Coaching y Emociones

¿Estás viviendo la vida que quieres vivir? Este blog es un espacio para tu desarrollo personal y profesional: tomar tus propias decisiones, enfrentarte al cambio, superar el miedo, mejorar tu gestión emocional y motivarte. Porque cada día es una nueva oportunidad para ser feliz. Descubre otros artículos en mi blog personal http://mariamikhailova.com/ También puedes seguirme en Twitter @mashamikhailova

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¿Por qué el Coaching no funciona con todos?

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Sobre el autor

María Mikhailova

Experta en Coaching e Inteligencia Emocional por la Universidad Rey Juan Carlos. Ayuda a profesionales a descubrir sus talentos y crear su marca digital para emprender online y encontrar a través de su pasión un propósito en la vida y un estilo de vida independiente y libre.

El coaching es una disciplina de moda y muchos se lanzan a probarlo o al menos sienten curiosidad por esta modalidad nueva, preguntándose qué es. Ya lo conté en detalle en mis anteriores artículos sobre qué es el coaching, cómo encontrar un buen coach o en qué asuntos o problemas el coaching puede ayudarnos.

Pero hay otra cuestión importante y que con frecuencia es clave a la hora de tener o no tener éxito en un proceso de mejora personal: el coaching no es para todos. Y lo digo tal cual, siendo coach y sabiendo que no podré ayudar a todo el mundo, pues no todas las personas están preparadas ni dispuestas a recibir coaching.

A continuación me gustaría dar a entender, grosso modo, para quién es coaching y para quién no lo es, basándome en mi experiencia como coach y viendo de cerca casos de personas que no han podido o no han querido cambiar, a pesar de haber pasado por un proceso.

El coaching no es para ti si:

1) No estás dispuesto a cambiar y crees que no lo necesitas.

Sí, el cambio y todo lo relacionado con él parece estar de moda. Cambiar de vida, de profesión o de país a muchos nos parece cool. No en vano nos inspiran tanto historias de personas que en la peor adversidad lograron cambiar de vida y ahora se sienten más felices, más conscientes, más valientes.

Pero una cosa es hablar de lo maravilloso que es cambiar y otra muy diferente estar dispuesto a hacerlo. Un cambio supone muchas veces cuestionarse a uno mismo, romper con viejos esquemas mentales, reconocer que no estás en lo cierto. Y sinceramente no todos están preparados para aceptarlo.

2) Crees que ya lo sabes todo de ti mismo y no estás dispuesto a indagar en tu interior.

Además un verdadero cambio no es algo superficial: no se trata únicamente de cambiar de conducta, al menos no es lo que un cambio real supone. En un proceso de transformación, bien sea personal o profesional, y basándome en las premisas de la PNL, existen 3 niveles de cambio:

  • cambio remediativo (tocando aspectos más superficiales como el ámbito o la conducta; por ejemplo, si no estoy bien en mi trabajo, cambio de empresa o cambio mi forma de comunicarme con mi jefe);
  • cambio generativo (cambiando un nivel más profundo de las personas: sus creencias y motivaciones; si no estoy contento en mi trabajo, me pregunto qué me motiva y desmotiva, qué opino de ello, cuestiono mis creencias, las cambio si me impiden sentirme bien en mi lugar de trabajo);
  • cambio evolutivo (a nivel de valores e identidad; cuestiono mis valores vitales, me pregunto quién soy, busco cuál es mi verdadera realización en un trabajo; en este caso tal vez me plantee si mi trabajo corresponde a mis verdaderos valores, si es un trabajo que le aporta sentido a mi vida, etc.)

Claro que un cambio a nivel de conducta es posible (y es el más fácil de implementar), pero es un apaño a corto plazo en muchas ocasiones, como si de una aspirina se tratase; si uno no cambia sus creencias acerca de sí mismo o su vida, al final éstas le llevarán en muchos casos a la conducta inicial. La cuestión aquí sería: ¿estás dispuesto a cuestionar tus creencias y valores?

3) Te encanta hablar de ti mismo y sólo quieres que te escuchen.

Me ha pasado también en mis sesiones como coach escuchar a los clientes hablar con pasión de su vida, su pasado, lo que hacen o lo que van a hacer, dándome miles de detalles, etc. Pero cuando yo les planteaba una pregunta que les podía hacer reflexionar sobre cuestiones que no se habían planteado, la esquivaban de la mejora manera posible.

Y es que muchos sabemos que el cambio es necesario pero para poder oír nuestra propia voz, aquello que de verdad necesitamos, nos sentimos tan asustados, que preferimos huir y volver a dispersarnos en otras cosas, antes que enfocarnos en nuestro verdadero problema.

Si lo único que quieres es que te escuchen pero no pretendes cambiar, probablemente el coaching no sea lo que necesitas.

4) Quieres que te den recetas hechas y consejos fáciles para aplicar en el momento.

Este es otro error con respecto al coaching. Como lo escribía en uno de los primeros artículos de este blog, el coaching no consiste en que el coach te diga lo que tienes que hacer con respecto a un problema concreto, sino que te ayuda a que seas tú mismo quien descubra aquello que necesitas en tu situación.

Claro que también un coach puede proporcionarte alternativas, darte ejemplos o incluso contarte qué haría él en tu caso, pero nunca te dirá que esto es lo que “debes” hacer. Y es que no hay recetas mágicas, válidas para todo el mundo, al menos no es la finalidad del coaching ofrecerte consejos concretos a tu situación.

