De la persona a la aldea global

La económica es una de las dimensiones de la existencia, pero no la única, como pretenden hacernos creer en estos días de rigor y de desdicha. Considerar la producción y el consumo como las claves de la existencia, es caer en una visión envilecedora de la vida, compartida tanto por el colectivismo marxista, como por este capitalismo feroz e individualista. Lo recuerda el argentino Mariano Fazio, quien se atreve a sugerir, en tiempos de peste, principios a contracorriente, para levantar una sociedad más humana: «El gran desafío del mundo actual, en materia económica, es sacar a la humanidad de la miseria y de la pobreza», afirma.

Ahora que tanto se habla de cifras macroeconómicas, conviene recordar que la verdadera urgencia no es la cuenta de resultados, sino unas condiciones de vida dignas para las personas. Cuando necesito aire fresco, me gusta acudir a Fazio, autor de al menos 22 obras esclarecedoras; sobre todo porque, además de ser la suya una literatura sugerente y abierta al diálogo, ofrece certezas para construir una sociedad mas cuerda, en un tiempo en el que la intelectualidad margina lo sobrenatural y hasta lo considera una antigualla.

De nada ha servido que llevemos siglos comprobando que «cuando quitamos lo sobrenatural de la vida, no queda nada de natural, sino lo antinatural», en frase redonda de Chesterton. Acabo de leer De la persona a la aldea global, una joyita de apenas 158 páginas, de Mariano Fazio, en las se detiene en la persona y la economía, la política, la pareja, la ecología y hasta la sacralidad del sexo, desde un pensar y un sentir abierto a la trascendencia. El Vicario General del Opus Dei, pura anécdota —pero hay que decirlo, para que no se mosqueen—, aunque lo que interese sea el pensamiento equilibrado y profundo de alguien que, con su obra, amasada en verdades naturales, da sentido al mundo.

Me viene a la memoria Historia de las ideas contemporáneas, otro libro memorable de este argentino universal, que te recomiendo, amable lector, en el que alerta sobre la abrumadora cantidad de información de que disponemos y que nos esconde la verdad de las cosas. Cierto: son tantas las noticias interesadas, que hemos perdido la capacidad de distinguir lo que importa de lo que no importa. De ahí la conveniencia de elegir libros para no confundirse más y desentrañar, lejos de simplificaciones, la verdad oculta de lo que nos pasa.