Coronavirus

Música y tortura, una historia de poder y sometimiento

Del “Welcome to the jungle” de Guns n’Roses a “My love”, de la boyband Westlife, las canciones a todo volumen han sido recurrentes para doblegar la voluntad de prisioneros

El guitarrista del grupo de música estadounidense Metallica, James Hetfield, cuya canción "Enter Sandman" fue utilizada por la C.I.A. para torturar prisioneros
El guitarrista del grupo de música estadounidense Metallica, James Hetfield, cuya canción "Enter Sandman" fue utilizada por la C.I.A. para torturar prisioneros

El día de Navidad de 1989, tropas estadounidenses entraban en Panamá con orden de búsqueda y captura del general Manuel Antonio Noriega, acusado de tráfico de drogas y haber manipulado las elecciones presidenciales panameñas. El único refugio que encontró el general fue la embajada de El Vaticano, de donde se negó a salir. EL ejército estadounidense entonces empezó a usar una vieja estrategia de persuasión que siempre les había dado muy buenos resultados. Acercaron a las paredes de la embajada un camión habilitado con grandes altavoces y empezaron a poner a todo volumen una playlist muy particular, que tenía como objetivo romper la moral de Noriega. Entre las canciones que no dejaron de sonar estaban: “I Fought The Law”, de The Clash, punk inglés reivindicativo; “Panama”, de Van Halen, heavy metal efervescente; “All I Want Is You”, de U2; “If I Had A Rocket Launcher”., del cantautor canadiense Bruce Cockburn y “Voodoo child”, de Jimi Hendrix. También se añadieron fragmentos del programa radiofónico de Howard Stern.

El 3 de enero, Noriega, un amante de la ópera, se rendía después de tres largos días de asedio que también incluyeron canciones de Guns n’Roses como “Welcome to the jungle” y otras de The Doors. La lista completa de las canciones está clasificada bajo secreto de sumario en los archivos de la Universidad George Washington.

La música ha sido un fuerte instrumento de tortura y persuasión a lo largo de la historia y las canciones utilizadas por la C.I.A para conseguir doblegar la voluntad de prisioneros está bien documentada. Uno de los casos más flagrantes fue el de Suleiman Abdullah en Afganistán acusado de terrorismo. La C.I.A le expuso constantemente, durante un mes. a la canción “My love”, de la boy band irlandesa Westlife. La táctica, unida a la privación de sueño, causó estragos en la psique del sospechoso, un pescador de origen tanzano, que en 2008 fue liberado al creer que: “ya no se le consideraba un peligro para los Estados Unidos”.

Después de los ataques del 11-S, el “New Yorker” publicó una pieza de cómo Mohammed al-Qahtani, uno de los detenidos por los atentados, era privado de sueño bajo las canciones “Genie in a bottle” y “Dirrty”, de Christina Aguilera, la gran diva del pop adolescente, junto a Britney Spears, de finales de los 90 y principios del 2000. Al parecer, sus canciones y su persona representaban valores ofensivos para los detenidos musulmanes.

Todas las historias guardan un sesgo similar. Según el ex prisionero de Guantánamo Ruhal Ahmed: “A finales de 2003 comenzaron a utilizar música y todo empeoró. Te hace sentir como si estuvieras perdiendo el juicio. Se pierde el hilo de la realidad, y aterroriza pensar que podrías volverte loco a causa de la música",. Entre la lista de canciones que solía escuchar estaba desde el “Enter sandman”, de Metallica a la banda sonora de “Barrio Sésamo”.

Otro de los testimonios de estas torturas fue Benyam Mohammed, detenido en la cárcel de Kabul, quien aseguró haber escuchado durante 20 días seguidos el tema “The real Slim Shady”, de Eminem, además de otros temas de hip hop de su amigo y productor Dr. Dre. “Algunos prisioneros simplemente se daban golpes en la pared con la cabeza”; declaró.

En la prisión de Abu Ghraib, Haj Ali aseguró que le obligaron a escuchar en “loop” la canción “Babylon”, del cantautor irlandés David Grey. El músico, alsaberlo, aseguró después que: “Es increíble que más músicos no se quejen de estas prácticas, al menos con sus canciones. Me encantaría poder firmar una petición para que no se usase mi música, pero también me parece que el problema no es qué música se escuche, sino que se realicen estas prácticas”.

Aunque estas torturas no sólo se subscriben a la C.I.A. El ejército inglés utilizaba tácticas similares a principios de los 70 con los detenidos sospechosos de pertenecer al I.R.A. En los años 50, los soviéticos utilizaban prácticas similares para lavar el cerebro. El escritor Anthony Burguess cogió este ejemplo para la novela “La naranja mecánica”. Alex, su protagonista, le hacen escuchar en bucle fragmentos de la novena sinfonía de Beethoven para erradicar su gusto por la violencia. El ejército griego también realizaba interrogatorios con música de 1967 a 1974 e Israel tuvo que prohibir por ley la tortura con música en 1998.

La música parecía mirar al otro lado, como si no quisiese ser testigo de la crueldad que significaba utilizar canciones populares para vejar y torturar a seres humanos. Hasta que en 2009, una serie de músicos cuyas canciones habían aparecido en los medios como ejemplos en estas prácticas de tortura firmaron una iniciativa bautizada Zero dB para erradicar su uso. Entre ellos estaba Christopher Cerf, responsable de la música de “Barrio Sésamo”, harto de que unieran su melodía infantil con tortura. El manifiesto también lo firmaron, entre otros, Tom Morello, de Rage Against the Machine, Massive Attack, R.E.M., The Roots, Pearl Jam, Trent Reznor, Jackson Browne,David Byrne, Disturbed, cuya canción “Fuck your God” también era una de las más utilizadas, Skinny Puppy y System of a Down.