Una de las claves del coaching es la responsabilidad. Y ésta tiene que ver con que cada uno sea el que tome sus propias decisiones, conociéndose y actuando en consecuencia. Cuando iniciamos un proceso de coaching, firmamos un acuerdo en el que el coach pronuncia la frase clave a su cliente o coachee: la responsabilidad de conseguir tus metas y objetivos es únicamente tuya, yo sólo actúo de guía para ayudarte a aclararte y darte cuenta de qué necesitas o qué te falta para alcanzar tus metas y objetivos.

5) Crees que con hacer un par de cosas habrás alcanzado tu objetivo de cambio.

Y es que el cambio es muchas veces un proceso largo. Un cambio de vida o cualquier otro aspecto, sobre todo el referente a las creencias más arraigadas de una persona, supone también un esfuerzo y tiempo, que no siempre es el que se estima en un principio.

No basta con aplicar dos acciones y ya. El cambio es un proceso paulatino, en el que tendrás que esperar muchas veces e incluso puedes sentir cierta frustración de no avanzar. Se requiere de mucha paciencia y auto-indulgencia.

Si te frustras a la primera de cambio y no estás dispuesto a esperar a obtener resultados, entonces es probable que el coaching no sea para ti. Si quieres ver resultados, no te obsesiones con ellos desde el primer momento, date tiempo y espacio, vive el proceso en sí, disfruta de cada paso pequeño, aunque al principio parezca que no te lleva a ningún lado.

6) No te tomas en serio tu compromiso de cambio.

Ya mencioné más arriba una de las palabras clave del coaching: la responsabilidad. La otra palabra clave para que un proceso de coaching funcione se llama compromiso.

En coaching, como hemos visto también, no se trata solamente de escuchar, de reflexionar, de realizar la famosa introspección, que es sin duda el primer paso, sino también de actuar, de pasar a la acción. Pero quien pasa a la acción no es el coach, sino el cliente o el coachee, de ahí que su compromiso y seriedad en todo el proceso sea clave.

Si te has comprometido con un plan de acción que continuamente incumples o si vas aplazando sesiones, porque no te sientes preparado o no has tenido tiempo suficiente para dedicarle a lo acordado en la sesión, y esta situación se repite con frecuencia, tal vez no estés realmente motivado o no te sientes verdaderamente implicado en tu gestión del cambio.

7) No eres una persona flexible, capaz de replantearse las cosas e improvisar.

La curiosidad y el juego forman parte también de un proceso de coaching. Personas con esquemas mentales rígidos se pueden sentir a veces incómodas ante preguntas que incitan a usar la imaginación, la improvisación y lo nuevo.

Uno de los primeros ejercicios que se suelen proponer en un proceso de coaching se llama Rueda de la Vida: el primer paso es evaluar tu vida en todos los aspectos importantes de la misma; el segundo consiste en imaginar que ha pasado un cierto tiempo y has alcanzado la plenitud en todas las áreas de tu vida.

Hay personas a las que les cuesta mucho imaginar algo que todavía no ha sucedido, pues no tienen la costumbre de dejar volar su imaginación, de ver más allá de la realidad que les rodea. Y no es que no sean capaces de ello, todos lo somos, sino que simplemente no lo han puesto nunca en práctica.

8) No estás dispuesto a enfrentarte a tus emociones más profundas.

Esto último tal vez sea algo que sólo descubres cuando inicias un proceso de coaching. Y es que como decían grandes pensadores o maestros del pasado: la raíz del problema casi nunca se encuentra donde éste aparece.

Puede que pienses que tu problema es laboral, pero cuando empiezas a indagar en tu vida, tus creencias, tus complejos u obstáculos internos, te das cuenta de que tu problema puede estar en otro ámbito como el familiar, por ejemplo.

Esto es lo que en coaching llamamos el momento ahá o darse cuenta de algo que ni siquiera sospechabas en un principio. Muchas veces detrás de ese obstáculo aparentemente simple hay emociones reprimidas, hay miedos que no habían salido a la luz, etc.

Hay personas que cuando descubren ese algo más que está detrás de su objetivo o problema, se asustan (lo cual también es normal) y deciden que no quieren tocar el asunto en este momento.

A otros les cuesta lidiar con sus emociones y se dan cuenta de que no están preparados para tratar un aspecto tan personal de su vida en un proceso de coaching.

Conclusiones

Por eso, si alguna vez te has planteado pasar por un proceso de coaching, pregúntate si estás dispuesto a remover tus emociones ocultas, tus miedos, cuestionar tus creencias y valores, darte cuenta de que no tienes todas las respuestas, que puedes estar equivocado con respecto a cómo vives tu vida... También pueden surgir a raíz del proceso cambios a otros niveles, si estás dispuesto a ir más allá.

El coaching sirve para ampliar tus horizontes, para hacerte ver algo de lo que no eras consciente hasta ahora. Es entonces cuando realmente funciona. Sólo tienes que abrir tu mente, aceptar que en esta vida todos somos aprendices, que no hay nada cierto al 100% y que todas las respuestas ya las tienes dentro.

Cuando en coaching hablamos del famoso potencial, no se trata de emplear simplemente una palabra de moda. El potencial quiere decir que tus capacidades son mucho mayores, que si lo quieres de verdad, puedes alcanzar objetivos que a día de hoy te parecen inalcanzables. Pero no se trata de trucos mágicos ni recetas fáciles. Se trata de un proceso de cambio potente, de introspección a niveles más profundos y de enfrentarte a tu yo más oculto.

O como he oído recientemente: “regular las emociones humanas va a ser el próximo paso evolutivo de la humanidad”.

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