Sarah Gamp, la horrible enfermera que cambió la profesión para siempre

El personaje creado por Charles Dickens en “Martin Chuzzlewit” era tan desagradable que inició un cambio en las pautas a seguir en la profesión, mucho antes que Florence Nightingale

La legendaria Sarah Gamp en una ilustración de J. Clayton Clark
La legendaria Sarah Gamp en una ilustración de J. Clayton ClarkLa RazónArchivo

Si existe un personaje que genere tanto odio y repulsión dentro de la extensa bibliografía de Charles Dickens como el mismísimo Scroodge ese es el de Sarah Gamp, la enfermera borracha y oportunista que escandalizó a la pulcra sociedad victoriana en la novela “Martin Chuzzlewit”. Sólo hay una diferencia, Scroodge no volvió a todos los viejos tacaños y codiciosos en buenas personas, pero Gamp sí que ayudó, diez años antes que Florence Nightingale, a marcar cómo debían ser las buenas prácticas de la profesión.

Martin Chuzzlewit” se publicó por entregas entre 1843 y 1844. Para Dickens era uno de sus mejores trabajos, sin embargo no tuvo el éxito de muchos otros de sus libros. Bajo el lema del egoísmo, nos sumergía dentro de una familia llena de personajes oscuros y desoladores, liderados por el amargado patriarca del clan y la sombra de su herencia. El personaje central, Martin, que comparte nombre con su abuelo, tendrá que buscar fortuna lejos de los Chuzzlewits al enamorarse de la cuidadora de su abuelo y emigrará a Estados Unidos. La imagen que retrató Dickens de los norteamericanos era tan irónica y poco halagadora que el libro se publicó en Estados Unidos con una advertencia.

Y en este contexto destacó un personaje, el de Sarah Gamp, tan cómicamente malvado que quedó impreso en la imaginación del público. Borracha, hipócrita, falsa, era capaz de sacar la almohada del enfermo para colocarla en el respaldo de su asiento y echar una cabezadita. Sobre todo, se dedicaba a ser matrona y a cuidar enfermos de noche para ganarse un sobre sueldo. ¿Qué sabía de cuidar a un enfermo? Poco o nada, y no por ignorancia, sino por pura despreocupación.

Aunque muchos aseguraban que sólo era una caricatura de las enfermeras de la época, lo cierto es que representaba muy bien una parte de la profesión, sobre todo en unos años donde todavía los hospitales no estaban masificados y la mayoría prefería cuidar a sus enfermos en casa. En estos casos es cuando se llamaba a una de estas enfermeras que hacían de cuidadoras especializadas. Muchas de estas mujeres dejaban mucho que desear, pero al no estar bajo el registro de un hospital, actuaban con total libertad. Hasta el propio Dickens criticó en el prefacio de la novela en 1849 esta situación. “Es una vergüenza que los hospitales, con sus posibilidades y presupuesto, hayan dejado, en manos privadas, la mejora del cuidado de los enfermos a través de las enfermeras".

Así describe Dickens al personaje en su primera aparición, en el capítulo 26, que se publicó en octubre de 1843. “Era una mujer vieja y gorda, esta señorita Gamp, con una voz fornida y ojos húmedos, con un asombroso poder para levantar sus pupilas y sólo mostrar lo blanco. Con un cuello muy pequeño, le costaba mirar más allá de sí misma, si se puede decir así, con aquellos con quienes hablaba. Llevaba siempre un vestido de color negro oxidado, la peor decisión para su trabajo, y un chal y boina a juego”. Y añade: “La cara de mrs. Gamp, en particular su nariz, era de alguna manera roja y desbordada , y era difícil disfrutar de su presencia sin ser consciente del olor a alcohol. Como la mayoría de personas que han conseguido llegar a ser eminencias en su trabajo, ella se tomaba su trabajo con benevolencia, tanto que, a parte de sus preferencias como mujer, podía estar tanto estirada como tirada en el suelo con igual entusiasmo y deleite”.

El personaje estaba basado en una enfermera real que conoció una buena amiga de Dickens, Angela Gerogina Burdett-Coutts, un personaje digno de novela ella misma a la que el rey Eduardo VII llegó a decir que era: “la mujer más remarcable de Inglaterra después de mi madre”. Mujer de gran cultura y conocida por ser la heredera más rica del imperio, Burdett-Couts fue una especie de BIll Gates de la época y financió todo tipo de causas sociales. Al final de su vida, con 63 años, se casó con un americano de 29 años, a lo Duquesa de Alba, escandalizando a la opinión pública, que hasta entonces la adoraba.

En la novela, Gamp aparece junto a otra enfermera, esta trabajadora de día en un hospital, pero casi igual de miserable e incompetente, Betsy Preg. Este personaje refleja bien su época porque trabajaba incontables horas por un suelo que prácticamente la esclavizaba, lo que la obligaba a hacer cosas de las que no se enorgullecía para sobrevivir. Lo cierto es que la imagen de Gamp se hizo tan popular que, como el personaje siempre llevaba un característico paraguas negro, se empezó a llamar este tipo de paraguas Gamp.

En 1854, con la aparición de Florence Nightingale, las enfermeras pusieron las bases ontológicas de una profesión que poco a poco ganaría el respeto que no habían tenido nunca. Pero fue Dickens y su señorita Gamp los que ridiculizaron el lado perverso de la profesión los que posibilitaron que se pusiesen las bases para conseguir la respetabilidad de la profesión. A veces, sólo necesitas un mal ejemplo, como en las fábulas, para hacer reaccionar a la sociedad. No deja de ser curioso que la más célebre de los descendientes del escritor de “Oliver Twist”, Monica Dickens, se convirtiera en escritora y, sí, enfermera.

La primera aparición de Gamp en el dibujo que acompañaba a la primera edición de la novela de Dickens
La primera aparición de Gamp en el dibujo que acompañaba a la primera edición de la novela de DickensLa RazónArchivo