Salud

De la guerra al quirófano: la revolución robótica transforma la sanidad en Castilla y León

Once robots, más de 5.000 pacientes intervenidos y seis especialidades implicadas "democratizan" la sanidad en centros donde acaba de aterrizar, como el Complejo Asistencia de Soria y el del El Bierzo

Cirugía con el robt Da Vinci en el Hospital Santa Bárbara de Soria
Cirugía con el robt Da Vinci en el Hospital Santa Bárbara de SoriaConcha OrtegaIcal

Algunas revoluciones empiezan en silencio y en lugares inesperados, y la de la cirugía robótica nació lejos de los hospitales, en un escenario casi de ciencia ficción.

A finales de los años 90, el ejército de Estados Unidos buscaba una forma de operar a sus soldados heridos sin necesidad de estar a su lado, una idea tan ambiciosa como urgente: intervenir a distancia, con una precisión imposible para la mano humana.

Aquel proyecto militar, pensado para salvar vidas en el campo de batalla, acabó alumbrando una tecnología que hoy está transformando quirófanos en todo el mundo. Lo que entonces era un experimento de ingeniería avanzada es ahora una herramienta al servicio de la sanidad pública, también en Castilla y León.

La cirugía robótica se ha convertido en una realidad extendida, accesible y, sobre todo, útil, muy útil, y capaz de llegar donde la mano humano no puede.

En apenas siete años, tras una inversión de 12 millones de euros, los hospitales públicos han pasado de contar con cuatro robots quirúrgicos a once, presentes ya en todas las provincias. Además, el horizonte inmediato sumará nuevos equipos para los hospitales Santos Reyes, en Aranda de Duero; Santiago Apóstol, en Miranda de Ebro, ambos en la provincia de Burgos, y el de Medina del Campo (Valladolid). Además llegará un segundo robot a hospitales Universitario Río Hortega, en Valladolid, y al Clínico Universitario de Salamanca.

Detrás de esta apuesta, hay ya más de 320 profesionales acreditados, seis especialidades implicadas, más de 100 procedimientos, y una actividad que se ha multiplicado por siete en muy poco tiempo. Solo en 2025 los hospitales de la red de Sacyl superarán las 2.000 intervenciones, y ya son más de 5.000 pacientes los que han sido operados con éxito desde que a mediados de 2018 aterrizó en los hospitales de Salamanca, Burgos, León y el Río Hortega.

El hecho de que esta tecnología se haya extendido como una mancha de aceite se debe a los resultados clínicos que hablan por sí solos: menor sangrado, menor dolor, estancias hospitalarias más cortas, recuperaciones más rápidas y una precisión quirúrgica que amplía lo que es posible en una cirugía abierta.

Desde la urología, que fue la especialidad que abrió el camino, hasta la cirugía general, la ginecología, la torácica e incluso procedimientos tan complejos como el trasplante renal de donante vivo, cada hospital está viviendo esta revolución de manera diferente.

Dos de los últimos centros en coger este tren han sido el Hospital de El Bierzo y el Complejo Asistencial de Soria, donde los cambios han sido rápidos y profundos.

“La experiencia inicial ha sido bastante buena. Nuestro servicio tenía ya un bagaje laparoscópico de dos décadas, y ha facilitado que pudiéramos incorporarlo a nuestro día a día con bastante facilidad”, explica a Ical Ruth Cachón, cirujana general y del aparato digestivo del Hospital Santa Bárbara de Soria, donde se han sumando también los servicios de Urología y Ginecología. Reconoce que el esfuerzo de capacitación de cirujanos, enfermeros y personal de quirófano en pocos meses ha merecido la pena.

Esa base laparoscópica también explica por qué la curva de aprendizaje se ha acelerado en centros punteros, y en otros que están dando la cara, como el Hospital del Bierzo, donde llevan muy poquito tiempo, pero con éxito, utilizando esta tecnología en las especialidades de Urología y Cirugía General.

El jefe del Servicio de Urología de este centro, Óscar Miranda, explica a Ical el impacto en su especialidad, que fue, de hecho la primera en acoger la cirugía robótica en Castilla y León. “Permite accesos a cavidades pequeñas y a zonas de difícil acceso quirúrgico; magnifica mucho la imagen y permite grados de libertad muy importantes con las pinzas; hacer suturas y disecciones muy finas y muy precisas en campos muy estrechos”, algo vital en urología donde se trabaja en un campo muy pequeño, que con cirugía abierta es mucho más complicado.

“Ofrece muchísimas ventajas a la hora de hacer disecciones precisas para conservar estructuras nerviosas; es una zona con estructura vascular, y ayuda mucho para preservar la continencia, para la función eréctil, y para resecar adecuadamente un tumor, para hacer disecciones funcionales mucho más precisas”, añade.

