Coaching y Emociones

¿Estás viviendo la vida que quieres vivir? Este blog es un espacio para tu desarrollo personal y profesional: tomar tus propias decisiones, enfrentarte al cambio, superar el miedo, mejorar tu gestión emocional y motivarte. Porque cada día es una nueva oportunidad para ser feliz. Descubre otros artículos en mi blog personal http://mariamikhailova.com/ También puedes seguirme en Twitter @mashamikhailova

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El lenguaje que empleas marca tu vida

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Sobre el autor

María Mikhailova

Experta en Coaching e Inteligencia Emocional por la Universidad Rey Juan Carlos. Ayuda a profesionales a descubrir sus talentos y crear su marca digital para emprender online y encontrar a través de su pasión un propósito en la vida y un estilo de vida independiente y libre.

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Creo que es algo bastante obvio: los seres humanos usamos el lenguaje para comunicarnos, para explicar la vida, para entender el mundo, para estudiar, trabajar, criar a nuestros hijos, etc.

De hecho, somos seres lingüísticos, como sostiene el Coaching Ontológico. El lenguaje condiciona nuestra vida, está dentro de nuestras decisiones. El lenguaje es tan potente que una sola palabra puede elevarnos al paraíso más grande o sumirnos en la miseria más profunda.

Hablamos desde que somos niños. Aprendemos por imitación de nuestros mayores, la mayoría hemos crecido con dibujos animados que veíamos en la televisión, nos leían y aprendimos a leer cuentos, a escribir, a emplear palabras, verbos y adjetivos... También nos relacionábamos con otros niños, íbamos a las guarderías y colegios donde nos enseñaban maestros, educadores y profesores...

Nuestra forma de hablar y comunicarnos influye enormemente en nuestras relaciones sociales, familiares, profesionales. De hecho no usamos el mismo lenguaje en ámbitos distintos. Podemos ser más formales o más familiares, usamos un lenguaje más correcto o tal vez más vulgar, según cada ocasión, nuestra educación y el ambiente en el que nos ha tocado vivir.

Pero fuera de formas y convencionalismos, está el contenido, el lenguaje interno que dirige nuestras acciones, pensamientos y emociones. Ese famoso diálogo interior que marca nuestras decisiones, genera miedos o nos empodera, nos hace creer que somos capaces de grandes logros o nos hace caer en depresiones.

¿Alguna vez te has parado a observar tu lenguaje? ¿Has analizado cada palabra, tiempo verbal, conjunción recurrente que empleas? Parece innecesario y sin mucho sentido, ¿verdad? Sin embargo hacer este sencillo ejercicio puede revelarte tu manera de pensar, de ser y actuar en la vida.

Puedes descubrir por ejemplo, que abusas de las palabras “difícil”, “imposible”, “fatal” o simplemente darte cuenta de que empleas demasiado el “no”, “sí, pero...”, “no puedo...”, “no sé...”.

Incluso los tiempos verbales que usas con mayor frecuencia pueden indicarte tu manera de ser. Algunas personas abusan de imperativos, mientras que otras, al contrario, emplean demasiadas veces verbos condicionales.

Hoy te invito a hacer este pequeño ejercicio que puede resultarte muy revelador.

La vida es significado. ¿Y cómo le damos significado a nuestra vida? A través del lenguaje. Gracias a las palabras, vemos una situación como “terrible” o “maravillosa” o “neutra”.

No obstante, hay algo aún más curioso en esto de las palabras. Una misma situación la pueden ver dos personas de forma muy diferente. Imagínate que estás de vacaciones en un lugar soñado. Has preparado todo con mucho cariño, con gran antelación, has invertido dinero en el viaje, has planificado las excursiones, te has hecho muchas ilusiones al respecto. Y cuando llegas al lugar con el que tanto habías soñado, resulta que de repente que llueve todos los días sin parar por una fuerte borrasca imprevista.

