Alfredo Pérez Alencart: “En mi tránsito poético supe sortear edictos y pamplinas”

Entrevista de Mauricio Cifuentes al poeta peruano-salmantino y colaborador de La Razón

Alfredo Pérez Alencart y Jesús Fonseca con la portada del libroLa Razón

Varias entrevistas he realizado al reconocido poeta Alfredo Pérez Alencart, y todas me han dejado un poso de sapiencia, pues este profesor de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca trasmite credibilidad y humildad a partes iguales, algo poco frecuente en nuestra sociedad tan mediática y propensa a bulos y embustes. Hablar con él resulta especialmente gratificante, también por el depurado español que utiliza.

-Tengo entre manos un nuevo libro, “Alencartiana. Pareceres sobre la Poesía de A. P. Alencart”, que en esta ocasión no es una obra suya sino de un buen número de escritores y profesores universitarios que reflexionan sobre su obra. ¿Feliz por ello?

-La felicidad siempre es cosa de instantes, que luego se ahúman o desgarran. Prefiero decir que, como aprendiz de poeta y viendo todos estos trabajos juntos, constato que todavía no se ha abrogado la crítica coherente, con especificaciones en torno a lo regular, nefasto o aceptable de lo que uno escribe. Valoro en demasía estos pareceres, pues están en lontananza de la insidia o la acritud maliciosa con las que algunos críticos o reseñadores descargan su propia mediocridad creativa. No se trata de mirarse al ombligo y estimarse cuasi un premio Nobel, ni aunque lo digan los más proclives a tus escritos. Uno debe saber que la luz, aunque espléndida y necesaria, es casi nada ante las inexplorables bolsas nocturnas de aquel que ha perdido el estado de gracia para la Poesía, pero que insiste y se desgañita y mueve cielo y tierra para que otros lo aúpen a un estrado que, a la menor ventisca, quedará desmoronado. En mi libro “Cartografía de las revelaciones” (2011) tengo un poema titulado “No juego a vencedor”, donde de forma lírica queda bien diáfano mi criterio al respecto.

-La coordinación es este imponente volumen es de Jesús Fonseca, reconocido periodista con un amplio recorrido por televisión, agencias de noticias y periódicos españoles. Se percibe que le une una estrecha amistad…

-…Hermandad, podría anotar si lo desea. Pero Jesús Fonseca es poeta en todo lo que escribe, sean sus artículos, ensayos o poemas. Ahora está jubilado como director de medios periodísticos, pero desde esa ‘jubilosidad’ ha querido dejar su impronta en este libro, lo cual no solo agradezco sino que recibo como un maná de generosidad extrema, tanto de él como del editor de Betania, el poeta cubano-español Felipe Lázaro, quien acogió de inmediato la propuesta de publicación.

-¿Qué nos puede decir de los autores de estos textos que realzan su obra poética?

-Lo primero y esencial es que no son personas embelecas ni superfluas. Saben de lo que hablan y escriben, pues tienen su propia obra consolidada. De los cuarenta y cinco autores, dos de ellos han fallecido meses atrás: el portugués Albano Martins y la cubana Lilliam Moro, grandísimos poetas a quienes en vida supe expresar mi respeto y admiración. Ahora, permítame hojear el índice del libro y leerle los otros nombres, pues eso sí deseo que quede inscrito, aunque entiendo que es inusual en este tipo de reportajes. Dependerá de usted si los incluye: Carmen Ruiz Barrionuevo, Stuart Park, Aimée G. Bolaños, Leocádia Regalo, Marcelo Gatica, Sylvia Miranda, Maria do Sameiro Barroso, Verónica Balaj, Juan Mares, José Antonio Santano, Víctor Ilich, George Reyes, Jaime García Maffla, Santiago Redondo, Omar Castillo, Enrique Viloria, Héctor Ñaupari, Juan Antonio Massone, Stefania Di Leo, Juan Carlos Martín Cobano, Enrique Villagrasa, Álvaro Alves de Faria, Mihai Firică, Máximo García Ruiz, Gabriela Girmacea, Lilia Souza, José Antonio Valle Alonso, Alberto Hernández, Alberto de Frutos Dávalos, Manuel Quiroga Clérigo, Harold Alva, Miguel Nascimento, Ana Cecilia Blum, Juan Antonio Monroy, Carmen Bulzan, David Cortés Cabán, Pío E. Serrano, Julio Collado, José Luis Najenson, Odalys Interián, Carmen Cristina Wolf, Ilia Galán, María Cristina Chiama y José Brissos-Lino. Ellos han procreado más luz sobre las opacas ofrendas que he ido pergeñando.

-Se aprecia que su trayectoria va generando como resultado muchos éxitos…

-Descreo de eso que denominan “éxito”, y más todavía cuando de Poesía se trata. Uno debe vivir como un aprendiz que se emociona cuando algunos versos suyos logran conmover a otros, cuando fracasas y vuelves a intentar dar vida a un poema que para ti resulta necesario o urgente escribir. La poesía no es, al menos para mí, un género literario. Es la vida misma que no desmaya y que, cuando algo has aprendido, pareciera que te abre la senda por el Mar Rojo y mansamente lo atraviesas hasta llegar al mejor respiradero, carnal y espiritual. Por eso con largueza me he desprendido de bienes y demás erupciones de codicia.

-Déjeme felicitarle por su actitud ante la vida, siempre tan compleja y condicionada.

-Gracias. Prefiero las migajas que un banquete o condecoración de algún corrupto o tirano. Y es que en mi tránsito poético supe sortear edictos y pamplinas. Lo que no puedo evadir es la tristeza que me lacera cuando veo dramas humanos como la pobreza, la enfermedad o las migraciones derivadas de guerras y persecuciones. También eso se refleja en parte de mi poesía, esa que algunos llaman social y que yo practico siguiendo la excelencia de los poetas bíblicos, a quienes no se les trababa la boca a la hora de cuestionar las injusticias sociales.