Democratizar la sanidad

Tanto Ruth Cachón como Óscar Miranda defienden que la llegada de esta tecnología a sus centros “ha permitido democratizar el acceso a la cirugía robótica a todos los pacientes de todas las áreas sanitarias. Básicamente el futuro ya es hoy”. “Cuando comencé la residencia, en 2006, estaba solamente presente en los grandes hospitales de referencia. Era como una especie de sueño llegar a ello”, recuerda Miranda, para quien el abaratamiento y la mejora de las plataformas ha permitido a hospitales de segundo nivel y a sus pacientes beneficiarse de ello.

“La introducción de la cirugía robótica en un hospital tan pequeño como el nuestro ha aportado muchísimas ventajas”, explica Cachón, que destaca el hecho de equipararse a los grandes hospitales. “Es una gran apuesta de futuro, porque nos estamos equiparando técnicamente con ellos, y estamos intentando, en cierto modo, retener y captar cirujanos cualificados, que es lo que nos interesa. Porque en hospitales tan pequeños la gente está muy de paso y poca gente se queda para poder sacar trabajo aquí”, resume.

Entre otras virtudes, los dos destacan las ventajas para el paciente y para el propio profesional. En el primer caso, hay menos complicaciones y menos sangrado, menor traumatismo sobre los tejidos, con lo que el dolor postoperatorio es muchísimo menor, lo que permite que el paciente tome menos fármacos y tenga altas precoces. “En un hospital como el nuestro, llegamos a tener altas en 24 horas de una cirugía como la prostatectomía radical, que es una cirugía mayor. Antes, los pacientes estaban tres o cuatro días, incluso una semana, perfectamente.

Con la cirugía abierta, había una tasa de transfusión bastante alta, y hoy prácticamente no tenemos necesidad de transfundir a ningún paciente”, precisa Miranda.

El sistema anula el temblor, ofrece visión tridimensional, la precisión es casi milimétrica, y eso cambia por completo la recuperación. La ergonomía del cirujano, la precisión del instrumental y la estabilidad del campo quirúrgico también están redefiniendo cómo se trabaja dentro del quirófano. “El manejo es muy intuitivo, y el hecho de estar sentado reduce muchísimo la fatiga”, explican. Las horas de quirófano se soportan mejor, lo que siempre redundante en beneficio del paciente.

Nuevas posibilidades

En ambos casos, ha ocurrido algo parecido: la tecnología ha obligado a reorganizar los equipos y, al mismo tiempo, ha abierto posibilidades nuevas. “Empezamos con cirugía biliar, vesículas biliares, que consideramos que era quizás la cirugía más básica o más sencilla y progresivamente hemos ido a más. Los casos que hemos tenido nos han ido haciendo cambiar un poquito de idea porque teníamos intención de empezar con cirugía colónica, cirugía de cáncer de colon más básica. Pero como no había casos en aquel momento, pues empezamos directamente con cirugía más complicada, que es la cirugía de cáncer de recto, y de recto con amputaciones, incluso abdomino perineales, que es quizás lo más complejo a lo que nos podemos enfrentar con la cirugía robótica. También, con la cirugía de enfermedad por reflujo gastroesofágico con hernia de hiato asociada. La previsión, pues que los procedimientos se vayan haciendo cada vez más complejos, aunque los casos que estamos manejando ya me parece que lo son”, indica Cachón.

Ese fenómeno también se ve en Urología, como comenta Óscar Miranda, que destaca que la robótica les está permitiendo, por ejemplo, cirugía parcial del cáncer renal en tumores más complejos. “Tumores en los que antes no se podría plantear una cirugía conservadora del riñón, y había que quitar el riñón entero, hoy podemos plantear hacer cirugía parcial para quitar solamente lo que es el tumor conservando la masa renal, y con iguales resultados oncológicos”.

También, se han enfrentado a cistectomías (extracción de la vejiga) y a reconstrucciones de la vía urinaria haciendo neovejigas intracorpóreas, algo que antes hacían por laparoscopia, pero que ahora, con el robot, se mejoran los resultados y recortan tiempos de quirófano.

Al preguntarles por el futuro, tanto en Soria como en El Bierzo la respuesta es similar: la cirugía robótica ha llegado para quedarse… y para crecer. Ahora el reto pasa por seguir añadiendo procedimientos cada vez más complejos, concluyen los dos cirujanos, convencidos de que la cirugía robótica es una revolución, una revolución nacida en un entorno militar que hoy se escribe en los quirófanos de Castilla y León.