Charles Dickens: ¿El escritor más hortera de la historia?

El museo del escritor en Londres se prepara para reabrir con una serie de fotografías coloreadas para “recuperar su personalidad perdida en el blanco y negro” y mostrar su obsesión por la moda

Charles Dickens tenía muy claro sus prioridades. “Cualquier hombre tener un buen espíritu y un mejor temperamente cuando está bien vestido”. No hay escritor del siglo XIX que tuviese mejor espíritu y temperamento que el autor de “Cuento de Navidad”. ¿Por qué? Simple, porque siempre iba bien vestido.

El Museo Charles Dickens de Londres, situado en su antigua residencia, se prepara reabrir después de meses de confinamiento y lo hará con una nueva exposición que quiere conseguir lo que parece imposible, devolver todo el color y viveza a las viejas fotos que se han conservado del maestro que escribió “Historia de dos ciudades” o “Nuestro común amigo”.

El museo ya cuenta con un único traje que Dickens llevó en su época, como una elegante chaqueta azul que llevó al St James Palace el 6 de abril de 1870 para una fiesta organizada por Eduardo, el príncipe de Gales. No se ha conservado nada más, pero se sabe que el escritor era un gran aficionado a la moda de su tiempo y le gustaba ir siempre muy bien vestido.

Sus cartas hacen constantes referencias a su preocupación por la moda. Por ejemplo, se conserva una misiva de 1859 en que se puede leer como le pide a su mayordomo que recoja su “chaqueta de mañanas roja y azul” que envió al sastre para que le diera un toque más personal. En 1861, leemos como Dickens pide a Georgina Hogarth, su cuñada y asistente, que le traiga su “casaca roja, la que no tiene terciopelo en el cuello, y los pantalones negros”.

Sus referencias son constantes. “Saca todos los pantalones de verano. Están todos en una estantería, Y también tráete los chalecos, que guardo en la estantería de arriba. Y no te olvides del vestidor el abrigo de verano marrón. SI encuentras un chaleco que le haga juego, cógelo también”, escribe en 1865 a Thompson, uno de sus sirvientes, al que también pide sus botas negras de seda.

Un total de cinco sastres recibían encargos del escritor. También tenía un zapatero que le hacía sus botas, otro que le hacía los calcetines, un tercero que se dedicaba a diseñarle sus guantes, y un último que realizaba sus impermeables. “Esta mañana he ido a tres tiendas para buscar algo que ponerme”, escribía en 1853. Le encantaba ir de tiendas, no hubiese soportado este confinamiento. Incluso era uno de sus pasatiempos sociales favoritos. Le encantaba, por ejemplo, ir de compras con su amigo el conde de Orsay, otro dandy legendario.

El estilo extravagante de D’Orsay influyó mucho en Dickens, a quien regalaba constantemente bastones y bufandas. Incluso le pidió al conde que le consiguiera uno de sus chalecos; “Es precioso y remarcable, con rayas anchas azules y violetas, adecuado para todas las circunstancias”, le escribe.

Lo primero que hizo cuando entró a trabajar en el diario “Morning Chronical” en 1934 y recibió su primer sueldo fue renovar su vestuario: “Al poco tiempo vi una gran diferencia en DIckens, en su apariencia. Se había comprado un sombrero nuevo y llevaba una elegante capa azul, que se retiró a un lado a lo español”, escribe John Payne Collier, el famoso crítico.

A partir de los años 30 todos le describen como un “dandy” obsesionado con extravagantes joyas. A veces iba tan barroco y recargado que su apariencia despertaba cierto rechazo. “Me quedé estupefacta al verle. Me gustó, salvo lo intolerable y exagerado de su dandismo, que es como él mismo se describe con humor. Esperemos que se le pase, como la juventud”, asegura una joven mujer que le conoce en 1834,

Dickens es el primer instagramer de la historia. Hace que su sastre esté presente cuando le pintan retratos para que le corrija la chaqueta porque sabe que esa pintura, “pasará a la posteridad”. Su idea es que ir bien vestido te diferencia de la multitud y te hace resaltar. Dickens era fácil de ver en las calles abarrotadas del Londres de mediados del siglo XIX. Y su éxito como escritor sólo hizo que pudiese cumplir con todos sus caprichos.

En “The uncommercial traveller”, sus artículos donde describe lo que ve durante sus paseos por el Londres de 1860-61 indicen todavía más en el gris que representan los londinenses y la necesidad de las gotas de color que ponen en las calles los dandys y extravagantes como él. Como si fuera la mismísima María Antonieta declara que “La pobreza de Londres viene, en parte, por la ausencia de un vestuario distintivo”. A él lo insulta, lo llaman “afectado”, que sólo busca “el flash”. Lo que está claro es que, te gustara o no, Dickens siempre causaba impresión.

El Museo Charles Dickens quiere ahora recuperar a ese Dickens de ropa chillona, a esa alegre fuerza de la naturaleza que despuntaba en las calles de Londres y no dejaba indiferente a nadie. Para ello, en el 150 aniversario de su muerte, ha reunido y modificado una serie de fotografías del creador de “Oliver Twist”. En total serán ocho instantáneas en blanco y negro coloreadas por el fotógrafo Oliver Clyde. La idea es que el público recupera la auténtica personalidad del escritor a partir de su imagen. El blanco y negro hace que parezca serie, contenido, hasta estirado, cuando era todo lo contrario, una auténtica fuerza de la naturaleza llena de pasión y sentido del humor. Si hasta tenía un moreno saludable para la época, de lo mucho que le gustaba pasear al aire libre.

El museo está situado en el 48 de la calle Doughty Street y es la residencia donde el mítico autor escribió libros como “Oliver Twist” o “David Copperfield”. La exposición se titulará “Technicolour Dickens: The living images of Charles Dickens” y cómo se ha representado al escritor a lo largo de la historia. El museo, ahora cerrado, es totalmente privado y sólo se mantiene por el crowdfundind, así que su situación actual es muy delicada. Sin embargo, es una visita obligadísima para todos aquellos que puedan volver a Londres.