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La Pedrera: alma de artista, esencia de rebeldía

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Sobre el autor

Maica Rivera

Soy freelance del mundo de la comunicación y marketing digital. Tras más de diez años de experiencia en diferentes medios digitales, cree un blog de viajes (https://maicarivera.com/) y experiencias, actividad que actualmente combino con la elaboración de contenido para blogs corporativos y gestión de redes sociales.

Casa singular fue llamada. La Pedrera «nació» en Barcelona, en el paseo de Gracia, lugar que en el siglo XIX era el favorito para el ocio por la aristocracia.

A finales de siglo, con el proyecto y reforma urbanística del Ensanche barcelonés, la zona adquirió protagonismo comercial atrayendo a la burguesía catalana, que, ve en la nueva arquitectura una manera de satisfacer la necesidad de expresar pensamientos que no se podían decir en voz alta. Su diseño, aun después de más de cien años, la hace única.

En el año 1906 el matrimonio Milà encomendó a Antonio Gaudí la "transformación" de un chalet adquirido, en una casa señorial. El arquitecto, con su personal estilo, edificó en la popular vía una vivienda que no respetaba ninguna de las normas conocidas.

Sumergido en un periodo de a través de madera, hierro, vidrio y arena dotó a La Pedrera de un elemento sin forma ni estructura determinada: alma. Sus frentes portentosos –ninguno igual a otro– contienen ciento cincuenta ventanas de formas y tamaños variados. En contraposición al elevado número de aperturas, tan solo existen dos puertas de acceso al edificio. Son de acero forjado y cristal, que, muy seguros de sí mismos protegen y cuidan en el silencio que produce el respeto a la casa.

Seis plantas cimentada. La «montaña», mezclada con mortero de cal, enraizó algo más que pilares y cargas... El armazón del inmueble acoge dos edificios. Entre ellos no se necesitan y, sin embargo, y a pesar de su «autonomía», la fachada presenta unidad indivisible y exquisita... Revestimiento que no fuerza y simboliza la solidez de la Naturaleza infinita.

Los pisos rodean dos patios interiores, uno circular y otro oval. Bajo ellos, un sótano. Concebidos de forma independiente, un desván y azotea...materializado en vivienda: La Pedrera o Casa Milà. De todo el conjunto cambiante y tornadizo –ya que los espacios son adaptables, pues sus paredes divisorias no soportan estructura alguna– se puede visitar la vivienda en la cuarta planta, el ático y la terraza. El resto son oficinas y morada de algunas familias.

Es imposible, al acercarse, mantenerse inmune a la atracción que ejerce. Frente a la fachada asaltan pensamientos. La naturaleza tiene ese efecto: despierta al sentimiento... Al atravesar muro y puerta En los patios, se percibe cómo el edificio pide fundirse con el cielo y cómo la naturaleza quiere inundarlo y poseerlo. Gaudí fue hombre, genio...,arquitecto de un dios que quedo atrapado aquí dentro.

Gaudí coronó La Pedrera con azotea de indescriptible belleza que incita al verso. La superficie escalonada es debido a las diferentes alturas del espacio inmediato que tiene bajo su suelo. En este «tejado», Antoni Gaudí hizo arte con lo que otros consideraban antiestético. En la cuarta planta, el edificio recrea mediante mobiliario la manera de vivir de la burguesía en el s. XX. Dormitorio infantil, despacho, cuarto de servicio, comedor...Lujo y comodidad unidos con elegancia exquisita.

La casa fue terminada en el año 1912 por los colaboradores de Gaudí. Declarada por la comisión del Ensanche como edificio monumental de carácter artístico, se la eximió de cumplir las estrictas normas urbanísticas. La Pedrera; alma de artista. Esencia de rebeldía impregnada por aquel que, tras abandonarla, se dedicó en exclusividad a la pasión que lo consumía: La Sagrada Familia, pero antes de ello, Antoni Gaudí, a La Pedrera concedió vida.

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