Los 102 cantantes de un coro que se infectaron de coronavirus

EL 8 de marzo realizaron su último concierto y al día siguiente la gran mayoría de los 130 intérpretes estaban enfermos

El mundo de la música está consternado ante el mayor caso de contagio registrado en un gran concierto. El pasado 8 de marzo, el Coro Mixto de Amsterdam se preparaba para realizar un concierto en el mítico Concertgebouw de la capital holandesa, considerado uno de los tres mejores auditorios de todo el mundo debido a su increíble acústica. Estábamos a punto de empezar un confinamiento global a causa del coronavirus, pero todavía no se habían tomado medidas y se permitían las actividades culturales en grandes recintos. Así que al atardecer, el coro daba comienzo a su interpretación de “La pasión según San Juan”; de Bach ante el deleite de un público que todavía no sabía que tardaría mucho en volver a ver algo así.

El concierto se realizó sin ningún incidente, sólo con un rabioso aplauso al acabar una interpretación solemne y emotiva. Sin embargo, en los días siguientes, los diferentes miembros del coro empezaron a sentirse indispuestos. En a penas una semana, 102 de los 130 cantantes de la formación daban positivo en coronavirus. Y el problema no se limitó a esta anécdota, sino que uno de los cantantes de 78 años fallecía, muchos más tenían que ser ingresados en la UCI y tres de las parejas de sus miembros también fallecían por la terrible enfermedad.

La comunidad científica quedó asombrada por la capacidad de contagio del virus en un escenario cerrado a través de la voz de los cantantes. El director de orquesta, Paul Valk, también tuvo síntomas severos de la enfermedad, aunque todavía no se sabe hasta qué punto el contagio se inició aquel día y hasta qué punto pudo afectar también al público. ¿Sería la gran acústica del Concertgebouw la responsable de esta mayor facilidad de contagio?

¿Podremos volver a escuchar a un coro? Todavía es pronto para certificar hasta dónde la voz de los cantantes expulsan gotas con carga vírica, pero parece claro que se necesita un estudio claro. No es el único coro al que le ha pasado algo así. El Skagit Valley Chorale, formación de la costa oeste americana, cerca de Seattle, reportaban que 45 de sus miembros habían dado positivo después de un ensayo a mediados de marzo. Lo mismo ocurrió con el Berlín Cathedral Choir, con 50 contagios, o las Voices of Yorkshire de Inglaterra.

Existen estudios que certifican que un cantante infectado con coronavirus sí pueden proyectar a mayor distancia partículas víricas. ¿Alguien se imagina la ópera con los cantantes con mascarilla en un futuro? La situación es escalofriante. Porque los cantantes de un coro, ya sea el Orfeó Català o el Orfeón Donostierra, no son los únicos que cantan, también lo hacen los que asisten a conciertos, los que celebran goles en un partido de fútbol o, incluso, los que desean feliz cumpleaños a un niño en una fiesta infantil.

El profesor Christian Kähler de la Universidad Militar de Munich, ha querido contrastar este supuesto peligro de cantar y ha realizado un experimento para averiguar hasta qué punto los cantantes expulsan en el aire partículas infectadas. En sus estudios, determinó que la flauta, el oboe y el clarinete sí parecían tener mayor capacidad de expansión, mientras que los grandes instrumentos de viento como el trombón no. “Los cantantes, sin embargo, sólo expulsaban partículas medio metro”, concluía.

Así que la proximidad de los miembros de los coros fue la causa del contagio en Amsterdam, pero eso establece otra problemática. Cómo habilitar los escenarios de los auditorios para que los cantantes de un coro respeten la distancia de seguridad y la sonoridad del conjunto no se vea afectada o incluso sea posible. “Los cantantes se abrazarían al acabar, se felicitarían por el concierto, y acabarían por infectarse unos a otros”, concluyó Kähler.

¿Podremos volver a disfrutar de “La pasión según San Juan” de Bach? ¿Tendrá que ser siempre al aire libre a partir de ahora? Esperemos que con la vacuna generemos la suficiente inmunidad para no tener que pensar quién tenemos al lado.