No es país para cuerdos

La crisis de valores morales, origen de la corrupción política y económica estaba en su punto álgido, era 2012 y publiqué un artículo titulado "No es país para cuerdos". Nada ha cambiado sino a peor. Trataremos, desde aquí, de poner algo de cordura.

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Dr. Sanchez: plantón y vacaciones

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Sobre el autor

Jaime Rocha

Jaime Rocha (1942) ingresó en la Escuela Naval Militar de Marín en 1960, centrado gran parte de su labor profesional en la Armada, donde alcanzó su último empleo militar como Capitán de Navío del Cuerpo General, en 1993. Tras ocupar varios destinos vinculados a la Seguridad Nacional y como agregado en distintas embajadas e instituciones españolas acreditadas en el extranjero, se vinculó profesionalmente al sector privado. En el ámbito de la acción social, destacan su actual colaboración como Vicepresidente de la ONGD Madre Coraje de la que es voluntario y delegado en Cádiz. Es Secretario del Centro de Cádiz de la ACdP. Colabora desde 2008, en el Diario de Cádiz y revistas institucionales, como la de Caballeros Hospitalarios, de la que fue director.

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Este país, ya casi nadie dice España, y menos la izquierda, adolece de una tremenda falta de educación. Lo he escrito infinidad de veces en mis artículos con un título común: “Es la Educación, imbécil”, parodiando al presidente norteamericano Bill Clinton en la campaña electoral de 1992. Él decía: “Es la economía, estúpido” y le valió para ganar las elecciones. No pretendo tal, pero sí mover a algunas dormidas conciencias de nuestros políticos que parece que aún no se han enterado.

Es muy sencillito, que decía un antiguo profesor, solo consiste en respetar a los demás, respetarlos en el más amplio sentido de la palabra, es decir: no hacer ni decir nada que pueda molestar u ofender gravemente a otras personas. En eso consiste la buena educación. No dejarle el asiento al impedido, anciano o embarazada (cada vez más frecuente entre los jóvenes, aunque el asiento esté marcado para tal fin), es solo una muestra de la mala educación, como lo es llegar tarde a una cita y hacer esperar (perder inútilmente el tiempo en la espera) a la persona con la que hemos quedado, y no hace falta que sea S.M. El Rey Felipe VI. ¡A ver si nos enteramos Dr. Sánchez!, la misma falta de educación que si hubiera quedado con su jardinero.

Lo que pasa es que ha dado con un monarca, en este aspecto, excesivamente educado, que aguantó estoicamente cincuenta minutos. Otro se hubiera ido o simplemente le habría mandado recado aplazando el encuentro. No vale el retraso motivado por una reunión anterior. Quienes tenemos, o hemos tenido, una agenda apretada sabemos cuándo hay que cortar una reunión por un compromiso posterior y si es necesario aplazar para otra ocasión los que haya podido quedar pendiente, todo menos hacer esperar a nadie, sea quien sea. ¡Menuda falta de respeto y educación! Solo lo que llamamos “fuerza mayor” podría ser motivo del retraso o ausencia del encuentro, nunca una reunión anterior que debe estar siempre programada en su horario y extensión.

Viene a cuento un fenómeno nuevo, o semi nuevo en nuestra sociedad: los raperos. Muchos de ellos son seres humanos sin escrúpulos, ni respeto a nada ni a nadie, que amparados en la nueva “libertad de expresión” ofenden gratuitamente a víctimas del terrorismo, guardias civiles o quien se tercie. Son, junto con los escraches que puso de moda la izquierda, pero que les hacen llorar cuando va contra ellos, ¿verdad señora Colau?, las nuevas expresiones libres de esta sociedad española. Caiga quien caiga.

Esa nueva libertad de expresión ampara a los homenajes a etarras excarcelados y en esa dinámica, muy pronto a violadores reincidentes, corruptos y estafadores que también tienen familia y amigos. ¡Faltaría más!

De la importancia y transcendencia de la educación da idea el hecho consumado, gracias a la pasividad de nuestros políticos nacionales, de que los independentistas catalanes y vascos se apresuraron, con mucho éxito, a manejar la educación de sus autonomías, convertida en adoctrinamiento al más puro estilo nazi, con los resultados por todos conocido, cuando realmente solo tienen transferida la gestión, mientras la Inspección General del Estado lleva cuarenta años de vacaciones.

Y hablando de vacaciones. ¿Cree de verdad el Dr. Sánchez, a la sazón presidente del gobierno en funciones, que está la economía, que amenaza con recesión, la política, amenazada de secesionismo, y tantos problemas como tiene España en este verano de 2019, en una situación que aconseje a quien tiene la máxima responsabilidad de resolverlos tomarse unas “merecidas” vacaciones?. ¿Quiénes de ustedes, queridos lectores, no ha tenido que renunciar a ellas por motivos de trabajo o responsabilidad en determinadas ocasiones? Yo, simple funcionario, en más ocasiones de las deseadas y nadie me preguntaba.

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