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“Un ambiente poco tolerante mata la creatividad”

Jordi Montaña, presidente del FAD, la histórica asociación de diseñadores de la ciudad, constata que Barcelona es una marca más reconocida en el extranjero que en casa: “Tenemos tendencia a no valorar lo que tenemos”

Jordi Montaña, presidente del FAD, Foment de les Arts i el Disseny, se ha comprometido con su junta a que Barcelona vuelva a ser la capital del diseño
Jordi Montaña, presidente del FAD, Foment de les Arts i el Disseny, se ha comprometido con su junta a que Barcelona vuelva a ser la capital del diseño FOTO: ADRIAN QUIROGA

Barcelona fue durante años una de las ciudades con la industria creativa y cultural más activa de Europa. ¿Fue? «La creatividad no se ha perdido», afirma Jordi Montaña, el presidente del FAD, la histórica asociación de diseñadores de la ciudad, pero necesita ambiente y motivación. Y en los últimos años, la crisis, la caída de las ayudas públicas y una situación política menos tolerante han hecho perder fuelle a industrias como la del cine, la moda, el diseño gráfico o la arquitectura a favor de otras ciudades. Aún y asi, sigue siendo una ciudad de peregrinaje para artistas y creadores. Quien tuvo retuvo. Y además, la ciudad tiene un comodín: una muy buena salud de las empresas tecnológicas y digitales, que si se suma a la tradición cultural la hace imparable. Ahí están el Sónar, el Movile World Congress y la camisa que lleva Montaña, que «no necesita plancharse», cuenta. «El diseño tiene un papel clave en la lucha contra el cambio climático», afirma Montaña. Sin innovación no hay futuro.

-¿Barcelona ha perdido creatividad?

-La creatividad no se pierde, pero necesita conocimiento, motivación y ambiente. Barcelona tiene conocimiento: buenas universidades, escuelas de negocio y de diseño. Lo que puede haber fallado en los últimos años es la motivación, se podrían haber hecho más cosas. Y tampoco ha habido un ambiente para hacer fuerte una creatividad latente. Esta falta de ambiente tiene múltiples causas: la crisis afectó económicamente y emotivamente. Cuando el ambiente reaparezca, tenemos los números de volver a ser la capital de la creatividad.

-¿Cómo alimentamos este ambiente creativo?

Hubo un momento en el que habían varias oficinas de diseño estratégico del automóvil en Barcelona porque se retroalimentaban. Todo lo que hagamos para mejorar este ambiente, será bueno para la ciudad. Hay un economista, Richard Florida, que dice que una ciudad creativa atrae talento e inversiones. Para atraer talento, hay tres claves: tener talento, tecnología y tolerancia. Barcelona cuenta con talento, tiene una sólida base tecnológica –será la primera ciudad donde se implantará el 5G– y es tolerante. Estas tres «T» ejercen de imán para el talento y las inversiones. Hemos de cuidarlas y mantenerlas.

-¿La marca Barcelona tiene más reconocimiento fuera que dentro del país?

-Clarísimamente, Barcelona es una marca atractiva en el extranjero. La semana pasada, estuve en un congreso de la Asociación Europea de Universidades donde hablaban de cómo implantar en las universidades los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) , y nos ven como unos adelantados en creatividad y medioambiente. Pero, en general, tenemos tendencia a no valorar lo que tenemos, aunque luego estemos orgullosos de nosotros. Tanto en el resto del Estado, pero, sobre todo, en Europa, se nos valora mucho. Pero la crisis, económica y política, nos ha pasado factura. Desde el FAD, tenemos el compromiso de volver a convertir Barcelona en la capital del diseño. El diseño, la cultura y las artes sirven para hacer felices a las personas, pero también tienen una repercusión económica brutal. Ayudan a que la gente viva mejor, pero también a que la economía crezca.

-¿La distribución de recursos ha lastrado la creatividad de Barcelona?

