“La izquierda intenta hacer del feminismo un gueto ideológico”

La abogada Guadalupe Sánchez compara el movimiento feminista con el discurso antiinmigración de Vox en el “Populismo punitivo”

Guadalupe Sánchez, abogada ejerciente, hace una crítica en el "Populismo punitivo" al feminismo y al discurso antiinmigración
Guadalupe Sánchez, abogada ejerciente, hace una crítica en el "Populismo punitivo" al feminismo y al discurso antiinmigración

El feminismo copará parte del debate político esta semana -está previsto que el Consejo de Ministros apruebe mañana la Ley de libertades sexuales, conocida como “solo sí es sí”- y regresará a la calle el domingo con motivo del 8-M -día internacional de la mujer-. En este marco, Guadalupe Sánchez (Alicante, 1977), abogada ejerciente, ha publicado recientemente “Populismo punitivo” (Deusto), un libro en el que aborda, critica y compara el movimiento feminista promovido por la izquierda con el discurso antiinmigración de Vox.

El 8-M es el día internacional de la mujer, jornada siempre llena de reivindicación. Usted en el libro contrapone el feminismo identitario de la izquierda al feminismo de corte liberal.

Creo que el feminismo, para que tenga éxito, debe ser universal, debe aunar a hombres y mujeres. Un feminismo que gire en torno a la igualdad ante la Ley. Rechazo que la izquierda identitaria se apodere de la palabra y del movimiento porque el feminismo debe perseguir que seamos iguales a los hombres en derechos y deberes. La igualdad tiene dos vertientes: que se plasme a nivel legislativo y la traslación práctica de ese derecho, donde hay camino por hacer.

¿No hay igualdad práctica?

En la realidad cotidiana todavía tenemos ejemplos en los que es necesario implantar esa igualdad: por ejemplo, la conciliación maternal. Cuando planteo el feminismo liberal es porque la igualdad ante la Ley es una de las insignias del liberalismo y muchas de las reivindicaciones precisamente también tenían esta igualdad ante la Ley. Si el feminismo liberal no existe, lo que tenemos que hacer es construirlo.

Critica al feminismo identitario de izquierdas por ineficiente.

Una de mis principales críticas a este movimiento de la izquierda es que es bastante ineficiente, son inoperantes. Es un feminismo pancartero que se olvida de nuestra realidad cotidiana y eso es debido a que se está intentando hacer del feminismo un gueto ideológico. Todas las reivindicaciones que salen del gueto no atienden de verdad a la realidad cotidiana de las mujeres -por ejemplo, la conciliación, la contratación cuando una mujer puede concebir o cómo compaginar maternidad y trabajo-: de eso no hablan ni tienen propuestas, porque eso requiere trabajo y dotación presupuestaria.

Pero el feminismo también reivindica este tipo de cuestiones.

Sí, pero lo verás mucho menos que los panfletos, donde mezclan el feminismo con otras cosas que no tienen nada que ver. Apenas ves la palabra conciliación y mucho menos propuestas o medidas concretas para solucionarlas, pero sí te encuentras de manera recurrente eslóganes vacíos como “Nos queremos vivas”. Además, excluyen a algunas mujeres porque han alcanzado éxito profesional y entienden que ha sido gracias al capitalismo heteropatriarcal.

Este martes se aprueba la Ley del sí es sí. ¿Qué le parece?

Vamos a ver en qué se concreta. Hacer rápido y mal una reforma de tipos penales simplemente para usarla como pancarta en una manifestación feminista es bastante irresponsable. Yo creo que la actual tipificación de delitos contra la libertad sexual en nuestro Código Penal es clara y respeta escrupulosamente las exigencias que emanan de los convenios internacionales de los que España forma parte. Esta reforma de la Ley desde el punto de vista técnico es un desastre, hay muchas incongruencias -como que se castiga con mayor pena una agresión sexual por parte de tu expareja o pareja que por parte de un tercero; o, hacer un patiburrillo de todos los supuestos que deben considerarse agresión mezclando el tipo básico con el tipo agravado-. Además de contemplar una rebaja de penas, lo que sí parece que nos trae es un desastre conceptual.

Usted critica la inclusión del consentimiento explícito en la nueva Ley.

Es contraproducente porque los seres humanos somos capaces de expresarnos en lenguaje no verbal. Esta necesidad de explicitar el consentimiento puede ser contraproducente porque podría dar lugar a denuncias instrumentales y situaciones indeseadas y porque denota una cierta connotación paternalista hacia la mujer. Da a entender que las mujeres no somos capaces de expresarnos de una manera que no sea explícita.

En el libro aborda la sentencia de la Manada.

Sí, en el caso de la sentencia de la Manada mis críticas no se centran en las sentencias sino en cómo se instrumentalizaron; todas las mentiras que líderes políticos dijeron en torno a ellas: daban a entender con sus comentarios que habían absuelto a los acusados. Pero igual de irresponsables me parecieron cuando se dictó la sentencia del Tribunal Supremo.

¿Por qué?

Porque básicamente fue el detector de mentiras de todo lo que nos habían dicho los políticos. Con ocasión de las sentencias dictadas en instancias inferiores, se nos dijo que había que reformar el Código Penal para que el sexo no consentido fuese delito, como si no lo fuese, y para que no se exija a una mujer que se resista o se defienda cuando está rodeada para que se considere una violación. La sentencia del Supremo demostró que no hace falta reformar nada porque todo eso está contemplado tanto en el Código Penal como en nuestra jurisprudencia -que recoge que no es necesario que la víctima ejerza una resistencia evidente para oponerse a la relación sexual porque existe un concepto que es intimidación ambiental, que se refleja en la sentencia y desmonta todas las mentiras que se dijeron-.

Aborda y compara el feminismo con el discurso antiinmigración y su conclusión sobre ambas cuestiones es que hay un exceso punitivo.

Sí, un exceso de populismo punitivo, por lo menos. Para que la gente entienda bien por qué contrapongo un movimiento identitario populista con otro, es que ambos utilizan el mismo discurso, de victimizar a un colectivo a costa de criminalizar a otro. Las feministas criminalizan a los hombres y victimizan a las mujeres; los nacionalistas criminalizan a los inmigrantes por los delitos.