La hermana de la víctima de la viuda negra alicantina ve la pena insuficiente

“La pena impuesta nunca será suficiente para esta familia y menos cuando sabes que nunca se cumple íntegramente”, asegura desde León

Concepción Martín, conocida como la viuda negra de Alicante, se sienta en el banquillo de la Audiencia Provincial este lunes en el que se inicia el juicio, con jurado popular, que determinará si asesinó a su marido veinte días después de su boda
Concepción Martín, conocida como la viuda negra de Alicante, se sienta en el banquillo de la Audiencia Provincial este lunes en el que se inicia el juicio, con jurado popular, que determinará si asesinó a su marido veinte días después de su bodaPep MorellEFE

Concepción Martín, conocida como la ‘viuda negra’, fue condenada la pasada semana a 22 años y medio de prisión por asesinar a su marido dos semanas después de la boda, y su cuñado y cuidador, Francisco Pérez, a 20 por participar en los hechos, una sentencia que para la hermana del fallecido, Joaquina Sánchez, natural de Santander pero afincada en León desde hace más de cuatro décadas, no logrará llenar el “vacío” que siente.

“La pena impuesta (la Fiscalía pedía 30 y 28) nunca será suficiente para esta familia y menos cuando sabes que nunca se cumple íntegramente y, más pronto que tarde, estarán en la calle”, ha asegurado a Efe una mujer que recuerda a José Luis, el mayor de seis hermanos, como “una persona muy sociable que hablaba con todo el mundo”."Era muy confiado", ha lamentado Joaquina con la voz ahogada.

“Yo le dije a la psicóloga que no sentía rencor ni odio, sino un dolor muy grande, como si me hubieran arrancado todo por dentro”, ha confesado. El jurado popular los declaró culpables por unanimidad y el tribunal lo tuvo claro: la viuda negra de Alicante y su cómplice apuñalaron con un destornillador hasta la muerte a José Luis, un camionero jubilado de 69 años de Cantabria y padre de cuatro hijos de dos matrimonios.

Los hechos ocurrieron la noche del 20 de agosto de 2018 en un aparcamiento al aire libre situado frente al mar, en el barrio alicantino de la Albufereta, donde habían citado a la víctima con la excusa de celebrar una cena romántica. Ambos -que iban vestidos de negro y con manga larga- le atacaron con un objeto punzante. Mientras Conchi, quien se había levantado de la silla de ruedas (fingió una invalidez para cobrar el seguro), sujetaba a José Luis, Francisco le causaba más de 19 heridas en el pecho y el cuello, según el informe forense.

“Lo dejaron hueco”, ha subrayado Joaquina convencida de que en el banquillo de los acusados “no se sentaron todos los culpables”. Una agente de la Policía Nacional fuera de servicio que paseaba por la zona escuchó los gritos de la víctima, alertó a los servicios de emergencia y acudió a socorrerle. “Agradezco a Dios que pusiera a esa persona en la escena del crimen, porque al menos tenemos el cuerpo y no ha ocurrido lo que le ha pasado a la familia de Marta del Castillo”, ha indicado la hermana de la víctima.

“Nadie en su entorno, ni en Santander ni en Alicante, sabía lo de la boda. Todo fue llevado en secreto, porque su segunda mujer había fallecido hacía escasos meses”, ha asegurado a Efe Joaquina para, a renglón seguido, subrayar que “Conchi decía que se había casado para que mi hermano ejerciera de tutor, porque sino su hija la iba a meter en una residencia cuando Paco, que supuestamente tenía un cáncer terminal, se muriera”.

Joaquina, que se despidió de su hermano un día antes del crimen, tras pasar una semana en Santander, ha asegurado que él le había comentado que “una señora que tenía una fábrica de calzado (la viuda negra) iba a abrir una tienda en Guardamar del Segura”. “A Paco le conocía de unos trabajos de fontanería que le había hecho en un pub”, ha apostillado convencida de que “fue una encerrona, porque le habían dicho que ya estaban los papeles para firmar”.

“Le ofrecieron un contrato y por eso accedió a casarse, pero mi hermano nunca vivió con ella. Seguía con sus hijos en un piso de alquiler”, según ha afirmado. “Mi hermano tenía una pensión muy baja y a veces le ayudaba yo económicamente. Era la persona más humilde que te podías encontrar”, ha señalado Joaquina que, antes de verle por última vez , llevaba años sin encontrarse con él pese a mantener un estrecho contacto telefónico.

“Mis padres han fallecido este año sin saber que su hijo había muerto, porque no fuimos capaces de decírselo. Les quitamos la tele y mi hijo les envió una postal desde Australia en su nombre, porque preguntaban mucho por él y les dijimos que se había allí con su sobrino a trabajar”, ha explicado. “Me lo han quitado y no me lo va a devolver nadie”, ha concluido no sin antes hacer una llamada a la Justicia para cambiar las leyes: “No se puede quitar la vida a una persona así como así y que salga gratis”.