Participación de los ciudadanos en el SNS

Como tercer artículo de esta pequeña serie, queda escribir sobre la necesaria participación efectiva de los ciudadanos para mejorar nuestro Sistema Nacional de Salud. En los anteriores artículos del 27 de Julio y el 7 de agosto, escribíamos sobre dos condiciones indispensables para que nuestro sistema sanitario sobreviva a las amenazas que sufre. Hablábamos entonces de la participación de los profesionales, toca ahora hacerlo de la participación de los ciudadanos. Participación que desarrollaré, desde dos aspectos, en las siguientes líneas.

Primeramente y de manera muy breve, reseñar la necesidad del buen y correcto uso por parte de cada uno de los pacientes de los recursos sanitarios. Por desgracia tenemos muchos ejemplos de este mal uso. No obstante, me interesa más remarcar otro tipo de participación como es la que se ha de hacer desde los órganos establecidos en el Decreto 48/2003 de 24 de abril que regula la composición y funciones de los Consejos de Salud de Área y Zona Básica de Salud en Castilla y León.

Estos Consejos de Salud son órganos que, a pesar de cumplir con las preceptivas convocatorias anuales, son muy poco utilizados. Algo que nos debería obligar a reformar, ampliar y reforzar esa forma de participación por considerarla fundamental para el buen funcionamiento de los centros sanitarios. El decreto citado establece su composición por representantes sindicales, empresariales, consumidores, centros educativos, ayuntamientos y asociaciones de vecinos; además de tres profesionales del Centro de Salud presididos todos por el Coordinador del Equipo de Atención Primaria.

De acuerdo al decreto, estos Consejos están “obligados” a reunirse tres veces al año, algo que desgraciadamente en mi opinión y salvo excepciones, todos los miembros consideran un trámite obligado. Esto es así por diferentes razones: Por parte de los profesionales, porque estamos poco acostumbrados a rendir cuentas. Situación que se ve agravada porque en la mayor parte de ocasiones las decisiones se toman en otros sitios y vienen impuestas. Por otra parte, los ciudadanos no se sienten concernidos a nivel general y se ocupan más de cuestiones cuasipersonales. Sin embargo, puedo constatar que el conjunto de asociaciones vecinales contribuye a que las cosas lentamente vayan cambiando.

En conclusión, considero necesario revisar la composición de estos órganos de participación en los que, a mi juicio, solo deberían estar las asociaciones de vecinos y los ayuntamientos como mejores y únicos representantes de todos. Su funcionamiento debería ser similar al de un Consejo de Administración de cualquier otra organización; en el cual el Coordinador del Centro de Salud o Gerente del Hospital actuaría como Consejero Delegado y los miembros representantes de los vecinos serían elegidos en procesos democráticos, asumiendo la obligación de rendir cuentas a sus convecinos. Teniendo establecidos procedimientos para conocer sus demandas, sugerencias y quejas

La pandemia ha puesto en evidencia las debilidades de nuestro sistema sanitario. No es difícil saber por quién y por qué se va a ver amenazado, dispuestos a saltar sobre él cuando el deterioro sea más evidente. El negocio de la sanidad es muy interesante y los que hablan de negocio en algo que ha de ser un servicio a todos no pretenden precisamente otra cosa que obtener beneficios para sus inversores.

Prestemos todos atención a nuestro patrimonio, como es el Sistema Nacional de Salud, haciéndolo más efectivo y solvente. De todos y para todos.

Su buen funcionamiento nos ayudará especialmente cuando la salud se resquebraje