Adeline Dieudonné nos abre las puertas de un infierno familiar

La escritora belga deslumbra a propios y extraños con la historia de una niña, un padre abusador y una madre ausente

Adeline Dieudonne es  uno de los nuevos fenómenos de la narrativa francesa
Adeline Dieudonne es uno de los nuevos fenómenos de la narrativa francesaRoser Ninot (nombre del dueño)

El horror tiene múltiples caras, pero ninguna tan terrible como la de un padre abusador. La única respuesta ante esta asincronía, cuando miras a la cara a la persona que tiene que darte fuerza, consuelo, seguridad y amor, pero lo único que ves es violencia, miedo, furia y odio, la única respuesta, repito, es huir a un lugar donde las cosas son como deben ser. La mirada del horror no se aguanta, nadie es lo suficiente valiente y temerario. La mirada sel horror se rehuye y buscas la verdad, la «vida verdadera» donde sea, incluso en una fantasía. Esto es lo que hace la protagonista de «La vida verdadera», de Adeline Dieudonné, último fenómeno de las letras francesas con 14 premios literarios a sus espaldas y más de 250.000 ejemplares vendidos.

La escritora debutó en 2018 con esta novela, la historia de una narradora de unos diez años que va explicando su vida poco a poco y todos los elementos que la van formando y convirtiendo en una pesadilla. Su padre es un ser enorme, fuerte, de grandes manos que sólo utiliza para la caza mayor y para cambiar los canales de la tele. Su casa está llena de animales disecados, que ella llama «el cuarto de los cadáveres». Su madre es un ser anulado que vive a la sombra del miedo a su marido. Y luego está el hermano pequeño, el gran motor de la historia, que al presenciar un terrible accidente empezará a anular toda su personalidad, como la madre, pero sólo para dejarse llenar por la furia del padre y empezar a comportarse como otro cazador alucinado. «Nunca he entendido esta obsesión por nosólo matar animales, sino después llevártelos a casa. Momificar el dolor y la crueldad me parece tan terrible como patético, pero al mismo tiempo me fascinan las personas que son capaces de hacer algo así», comenta Dieudonné.

La historia funciona prácticamente como un cuento de los hermanos Grimm y consigue abrumar por las escenas de brutalidad que describe, pero al mismo tiempo deja espacio para que la voz de la niña encuentre esperanza y calor humano con un sentido del humor irónico y certero que le servirá como válbula de escape. «Mi intención es que la niña buscase lugares de fuga, de salida de la opresión, y en mi caso el humor es el instrumento más poderoso para conseguirlo», señala la escritora que dice vivir con estupor y sorpresa el éxito que ha tenido la novela. «Muchos se acercan y me dan las gracias porque hago que los niños hagan cosas que ellos nunca pudieron hacer contra sus abusadores», reconoce Dieudonné.

Amor por Stephen King

Entre las «vidas verdaderas» que intenta recuperar la narradora está ese momento antes del accidente, antes de que su hermano cambiase ¿para siempre? En ese momento, empezará a informarse de os estudios de física cuántica, convencida ingenuamente que será capaz de construir en u futuro cercano una máquina del tiempo, volver atra´s, y liberar a su hermano del trauma maltransformador. «No era un lugar para creer en cosas mágicas, pero sí me pareció lógico que la niña pudiese creer que con la ciencia ella podía encontrar una solución. El problema es que me tenía que limitar a cómo una niña podía comprender y explicar esto», afirma la escritora.

El resultado es una obra de inusual poética, con una de las voces más poderosas de los últimos años, capaz de desnudar a los adultos que conviven con ella con una sola palabra, como cuando llama «ameba» a su madre anulada. «Mis grandes referentes siempre ha sido Stephen King, y particularmente en esta novela “Tenemos que hablar de Kevin”, de Lionel Shriver», reconoce la escritora.

Ya prepara su segunda novela, mientras se prepara para actuar en la obra de teatro que ha escrito, protagonizada por una mujer ninfómana y su marido sumiso, casi una inversión de papeles de su primera novela. «Cuando les digo a mis padres que he acabado otra historia se ponen blancos. Mis historias no tienen nada que ver conmigo, no me interesa la autoficción, prefiero algo más fantástico e importante, la verdad», bromea la autora.