Coaching y Emociones

¿Estás viviendo la vida que quieres vivir? Este blog es un espacio para tu desarrollo personal y profesional: tomar tus propias decisiones, enfrentarte al cambio, superar el miedo, mejorar tu gestión emocional y motivarte. Porque cada día es una nueva oportunidad para ser feliz. Descubre otros artículos en mi blog personal http://mariamikhailova.com/ También puedes seguirme en Twitter @mashamikhailova

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Ejercicio de Mindfulness para dejar de quejarse

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Sobre el autor

María Mikhailova

Experta en Coaching e Inteligencia Emocional por la Universidad Rey Juan Carlos. Ayuda a profesionales a descubrir sus talentos y crear su marca digital para emprender online y encontrar a través de su pasión un propósito en la vida y un estilo de vida independiente y libre.

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¿Crees que te quejas demasiado? En realidad, nos pasa a todos. No es algo raro ni poco habitual. El problema viene cuando la queja se convierte en nuestra voz interior y no nos abandona.

Como lo cuento en este otro post, normalmente son las personas que tienen una mentalidad de víctima las que no paran de quejarse. Es normal quejarnos de algo de forma puntual, especialmente cuando estamos reclamando nuestros derechos, esto último se llama asertividad y es bueno practicar esta manera de ser.

Sin embargo, si tus quejas no tienen un propósito de mejora, estamos ante una situación poco constructiva y puede que tú también te hayas cansado de ello y hayas pensado en cambiar esta situación. En tal caso, ¡mi más sincera enhorabuena! En este post quiero ofrecerte una sencilla y profunda técnica, basada en el famoso libro de Eckhart Tolle, “El poder del ahora”.

Cómo desterrar la queja de tu vida paso a paso

1. Haz una lista con tus quejas típicas y la frecuencia con la que te quejas de diferentes cosas durante el día. Para ello, lleva una libreta o anota en tu móvil la frase que pronuncias y piensas cada vez que sientes la queja (sí, las quejas internas también cuentan).

2. Después presta atención a aquellas quejas sin un propósito de mejora, ese tipo de queja que no provoca ningún cambio. Por ejemplo, quejas superficiales como el mal tiempo, los ladridos del perro, la TV demasiado alta de tu vecino, etc.

3. Escribe también las quejas más “relevantes” sobre algo que alguien te hizo o dijo (o incluso no hizo o no dijo), anota las quejas sobre tus hijos, pareja, trabajo, economía, gobierno, salud, etc.

4. Ahora viene lo más difícil. Observa tu lista y trata de ser lo más sincero contigo mismo: pregúntate si sólo estás intentando tener la razón, sentirte superior al resto o tu queja tiene sentido y por tanto debe ser formulada (no olvides que existen quejas constructivas, siempre que lleve un propósito de cambio o de mejora).

5. Cada vez que oigas tu voz quejándose, trata de verla de otro modo, como observándola desde fuera: un patrón antiguo en tu mente, la voz de tu ego. En realidad, esta voz no es tu verdadero yo, a menudo es la voz de tu mente que se aburre, que no tiene nada mejor o nada más importante que hacer en este momento.

De hecho, te sonará esta situación: estás totalmente ocupado en algo que te encanta hacer, no oyes ni sientes nada, ni siquiera tienes hambre. Pero en cuanto te aburres, prestas la atención a todo y todo parece molestarte.

Y es que nuestra mente existe en un estado de nunca tener suficiente, por lo que siempre busca más. Cuando te identificas con la mente, te aburres y te distraes fácilmente.

6. ¿Qué puedes hacer entonces? Cuando te sientas aburrido o inquieto, acepta esta sensación de sentirte aburrido o inquieto. A medida que vayas haciéndote consciente de estas sensaciones y no luches contra ellas, empezarás a notar una sensación de quietud y relajación. No sucederá al instante, pero recuerda el famoso dicho: lo que resistes, persiste. Cuando dejas espacio para una emoción, aunque a priori no te guste, la traspasas, ésta puede disminuir de intensidad y significado.

7. Otra manera de dejar de distraerte y enfocarte en lo que está mal es utilizando tus sentidos plenamente. Tratando de estar en el momento presente. Si sientes que no puedes más o quieres expresar tu queja, toma una profunda respiración y mira a tu alrededor. Simplemente observa, no busques interpretaciones. En nuestra vida todas las emociones se crean en base a dos factores: enfoque y significado. Enfócate en el presente, en tu respiración, tu cuerpo y sensaciones del mismo y dale el significado de “todo está bien, aunque todavía no sea como yo quiero”.

8. Observa el mundo sin pretender analizar ni juzgarlo: la luz, las formas, los colores, las texturas. Hazte consciente de la presencia de cada objeto. Observa el espacio que permite que cada cosa exista. Escucha los sonidos, sin tratar de juzgarlos. Unos sonidos pueden ser naturales y otros artificiales, algunos agradables y otros no tanto. No se trata de diferenciar entre bueno y malo. Deja que cada sonido sea como es, sin interpretarlo.

9. Al escuchar y observar la realidad de esta manera puedes llegar a percibir una sensación de relajación y calma interior. Es una sensación al principio muchas veces imperceptible, que puede también entenderse por paz, tranquilidad, toma de conciencia. Cuanto más lo practiques, más fácil te será llegar a este estado, pero requiere de mucha práctica y mucha paciencia, y sobre todo aceptación y humildad en este proceso de transformación.

Este ejercicio está basado en los preceptos de Eckhart Tolle de su gran libro “El poder del ahora” que literalmente ha transformado mi vida.

La cuestión de este ejercicio es que si te das cuenta de que te pasas la vida quejándote, sepas desconectar a tiempo, puedas reconocer esa voz que enjuicia, que está descontenta, que quiere ponerse por encima del resto, que trata de separarte de otros, la voz de tu mente, de tu ego falso. Y tratar de encontrar la otra voz: la voz de tu yo verdadero, de tu conciencia, hecha de amor, sabiduría, paciencia, comprensión y aceptación.

No es nada sencillo y requiere de paciencia y mucha práctica. Pero recuerda que el primer paso es justamente éste: reconocer que las quejas no te traen nada bueno. La queja es la falta de acción, es caer en el victimismo, es pensar que son los demás quienes deben resolverte la vida. Si de verdad quieres cambiar el mundo, ponte en marcha y empieza por cambiarte a ti mismo. Y si lo consigues (lo cual llevará no pocos años), verás cómo cambia tu percepción de la vida.

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