Cataluña

La serialidad llega a la ópera con «Cavalleria Rusticana» y «Pagliacci»

El Liceo acoge el premiado montaje que une el tradicional programa doble del verismo en una única y misma historia

Cuando el compositor Ruggero Leoncavallo era un niño, un criado le llevó a ver a una compañía de teatro de la comedia del arte. Lo pasó de fábula con el juego de equívocos y los estrafalarios trajes de los payasos y sus máscaras increíbles. Al acabar, el criado le aseguró que había estado bien, pero que habían ido una semana tarde a ver la obra. Leoncavallo no lo entendía, a él le había encantado. ¿Me estás diciendo que podía haber gustado más?, preguntó. No entendía qué podía importar cuándo fueran a ver esa obra, hasta que el criado se lo explicó. El director de la compañía y su actor principal, uno de los grandes maestros de la comedia del arte de la época, acababa de matar a su mujer, también actriz en la compañía, porque ésta la engañaba con otro de los actores de la misma.

Leoncavallo no se lo podía creer. ¿Cómo sabes tú eso?, le preguntó al criado y éste se rio por la ingenuidad del niño. ¡Lo sabe toda la comarca!, exclamó y le aseguró que incluso el padre del futuro compositor, que era el juez de la zona, era el encargado de vehicular la investigación criminal.

Una vez en casa, empezó a mirar a escondidas los papeles del caso que su padre guardaba en el despacho y aquella historia se le acabó por grabar con fuego en su imaginación. En 1893 estrenaba su célebre «Pagliacci», basado en la historia que había marcado su infancia. O al menos eso es lo que siempre decía él cuando le acusaron de plagiar «La femme de Tabarin», una ópera con el mismo argumento. ¿La verdad? No importa en absoluto.

Una historia paralela

Lo único seguro es que, desde 1893 empezó a programarse junto a «Cavalleria rusticana» por su reducida duración, conformando un programa doble que ha quedado como hito del verismo italiano. Leoncavallo sí reconocía que se había inspirado en la obra de Pietro Mascagni para su «Pagliacci», así que parece algo lógico. Sin embargo, nadie había intentado unir sus universos similares en una especie de cuadros de una misma historia. La edad de oro de la televisión y la serialidad han llegado por fin a la ópera. «Nos hemos centrado en unir los detalles de las dos obras. Por ejemplo, los personajes de una y otra aparecen siempre, aunque sea como secundarios y en Cavalleria ya vemos carteles de la obra de la compañía de Canio. Había un riesgo de ser demasiado simples, pero con estos detalles permitimos al espectador seguir mejor estas historias», comenta el director escénico Damiano Michieletto, responsable de una producción que en 2016 ganó el Premio Laurence Olivier al mejor montaje.

El Gran Teatro del Liceo acoge del 5 al 22 de diciembre una producción que cuenta con repartos de lujo con nombres como Elena Pankratova, que debuta en el Liceo, Oksana Dyka, Roberto Alagna, Aleksandra Kurzak, Mercedes Gancedo, Marcelo Álvarez o Àngel Òdena, entre otros. «En realidad, las víctimas de estas obras son los hombres. Turiddu no engaña nunca a nadie y todos le traicionan», dijo Alagna.