«Como embajador le puedo garantizar el pago, como poeta no puedo disponer de toda esa suma»

LA RAZÓN reproduce algunas de las cartas inéditas de Pablo Neruda que forman parte de la subasta con papeles personales y literarios del autor de «Veinte poemas de amor y una canción desesperada»

Neruda en Budapest, con el puente de la libertad sobre el Danubio al fondo, en una foto de Mayo 1956
Neruda en Budapest, con el puente de la libertad sobre el Danubio al fondo, en una foto de Mayo 1956

La de Pablo Neruda es una vida que se reconstruir en sus cartas. Muchas de ellas forman parte de la venta que esta semana se ha anunciado con documentos del archivo que ha formado el coleccionista Santiago Vivanco y que tendrá lugar el próximo día 19 en la barcelonesa casa de subastas La Suite. Este periódico ha podido acceder a algunas de las misivas que forman parte de este fondo y que aportan algunos datos reveladores sobre la personalidad del poeta chileno.

Neruda fue siempre un gran bibliófilo como demuestra la gran biblioteca que formó en sus numerosas residencias, especialmente en la más famosa de todas, la de la Isla Negra. A veces ese interés por la adquisición de joyas literarias le suponía tener que negociar cuando no tenía dinero para ampliar su biblioteca. El 26 de octubre de 1971, cinco días después de saberse que había ganado el Premio Nobel de Literatura, Neruda escribía una extensa carta a Robert Bennet, responsable de Bennet & Marshall, una librería de Los Ángeles en la que se vendían los «First Folio» de Shakespeare, la conocida primera publicación de la obra teatral del autor inglés. Neruda, en aquel momento embajador de Chile en París, en inglés y tinta verde, escribe al librero: «Tras haber recibido un premio internacional, estoy viviendo un momento desordenado, e incluso mi ortografía en inglés está sufriendo. Quiero comprar el Shakespeare Folio. ¿Puede darme alguna facilidad para pagarle? Como embajador puedo garantizarle el pago, como poeta no puedo disponer de toda esa suma». Neruda se mostraba esperanzado porque «recibiré el Premio Nobel en diciembre», pero mientras eso sucedía le preguntaba si podía abonar mil dólares al mes. Poco después, el 1 de noviembre, Bennet contestaba al poeta, felicitándolo por la obtención del Nobel e incluso preguntándole si puede ser su amigo. Tras ello, empiezan a hablar de negocios: «Entiendo su petición, su deseo de pagar mil dólares mensuales hasta que la compra se complete. Esto es perfectamente satisfactorio para mí, usted puede empezar a pagarme tan pronto como sea conveniente».

Uno de los apartados más importantes del archivo creado por Vivanco y que ahora se ofrece con un precio de salida de 650.000 euros, es el relacionado con un extenso y desconocido intercambio epistolar entre el autor de «Canto general» y su familia. Son misivas desde la década de los 30 y hasta 1973, fecha del fallecimiento del gran poeta. Una de ellas está dirigida a su hermana Laura con membrete del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Chile. El escritor hace poco que se ha casado con María Antonieta Hagenaar, la que fue su primera esposa. Tras haber sido cónsul en Singapur en 1931, regresa a Santiago de Chile y lo primero que hace es ponerse en contacto con Laura firmando la misiva como Neftalí, su verdadero nombre, aunque la carta la redacta su esposa. «Hace nucho tiempo que no he escribido a Uds., pero espero que Uds. me perdonen porque yo tengo tantas cosas que hacer y salimos mucho. He solamente escribido a mi Mamá de quien he recibido muchas cartas y ha mandado muchos saludos de Uds. Yo no escribido tampoco a mis amigos en Java, yo no tengo tiempo, espero que Uds. me creen». En la misma carta ya vemos que el destino inmediato del muy viajero poeta se encuentra España donde viajará muy pronto para ser cónsul en Barcelona y Madrid.

Es precisamente dos días antes de partir para la capital catalana, el 3 de mayo de 1933, cuando Neruda escribe a su querida hermana Laura. Está en Santiago de Chile y le han llegado noticias del delicado estado de salud de su padre: «Querida Laura: Siento enormemente lo que pasa y espero que mi papá se mejorará muy pronto. Te ruego me anuncies cada día su mejoría. Hace varios días que te envié al correo Nº 2 un jiro [sic] por $ 15.- que espero habrás recibido Estamos ansiosos por la salud de mi papá, así que te tuego me escribas todos los días. Pablo». Curiosamente en el archivo esta carta va acompañada de una copia mecanografiada de poema que Neruda escribió al saber de la muerte de su madre el 17 de agosto de 1938, aquellos «humildes versos para que descanse mi madre».

Las cartas de María Antonieta Hagenaar, también llamada Maruca, a Laura Reyes Basoalto, hermana de Pablo Neruda, nos ayudan a saber mucho más de las aspiraciones que el poeta tenía en el Madrid republicano de los años 30. Eso es lo que se puede constatar en una nota del 3 de febrero de 1935 cuando ya ha nacido Malva Marina Trinidad Reyes Basoalto, aquella hija a la que Neruda no prestó la atención que merecía y que murió prematuramente. «No hemos podido escribir antes, yo por estar ocupada todo el tiempo con la niña y Pablo por estar ocupado con sus trabajos literarios y sus cambios en la carrera. También el hecho de no estar en un lugar fijo nos quita las ganas de escribir, pues ya hace años que andamos como los músicos viajeros», asegura Maruca. Esos cambios a los que la esposa del poeta hace referencia son los vinculados al nombramiento de Neruda como agregado a la embajada en Madrid, aunque sin tener que su rango de cónsul. «Aunque hemos tenido que sacrificar una gran parte del sueldo, estamos muy contentos porque Madrid es el lugar más importante para sus libros y los triunfos que aquí obtenga le servirán más que todos los que ha obtenido hasta ahora. Los periódicos y todos los intelectuales le han recibido con mucho entusiasmo y en una conferencia, dada en la Universidad de Madrid le han declarado el mayor poeta de América. Naturalmente estos triunfos de Pablo causan muchas envidias y calumnias en Chile, pero estas hay que tenerlas como cosa natural. No hay triunfos ni verdadero valor sin envidia y gente ruin», podemos leer en la carta.

En la misma nota aparecen algunas noticias sobre Malva Marina, aquella niña de frágil salud y a la que Lorca llamaba «delfín de amor sobre las viejas olas». De nuevo dejemos que sea la voz de Maruca la que nos cuente sobre la pequeña: «Malva ahora tiene 5 1/2 meses y está muy rica. Ha crecido y engordado mucho, tiene 71 cm de altura, mientras tenía 47 cm cuando nació, lo que me asusta mucho (...). Es una chica siempre tan contenta, no llora nunca, está sonriendo todo el tiempo».

Malva Marina falleció en 1943. Tenía 8 años.