¿Cómo verías esta situación? Probablemente como algo negativo. ¿Qué te estarías diciendo por dentro? Seguramente que esto no es lo que te esperabas, que has tenido muy mala suerte, que esto es horrible, etc.

En función de tu lenguaje y actitud habitual frente a la vida, tu grado de enfado o insatisfacción variará bastante.

Pero tal vez otra persona en tu lugar actúe de manera muy diferente. Puede que en lugar de enfocarse en el mal tiempo, piense que aún así hay otras actividades que sí puede realizar, como por ejemplo visitar museos, hacer turismo gastronómico o ir a un spa, incluso si no lo tenía previsto.

Te pongo otro ejemplo que ya es casi un clásico: un despido laboral. Puedes decir que es una injusticia y enfocarte en el enfado o caer en la depresión. O por el contrario, decirte que es una oportunidad y que todo está en tus manos. Conozco a no pocas personas que han llegado a decirme que el haber sido despedidas de sus trabajos fue lo mejor que les ha podido pasar, porque gracias a ese cambio que no se esperaban, por fin pudieron dedicarse a algo que de verdad les apasionaba o se atrevieron a emprender.

Y una cosa todavía más curiosa con respecto al lenguaje. La mayoría empleamos un lenguaje que no es enteramente nuestro. A veces viene de nuestra familia, pareja, compañeros de trabajo, nuestro grupo de amigos... ¿Te has parado a observar de quién son las frases o expresiones más típicas que utilizas? ¿Esas frases te hacen más feliz, más completo, o por el contrario, te alejan de lo que realmente deseas?

Como dice uno de los estudios que se ha hecho muy popular últimamente, nuestra vida en general suele ser muy similar a la de 5 de nuestros amigos más cercanos. Como ves, es muy fácil que nos influyan personas en las que confiamos o con las que tratamos a menudo.

Por eso es tan importante que observes con frecuencia tu lenguaje. Especialmente el diálogo interno que mantienes contigo mismo. ¿Te dices cosas positivas o hay en ti voces negativas que te desvalorizan, te hacen sentir inseguro, te crean miedos infundados?

Uno de los ejercicios más poderosos que conozco en esto del diálogo interno se llama Conciencia Verbal, que puedes realizar siguiendo las instrucciones de este vídeo.

Y una de las formas más eficaces para cambiar tu lenguaje es cambiando el enfoque, como sugiere el Coaching Estratégico. Enfócate en la gratitud, en lo positivo que hay en tu vida, en vez de aquello que falta o en el error.

Puedes empezar el día con las siguientes preguntas (puedes escribirlas o decirlas en voz alta al levantarte cada mañana):

· ¿De qué estás satisfecho/a en tu vida hoy?

· ¿Qué te proporciona vitalidad y entusiasmo?

· ¿De qué te sientes orgullosa/o hoy?

· ¿En qué ámbito de tu vida sientes mayor gratitud?

· ¿Qué es lo que te da mayor alegría en tu vida ahora?

· ¿En qué estás comprometido/a al 100% en estos momentos?

· ¿A quién quieres? ¿Quién te quiere?

Y también puedes terminar el día con estas otras preguntas (escríbelas o dilas en voz alta antes de acostarte):

· ¿De qué manera has contribuido hoy a otras personas?

· ¿Qué has aprendido en el día de hoy?

· ¿Qué ha funcionado hoy?

· ¿Qué no ha funcionado hoy?

· ¿Qué se puede mejorar?

Aunque no tengas respuestas a todas estas preguntas, estoy segura de que sí podrás responder a algunas de ellas. Recuerda que la vida es significado. De ti depende darle el significado de gratitud o crecimiento o de destrucción y miedo. O como decía Ghandi: “Cuida tus pensamientos porque se convierten en palabras; cuida tus palabras porque se convierten en actos; cuida tus actos porque se convierten en hábitos; cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino”.

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