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El puerto de Barcelona y todo lo que ofrece su entorno

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Sobre el autor

Maica Rivera

Soy freelance del mundo de la comunicación y marketing digital. Tras más de diez años de experiencia en diferentes medios digitales, cree un blog de viajes (https://maicarivera.com/) y experiencias, actividad que actualmente combino con la elaboración de contenido para blogs corporativos y gestión de redes sociales.

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Al escribir sobre Barcelona como destino de viaje se hace nombrar su puerto, ya que por él acceden a la Ciudad Condal millones de viajeros. Su importancia está respaldada por los datos que lo sitúan como mayor puerto del Mediterráneo y el cuarto en el mundo con más tráfico de cruceros.

Para comprender su totalidad la influencia que ejerce Barcelona sobre el turismo es imprescindible conocer algo de la historia del puerto y de lo que ofrece el entorno del mismo.

Un puerto artificial

El primer puerto de Barcelona nació junto con la ciudad en el siglo I a.c., o quizás sería más correcto decir que la urbe se originó como consecuencia del puerto natural existente en aquel tiempo al sur de la montaña de Montjüic.

Debido a la sedimentación con el paso de los siglos las aguas de la zona perdieron profundidad haciéndose precisa la construcción de una nueva localización portuaria. En 1477 comenzaron las obras del actual puerto, este ya situado al norte de Montjüic.

Durante su edificación, se unió al antiguo islote de Maians con tierra firme mediante un espigón. Por el asentamiento de arenas y residuos se formaron alrededor de él terrenos en los que se fundó el conocido barrio de Barcelona, que hoy colinda con el puerto.

Para obtener una inmejorable panorámica de todo el conjunto portuario, desde la Barceloneta se puede coger el teleférico, el Transbordador Aéreo de Barcelona que, inaugurado en 1931, lleva hasta la montaña de Monjüic y resulta ser un mirador magnífico todo el trayecto.

Desde la altura se aprecia el desembocar de La Rambla en Port Vell- puerto antiguo -, así como una amplia pasarela peatonal - a la que se denomina Rambla del Mar- que conduce hasta el muelle de España, donde se ubica el centro comercial Maremagnum. Lo que asombra de esta pasarela, además de su arquitectura superior que asemeja a las olas, es la apertura giratoria que permite la entrada a pequeñas embarcaciones que atracan en Port Vell.

El puerto de "abre" al corazón de Barcelona

Parece como si el puerto, por su ubicación, se abriera al corazón de la ciudad a través de La Rambla, pues desde este paseo - icono de Barcelona - se extienden las estrechas y emblemáticas callejuelas tanto del Barrio Gótico como del Raval y del Born hacia las áreas más peculiares y antiguas de la ciudad.

Muy cerca de La Rambla, delatando hasta dónde llegaba el mar antes de la construcción del puerto, se encuentra el Museu Marítim. De halla situado en las Atarazanas Reales de Barcelona, que eran los astilleros de la Edad Media donde se contruían los barcos. Muestra, mayormente, la historia naval en el Mediterráneo.

En general, toda la zona portuaria se caracteriza por ser cosmopolita y carismática. Seguramente sea porque está impregnada de la brisa internacional traída por los cruceros.

Grand Marina

Desde La Rambla del Mar, en una corta distancia hasta mi hotel, contemplo el edificio que por unos días será mi alojamiento. Evoca a un barco. Su estructura advierte con esa imagen que, en su interior, sentiré el suave vaivén de las inquietudes de los viajeros, que al igual que las aguas del océano, siempre están en movimiento.

En el hall, frente a una imponente escalera diseñada por Leohming Pei - el arquitecto que creó la pirámide de Louvre- , el Grand Marina pasa de ser un alojamiento de lujo a un recinto entrañable integrado en el ambiente cosmopolita del puerto.

Al explorar advierto que corrientes y vientos artísticos surcan los pasillos, que con banderillas semejantes a las de un crucero, conducen a impresionantes habitaciones con vistas al Mediterráneo y a su indescriptible cielo.

La lista de servicios del hotel sorprende sin pretenderlo: gastronomía, exposiciones, música en directo, piscina orientada a Montjüic..., y terraza inolvidable con vistas a La Sagrada Familia entre otros monumentos. Pero entre todo lo que ofrece el hotel, lo que personalmente más me fascina es un concurso literario de relatos cortos. Escribir es una inquietud entre viajeros. Para participar con un texto, tan solo es requisito que parte de la historia ocurra en un hotel.

Sucedió en un hotel de un puerto

Mi inquietud por escribir en la quietud de la noche ha sido conquistada por la escultural escalera de caracol del vestíbulo. La imaginación me susurra una historia que no sé si he soñado o forma parte de mis recuerdos.

Con el ordenador me dirijo a la terraza de la octava planta. Sentada en una mesa, aún sin escribir, a solas, antes de que despunte el día, espero.

Y sucede. Como cada amanecer, la luz ofrece un espectáculo soberbio y único. Aquí, en Grand Marina, el sol emerge del mar inundando en segundos el puerto y desvelando a lo lejos la belleza de la arquitectura de Barcelona...Por unos instantes, entre las tonalidades de azul agua, el del cielo y el ocre de iglesias y templos no hay una línea clara que los divida, pues la luz está naciendo y juntos forman una caótica paleta de hermosos colores difusos y nuevos. Nunca vi tan bella imagen de Barcelona y su puerto.

Terminada la madrugada, así como el festín para los sentidos que provoca la salida del sol, enciendo el ordenador. Comienzo a a escribir este texto que será testimonio de cómo he percibido en este hotel la esencia del puerto...

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