Ocupan la casa de una enfermera en pleno confinamiento: “Me dijeron que les iba muy bien”

La matrona, Pilar Darmián, sospecha que es víctima de una mafia y lamenta la falta de apoyo administrativo

El fenómeno de la ocupación suele contar con la complicidad de buena parte del espectro político y de la sociedad. Al fin y al cabo, la mayoría se imagina familias vulnerables, pisos abandonados o propiedad de fondos buitres y especuladores. Nada más lejos de la realidad: “Solo necesitan 15 minutos para cambiar la cerradura o simplemente el bombín de la cerradura, y en estos momentos legalmente será su casa”.

“Tengo 62 años, trabajo en un centro de salud de Reus y entraron en mi casa de Vic, mi única propiedad y en la que estoy empadronada. Solo hacía tres meses que la puse en venta al conseguir la plaza oficial en Reus”. Es decir, en pleno confinamiento. Así comienza una carta al director remitida esta misma semana por Pilar Darmián a El Periódico en la que relata la situación que ha vivido estos meses y la indefensión que ha sentido. A mediados de marzo, cuando el coronavirus colapsaba el sistema sanitario catalán, Pilar se trasladó a Reus para trabajar en un centro de salud como matrona. La pandemia le daba una oportunidad laboral. Así que decidió dejar su casa familiar de Vic, entre las dos poblaciones hay una distancia de 170 km, cambiar de localidad y ponerla a la venta. Dos meses más tarde, el 22 de mayo, llamó a la inmobiliaria para preguntar sobre la venta descubrió la cruda realidad de la ocupación: “Me dijeron que no podían entrar, que alguien había cambiado la cerradura”.

El mundo de Pilar se hundió. No tanto por la ocupación de la vivienda como del desamparo que ha sentido después. “Un día te acuestas pensando que vives en Europa y te despiertas en Gotham City”, resume. Pilar explica que la vía legal tardará entre uno y dos años, pero el “desalojo exprés” tampoco le sirve de mucho. Son tres o cuatro meses sin el coronavirus y sin mafias de por medio, como Pilar sospecha. “Cuando saben que llega el día del desalojo venden la llave por una cantidad que va de los quinientos a los dos mil euros a otro okupa y comienza el proceso de nuevo. Las mafias ya no buscan casas abandonadas, buscan casas en condiciones con electrodomésticos y comodidades. Pagarán lo mismo”.

PIlar, en cualquier caso, intentó hacerlo por las buenas y acogerse a una mediación. El estereotipo de familia vulnerable, sin embargo, saltó por los aires. “Mis okupas tuvieron las narices de decir que está casa les iba muy bien, que ellos no tenían problemas de dinero pero que querían una casa. ‘Los vulnerables’ que han ocupado mi casa tienen coche y a la semana contrataron fibra óptica”. Y remacha: “No quiero perder la esperanza porque esta es la única casa que tengo, la única oportunidad de tener casa para mi jubilación”.