Escritores espiados por el FBI (II): Ernest Hemingway

El autor de "Por quién doblan las campanas" hizo de espía en Cuba informando sobre la presencia de Falange en 1942

Ernest Hemingway en su finca en Cuba donde hizo de informador para Estados Unidos
Ernest Hemingway en su finca en Cuba donde hizo de informador para Estados Unidos

Entre los expedientes confidenciales del FBI, el de Ernest Hemingway merece una mención especial. El autor de “El viejo y el mar” o “Fiesta” fue objeto de interés por su interés por viajar a terrenos políticamente peligrosos, como la España republicana y la franquista o la Cuba de Fidel Castro. Sin embargo, los documentos desclasificados por esta agencia también nos exponen que Hemingway fue informador para el gobierno estadounidense. Una mención aparte son las notas sobre la salud mental del Premio Nobel durante los últimos años de su vida.

El documento más antiguo sobre el escritor está fechado en La Habana el 8 de octubre de 1942. Se trata de una carta en la que se informa de las amistades que Hemingway tenía con miembros de la embajada estadounidense en La Habana. “El señor Hemingway ha estado en agradables términos con el Cónsul Kenneth Potter desde el verano de 1941; recientemente se ha vuelto muy amigo con el señor Robert P. Joyce, segundo secretario de la Embajada, y a través del señor Joyce ha conocido al Embajador en varias ocasiones. Es observación del escritor que la iniciativa de desarrollar esta amistad ha venido de Hemingway, pero la oportunidad de asociación con él ha sido bienvenida por los oficiales de la Embajada”. El documento nos muestra cómo los responsables de la Embajada discutieron sobre el uso de Hemingway en “actividades de inteligencia”. En este sentido se apuntó lo útil que fue la experiencia del escritor “durante la Guerra Civil española, su íntima relación con los refugiados republicanos españoles en Cuba, así como su larga experiencia en la isla, parecía colocarlos en una posición de gran utilidad para el programa de inteligencia de la Embajada”. Como curiosidad, el documento añade que pese a lo valioso que puede resultar Hemingway para la embajada, no se había podido contar al cien por cien con él porque había estado ocupado escribiendo”.

En el memorándum no faltaban las advertencias sobre el autor de “París era una fiesta” porque había firmado en 1940 una declaración criticando al FBI por arrestar a simpatizantes de la República Española. A ello se le sumaba que en un acto había sido introducido por un amigo como “miembro de la Gestapo”, una afirmación que era radicalmente falsa. A partir de septiembre de 1942 empezó a trabajar como informador, según el mismo documento, para la embajada de Estados Unidos en Cuba. En esos días, Hemingway incluso había rechazado escribir un guion para Hollywood por 150.000 dólares porque “considera el trabajo en el que está comprometido de gran importancia”. Asimismo se reconocía que además de la posible presencia de miembros de Falange en la isla, el narrador también había documentado actividades sospechosas alemanas en suelo cubano.

Otro memorándum, en esta ocasión fechado el 17 de diciembre de 1942, nos indica que Hemingway había proporcionado “información valiosa” sobre las actividades de falangistas en Cuba. Para poder hacerlo incluso había organizado “un grupo de operadores cuyas identidades no son conocidas y que participan en trabajos de investigación”. Sin embargo, sí hay finalmente mención a uno de los integrantes del equipo creado por el escritor. Se trata de Gustavo Durán, una aventurera figura de la Generación del 27, músico, militar y escritor y que fue íntimo amigo de Hemingway durante la Guerra Civil. Durán aparece citado en “Por quién doblan las campanas”. Jaime Gil de Biedma sospechaba que había habido algo entre los dos amigos después de hablar con Gustavo Durán.

Siguiendo la línea española, al FBI le preocupó mucho que el escritor tuviera tan buenas relaciones con los exiliados. En otro documento, en este caso del 27 de abril de 1943, se dejaba fijado que “el señor Hemingway, se notará, ha estado conectado con varias llamadas organizaciones comunistas y ha estado activo apoyando la causa leal en España”. Pese a que no se había logrado ningún dato firme que demostrara que fuera miembro del Partido Comunista, el FBI subrayaba que “sus actividades han indicado que sus posicionamientos son liberales y que estaría positivamente inclinado hacia la filosofía política comunista”.

El FBI también se preocupó de saber de los problemas de salud del autor al final de su vida, especialmente las depresiones que acabaría provocando su suicidio. En una nota manuscrita en uno de estos documentos, el director del FBI J. Edgar Hoover, quien despreciaba al autor, anotó que “conociendo a Hemingway como lo conozco, dudo que tuviera inclinaciones comunistas”. Para Hoover era un tipo “rudo”.