El poder sanador y terapéutico de la literatura frente a la adversidad

De la mano de la escritora María Ángeles Paniagua nace la Asociación Leemos Valladolid, que acercará la lectura a niños hospitalizados, mayores en geriátricos e incluso a la cárcel de Villanubla

Foro de familia de María Ángeles Paniagua y la escritora ciega Paqui Ayllón, junto al vicepresidente Francisco Igea; la vicerrectora de la UVa, María Ángeles Sobaler; el decano de Medicina, José María Fidel; y el concejal Antonio Otero, en la presentación de la asociación "Leemos Valladolid"
Foro de familia de María Ángeles Paniagua y la escritora ciega Paqui Ayllón, junto al vicepresidente Francisco Igea; la vicerrectora de la UVa, María Ángeles Sobaler; el decano de Medicina, José María Fidel; y el concejal Antonio Otero, en la presentación de la asociación "Leemos Valladolid"La Razón

El afán de superación y la solidaridad de Paqui Ayllón, una enfermera gaditana que tras quedarse ciega por una retinosis pigmentaria se ha reconvertido en escritora y ejerce también como voluntaria lectora para aquellos que no pueden leer, es el origen de la Asociación Leemos Valladolid, un proyecto altruista que promueve la también escritora vallisoletana María Ángeles Paniagua.

«Leí su historia que escribió en «La lectora ciega» y me emocionó. Nos hicimos amigas y es la que me ha inspirado para acercar a Valladolid esta iniciativa, que lo único que pretende es acercar la lectura a aquellas personas que no pueden acceder a ella, como pueden ser los niños hospitalizados, los mayores que viven en geriátricos, las personas con enfermedad mental, los jóvenes en riesgo de exclusión, e incluso los presos en centros penitenciarios», señala a LA RAZÓN María Ángeles Panigua, autora de «Mi querida Astarté, para quien la literatura «tiene un gran poder sanador y terapéutico frente a las adversidades de la vida».

«No somos cuentacuentos y no se trata de llegar al hospital o a la residencia y contar una historia sino que lo importante son las personas y la lectura que hacemos de entre veinte y treinta minutos por sesión», dice María Ángeles, mientras explica que acuden siempre dos o tres voluntarios por si algún día alguno no puede asistir para que a los pacientes no les resulte extraño la ausencia de esa persona, sobre todo en los que tengan trastorno del espectro autista.

El proyecto, aún en ciernes, va avanzando poco a poco, sin prisa pero sin pausa, ya que para poder ir a leer a los centros hospitalarios o residencias -prosigue- hacen falta permisos, además de voluntarios que se sumen a la causa.

De momento, destaca que ya han alcanzado un convenio de colaboración con el Hospital Clínico Universitario de Valladolid para poder empezar con este proyecto allí, y espera que en breve puedan incorporarse también el Río Hortega. Pero lo que sí que tiene ya en marcha y con fechas son los talleres de escritura creativa que arrancarán el 8 de enero en la cárcel vallisoletana de Villanubla, tanto para presos que impartirá Jairo, un joven escritor y voluntario, como para presas, cuya profesora será la propia María Ángeles Panigua.

Un proyecto que se desarrollará cada quince días y durante tres meses y que ha sido solicitado por los propios internos del centro penitenciario, a los que la presidenta de la Asociación Leemos de Valladolid tiende la mano para compartir con ellos libros «que les abran nuevas oportunidades y vías de conocimiento mutuo».

Y en cuanto a los voluntarios, aunque apenas lleva unos días en marcha esta iniciativa, María Ángeles presume de contar con un grupo de una quincena de personas que forman parte del voluntariado encargado de acercar la lectura a los colectivos que se han marcado como objetivo, pero que además hay ya más de treinta socios apuntados con ganas de colaborar y participar.

Asimismo, señala que la Asociación ha firmado un acuerdo de colaboración con el Voluntariado de la Universidad de Valladolid (UVa) por el que sus miembros podrán también formar parte de las actividades que realicen.