-Vamos a ir un poco hacia atrás, desde que Bilbao descubrió que el Guggenheim y las estaciones de Metro de Norman Foster ayudaron a la ciudad a superar la reconversión industrial, el país redescubrió el papel que tiene la cultura en el bienestar de la gente y como impulso económico. También Madrid, que siempre ha sido un polo cultural, más institucional que Barcelona y que absorbe más recursos. Los recursos influyen, no me cansaré de repetir que las administraciones deberían invertir más en cultura. Pero la competencia con otros lugares no me preocupa, al revés, ojalá, en el extranjero, se nos considerara un país muy creativo con diferentes polos. Me puede preocupar si va en detrimento de los recursos que se pueden dedicar. La cultura es el pariente pobre de los presupuestos. A los políticos les gusta inaugurar cosas, pero en las campañas electorales no oiremos hablar mucho de cultura, educación, universidades y ciencia, que está todo relacionado, porque para ser creativo hace falta conocimiento. Igual que para crear sinfonías se ha de saber música.

-¿La situación política ha influido en el ambiente creativo?

-Sí. La situación política tiene muchas raíces. Una es la crisis de 2018, fruto de la globalización. Desnudó a las clases medias y generó un descontento que se transmite en la política. Estamos buscando cosas a las que abrazarnos, algo en que creer, llámalo nación o revolución. El ambiente es complicado.

-Pero la creatividad no desaparece y el diseño vive una segunda juventud para luchar contra el cambio climático. ¿Cómo nos ayuda a ser más sostenibles?

-Sin diseño no hay innovación y sin innovación no podremos luchar contra el cambio climático ni cumplir con los ODS. Cuando mi junta se reunió por primera vez, sobre la mesa había dos temas: recuperar Barcelona como ciudad del diseño y cumplir con los ODS. Tenemos una oportunidad inmensa si somos creativos e innovamos.

-Como por ejemplo teñir de verde las plazas duras

-Con las plazas duras, hace más de treinta años, se intentó recuperar espacio libre para la ciudad. Se quería oxigenar el tejido urbano y en ese momento, con buen criterio, se buscaron cosas fáciles de mantener. Pero con los años se ha demostrado que también requieren mantenimiento, porque la gente es capaz de arrancar piedras y bancos anclados al suelo. Ahora, hace falta poner más plantas, se pueden hacer terrazas verdes, jardines verticales y poner todo el verde en las plazas que se pueda.

-Hay nuevas ciudades referentes en el mundo del diseño

-Barcelona está arriba, aunque el ránking lo lideran siempre las mismas. Milán es un gran lugar del diseño. Hay muy buenos diseñadores, pero también hay muy buenos empresarios que han sabido hacer estrategias de innovación y grandes empresas basadas en el diseño. Luego está Ámsterdam. Londres ha perdido fuelle y en Nueva York, siempre pasan cosas.

-¿El nombre hace la cosa en el caso del DHUB, el museo ha logrado crear un polo creativo en el barrio?

Lo estamos intentando, pese a que el Auditorio y el DHUB se dan la espalda. ¿Por qué no construyeron una plaza entre ambos edificios? Hemos organizado varias experiencias para atraer talento y creatividad. Por ejemplo, reunimos a todos nuestros vecinos -la Farinera, el Centro Comercial Glòries, la Universidad Pompeu Fabra- y fue una experiencia enriquecedora. La próxima semana inauguraremos el Design Market. Estaría bien que las Glòries, fuera el centro de Barcelona, como soñó Idelfons Cerdà, pero nos conformamos con ser el centro del diseño. No queremos que los vecinos venga, preferimos irradiar y que surjan polos de creatividad en otros puntos como Paseo e Gràcia Diagonal o el MNAC.

-De todas las artes que representa el FAD, moda, arquitectura, artes gráficas y diseño industrial, ¿cuál tiene peor salud?

-Hay que potenciar la moda. Hemos perdido empuje en los últimos años por muchas causas, ni la industria ni la política la han cuidado. También se ha de potenciar la transversalidad.