Política USA by J.M. Peredo

La llegada de Donald Trump a la Presidencia de EE.UU. ha generado incertidumbres en la política internacional y en la sociedad norteamericana. La posibilidad de que se produzcan cambios en la orientación de políticas como la medio ambiental o la de seguridad choca con la necesidad de una política exterior continuista. Los desafíos del mundo cuyas decisiones están aún por llegar. Este blog fija su atención en el proceso de transición que vive la primera potencia global

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Campaña en Oriente Medio

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Sobre el autor

José María Peredo Pombo

es Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid, donde imparte Comunicación Política Internacional e Imagen Exterior y Diplomacia Pública. Dirige el Media Lab Europea Media y el Observatorio de las Relaciones Internacionales (www.relacionesinternacionales.media) en la facultad de CC. Sociales y de la Comunicación. Compatibiliza su trabajo universitario con el ejercicio del periodismo y el análisis político en diferentes medios de comunicación y espacios de debate. Sus principales líneas de investigación son la política exterior de Estados Unidos, la comunicación de lobbies y grupos de presión, la opinión pública internacional y la cooperación española. Ha sido investigador principal del proyecto Influencia de los Grupos de Presión en las Elecciones Presidenciales de 2008 en Estados Unidos y coordinador del libro USA 08: las elecciones que cambiaron el siglo XXI.

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El presidente Trump, en plena carrera preelectoral, anunció hace pocos días la muerte del líder del Estado Islámico, Al Baghdadi, como una victoria americana y, consecuentemente, de la coalición anti Daesh. Para recomponer su deteriorada imagen en Oriente Medio, en la opinión pública doméstica y entre algunos representantes de su propio partido, que han valorado negativamente que desde la Presidencia se haga campaña utilizando decisiones de política exterior que pueden afectar a la credibilidad y a la propia seguridad de los Estados Unidos. Es decir, retirando las pocas tropas americanas que quedaban en Siria y abandonando a las milicias kurdas, aliadas en la lucha contra el terrorismo yihadista, para evitar cualquier enredo que pudiera poner en riesgo su estrategia de “repliegue híbrido”, basado en activar la propaganda, mantener las acciones selectivas y la amenaza del uso de la fuerza militar y añadir el objetivo electoral de incrementar el número de votos.

Sin embargo, algunos sectores del Partido Republicano no comprenden muy bien que, para optar a la reelección, Trump tenga que echar mano de la historia para valorar el conflicto en Oriente Medio como un error de la política exterior en el año 2003, motivado por la gran mentira en torno a la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, urdida, según recuerda la inmensa mayoría de los votantes, por el sector oficial del partido, con Bush Jr., Dick Cheney y los neocon del recién destituido Bolton, a la cabeza. Ni tampoco se ve con claridad entre las filas conservadoras, que el presidente, tal y como destacado el Washington Post, se haya gastado más que ninguno de sus antecesores en la preparación de la campaña electoral, medio billón de dólares, y haya creado, además, una inmensa maquinaria con 200 consultores políticos preparados para analizar, por ejemplo, cómo reaccionan los votantes cuando explota la casa de Al Baghdadi con terroristas, mujeres y niños dentro.

“No es nuestra frontera”, aseguraba Trump cuando justificó la retirada de la franja siria que linda con Turquía, añadiendo a ese argumento de la lejanía, el del coste económico, 8 billones de dólares, gastado en los distintos episodios del conflicto en la región. Y olvidando en cualquier caso que Turquía estuvo en el origen de la doctrina Truman y en el inicio de la contención al comunismo tras la segunda guerra mundial y que las ayudas y la posterior alianza con los turcos fue la manera de preservar la estabilidad en una amplia zona geoestratégica, garantizar un apoyo firme en Oriente Medio y de acercar los misiles americanos de la OTAN a pocos kilómetros de la URSS.

Y olvidando, aparentemente también, que Rusia no ha sido nunca un actor secundario en Oriente Medio. Los soviéticos firmaron acuerdos y financiaron y establecieron gobiernos afines en la región durante la Guerra Fría. Tras el desmembramiento de los sistemas comunistas, la Federación Rusa actuó con mano de hierro en el Cáucaso y mantuvo una relación privilegiada con las repúblicas centroasiáticas. Los proyectos de transporte de energía han involucrado a nuevos socios y reactivado la acción exterior del Kremlin en esa vasta y compleja región del corazón asiático. La lucha contra el

terrorismo ha sido durante los últimos 15 años un argumento político para promover estrategias defensivas y de seguridad compartida y la guerra de Siria, finalmente, ha permitido a los rusos perfeccionar sistemas de defensa que han reforzado su rol militar.

Si el neo aislacionismo mal entendido que se deriva de algunos discursos y tweets de Donald Trump perdiera el sentido global del realismo político exterior de Estados Unidos, para ganar unos cuantos miles de votos indecisos, algunos líderes republicanos podrían observar con buenos ojos la llegada de un estratega mejor preparado a la Casa Blanca. Obama nunca rompió los compromisos ni se retiró de los conflictos iniciados por sus antecesores, ni aún después de haberse puesto al frente de la operación contra Bin Laden y de asumir como un éxito de la política americana la muerte del terrorista. Pero esto ya se lo habrán explicado al presidente sus nuevos consultores.

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