Sociedad

La lucha por la libertad de Ucrania desde un jardín de Burgos

Medio centenar de familias refugiadas plantan un ejemplar de kalynà, un arbusto de bayas rojas que recibe el nombre de una joven bella y valiente que, según la tradición ucraniana, dio su vida por el país

Plantación del kalyna, arbusto de bayas rojas que recibe el nombre de una joven bella y valiente que, según la tradición ucraniana, dio su vida por el país.
Plantación del kalyna, arbusto de bayas rojas que recibe el nombre de una joven bella y valiente que, según la tradición ucraniana, dio su vida por el país.La RazónLa Razón

La comunidad ucraniana de Burgos, mucho más numerosa ahora tras la llegada de familias refugiadas que han huido de la guerra, ha querido compartir con los burgaleses su cultura y sus tradiciones, para demostrar que Ucrania “no es un país en guerra, sino un país europeo como España”, y se ha servido de uno de sus grandes emblemas, la kalyná, un árbol de bayas rojas que simboliza la lucha por la libertad.

Alrededor de medio centenar de familias refugiadas, de la mano de la Asociación de Familias con Ucrania, han plantado esta semana en Burgos -en el Club Deportivo El Soto- un ejemplar de este arbusto que recibe el nombre de una joven bella y valiente que, según la tradición ucraniana, dio su vida por el país.

“Ucrania es un país muy joven, consiguió la independencia en 1991”, explica Nadiya Chmyr, presidenta de la Asociación Familias con Ucrania, que lleva viviendo en Burgos desde hace más de veinte años y que ha sido uno de los pilares fundamentales en atención y ayuda a las familias refugiadas desde la invasión rusa.

El pasado jueves, la asociación organizó un encuentro con las familias, dedicado sobre todo a los niños, “que han creado un vínculo muy cercano” y que, tras pasar los primeros meses juntos, ahora “se ven muy poco” porque cada familia tiene ya su vivienda, su colegio y sus ocupaciones.

En un acto protagonizado por niños y mujeres se ha plantado un ejemplar de la kalyná, cuyas bayas rojas recuerdan la sangre derramada por la libertad, mientras se ha interpretado la canción revolucionaria dedicada a los soldados de la I Guerra Mundial, y que se ha convertido en un emblema estos últimos meses.

“Es muy actual. Las mujeres, por todo el mundo, la cantan en apoyo a los hombres que están en la guerra”, ha explicado Chmyr, como un recordatorio de que, unido, el pueblo ucraniano es más.

De este modo, un “trocito de Ucrania está ya en Burgos”, ciudad de acogida para numerosos ucranianos, que viven con mucha preocupación lo que está ocurriendo en su país porque “nadie ve el fin del conflicto”.

Este acto, como otros que tiene previsto organizar la asociación (una cena benéfica o la llegada de Papá Noel en Navidad), busca ayudar a las familias a “olvidar un poco su día a día”, pues “cada vez les cuesta más; no saben qué hacer, si echar raíces aquí, si esperar, si volver a Ucrania…”.

“La tierra tira”, ha asegurado Chmyr, y de hecho muchas familias han vuelto a Ucrania, porque allí están sus maridos, sus padres y su vida; “prefieren quedarse allí y morir, si es lo que está escrito para ellos, pero felices de estar con sus familias y en su país”.

Sin embargo, también siguen llegando a Burgos refugiados ucranianos, procedentes de otros puntos de España, sobre todo del sur y la costa, y tras un año y medio de guerra, las familias “ya saben defenderse en español, se abren camino por sí mismas”.

La Asociación Familias con Ucrania continúa presentado su ayuda, si bien el problema de la vivienda está resuelto y aquellos ucranianos que quieren trabajar, ya lo hacen, lo mismo que los que están formándose, y han creado una comunidad fuerte y unida, para que nadie se sienta “abandonado”.

Futura periodista y voluntaria de Español

Krystina Melnykova es una joven estudiante de periodismo, de 17 años, que está estudiando a distancia con una universidad de Ucrania, mientras acaba de perfeccionar el español, el quinto idioma que habla tras ucraniano, ruso, inglés y un poco de polaco.

Unas habilidades que le permiten trabajar como voluntaria enseñando a compatriotas el español, mientras sigue muy de cerca lo que está ocurriendo en su país, pues ella como el resto quiere volver, pero tiene muy claro que se quedará en Burgos hasta que termine la guerra.

“Nadie sabe qué va a pasar dentro de un año, dónde estaremos”, ha asegurado, con la experiencia que le ha dado la aventura vivida, pues Krystina salió huyendo de la guerra hacia Polonia y, de ahí, llegó a Burgos en autobús con un grupo de voluntarias, las primeras que les dieron acogida.