nada de azúcar a partir de las 5 de la tarde ni pantallas o videojuegos al menos dos hora antes, leer un cuento, escuchar algo de música...

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