“No busquen culpables”

"Va a costar reponerse más de lo que cree este Gobierno, cuyos pasos ahora se dirigen a culpar a las Comunidades Autónomas de los rebrotes"

Joder. Con perdón. Pero parece que no hay otro tema de conversación que el maldito coronavirus. Pido disculpas al lector por comenzar de esta guisa, pero llevamos medio año hablando, y algunos escribiendo, sobre lo mismo. Y como todo en exceso, llega a ser tedioso. Otros años, por estas fechas entre julio y agosto, los periódicos anunciaban olas de calor; incluso los medios de zonas costeras mostraban olas que surfear. Ahora ya no, eso es agua pasada. Las olas a las que se refieren son las de nuevos contagios. Y en esta incertidumbre nos movemos, sin saber si el virus nos dejará acabar –o empezar– el verano en calma, si nos traerá un nuevo confinamiento –lo cual, lo dudo– o si llegará esa vacuna que cada día parece estar más cerca.

Me da pena y rabia ver cómo a este 2020 pocas esperanzas le quedan. Desde un punto de vista humanitario, más de 46.000 personas han fallecido, con el consiguiente sufrimiento para sus familiares y amigos. Desde el punto de vista económico, el descenso del PIB se ha colocado en cifras sin precedentes, de las que va a costar reponerse más de lo que cree este Gobierno, cuyos pasos ahora se dirigen a culpar a las Comunidades Autónomas de los rebrotes o, en última instancia, a los Ayuntamientos y entes locales con el pretexto de que fueron las regiones quienes apostaban por este tipo de coordinación, cada una con su autonomía, dejando de lado el poder centralizado del Ejecutivo nacional. El mando único fue un acierto en los primeros compases de la pandemia, pues permitió un control unificado en coordinación con los gobiernos regionales para destinar todos los esfuerzos y compromisos a sofocar esta situación, dando prioridad a aquellas zonas más débiles o afectadas. Pero el mando único es una herramienta excepcional para situaciones excepcionales que no puede perpetuarse en el tiempo con fines partidistas y para la satisfacción de unos pocos.

Ahora las Comunidades Autónomas, desde Ayuso hasta Torra, pasando por Mañueco y todos los presidentes regionales, deben tomar la delantera, estar prevenidos ante estas nuevas oleadas, ser leales entre nosotros y no ceder al chantaje individualista del Gobierno central, que pretende colgar el Sambenito de que los malos y los torpes son los de las Comunidades Autónomas, los de los Ayuntamientos e, incluso, los ciudadanos. Desde luego que mucha culpa la estamos teniendo los españoles con nuestra falta de responsabilidad y desdén ante el virus, pero eso ya lo he criticado en otros artículos y si el lector ha tenido la paciencia infinita de haberlos leído lo habrá podido comprobar…

Cada uno debe ser consecuente con sus actos, también las Administraciones Públicas, Instituciones y Gobiernos, muchas veces más obcecados en buscar culpables que soluciones, partidarios de los enfrentamientos más que de las uniones y, sobre todo, especialistas en dejar la pelota votando en el campo del otro para que sea ése quien se encargue de poner un mínimo de luz ante tanta oscuridad en el paisaje. El problema está en averiguar quién es ese otro… ¿Europa? ¿Nosotros? En fin, yo lo tengo claro